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El potaje resbalizo

En estas islas surrealistas, el potaje resbalizo (el segundo palabro está contemplado en el Tesoro Lexicográfico del Español de Canarias) es aquel que se le ofrece al pretendiente que es invitado a la casa de ella, antes de prometerse. Contiene propiedades mágicas porque desde que engulles la primera cucharada ya no te puedes desligar de la aspirante, por mucho que lo intentes. Es una especie de imán utilizado por las mujeres (sobre todo por las futuras y pérfidas suegras) para que el invitado se quede con la joven, si es posible para toda la vida. Se utiliza sobre todo en la isla de La Palma, cuna de santeros y zahoríes de toda índole, de viejas que cocinan pócimas absorbentes y de costumbres cubanas y masonas, que vienen a ser casi las mismas. Yo no tengo constancia de que a mí me hayan dado a probar el potaje resbalizo, porque no he frecuentado a las palmeras que subieron a la palma, chupay, chupay. Pero sé de amigos que han caído en las inevitables redes del potaje y que no consiguieron salir de ellas y ya tienen mi edad. Y han sido, por lo general, felices, no vayan a creer ustedes lo contrario. El surrealismo anidó en Canarias desde tiempo inmemorial y también la santería y la brujería y las curanderas y los rezos y esas cosas. Mi perra se puso muy malita hace unas semanas y acudí telefónicamente a una señora de Icod, que reza, le hizo unas jaculatorias y Mini salió del trance como una campeona. Yo no creo en Dios ni en sus curas, pero sí creo en los rezos de una sociedad primitiva, tremendamente eficaces cuando se saben hacer. El potaje resbalizo forma parte de esa especie de conjuro canario compuesto por viejas santeras y curanderos a diez euros la sesión única, que te dejan la espalda como una puncha.

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