¿Cuál es la verdad? Si Pilatos preguntara, diría que la verdad la tiene cada bandera, al margen de la opinión de los epidemiólogos Oriol Mitjá o Basilio Valladares, presentes en el conflicto, del jurista Fernando Ríos Rull, del autonomista, Tomás J. López, etc., en defensa de Fernando Clavijo, frente al ocultamiento, manipulación y ridiculización. Lo digo porque, antes de publicar este artículo, la opinión de los diez consultados fue similar, quejándose alguno de no darle a Clavijo el realce que se merecía. Otros echaban en falta el desgaste de la solidaridad de los canarios con los menores migrantes, frente a la hipocresía de un Estado que mira a otro lado, excepto cuando son cruceristas de lujo, ninguneando a Clavijo y mandando hasta tres ministros a Canarias.
La actualidad canaria estalla en mis manos con la misma virulencia que el hantavirus en el puerto de Granadilla. Mientras mi psiconovela transita por algoritmos, espías y sombras del pasado, la realidad me golpea con el crucero MV Hondius. Aquí, la Canariedad es trinchera de rabiosa actualidad. A mis casi ochenta y cinco años, después de las cicatrices del franquismo, la marginación y los silencios punzantes tras publicar Natura y Cultura, me siento agotado. Más con todo lo sucedido con GEVIC, la Gran Enciclopedia Virtual de las Islas Canarias, tras dieciocho años de promesas incumplidas, que se ha adquirido finalmente en este 2026 bajo condiciones deplorables, sin yo intervenir en la gestión ni todavía percibir un euro.
Camino hacia el Sur, Raudel suelta la carga sin anestesia:
-Pedro, hay algo que me saca de quicio -mientras aprieta el volante-. Sé que eres objetivo como pocos… Analizas los “vectores”, hablas de la psicología del pueblo… pero nunca te he escuchado ni la mínima crítica a Pedro Sánchez, un auténtico dictador. Lo de Fernando Clavijo, lo dejamos aparte, porque no lo resaltas suficientemente.
Me quedo mudo, mirando el paisaje de malpaís que desfila por la ventanilla como un borrón de lava y ceniza. Sus palabras me escuecen porque remueven mi propia tortura.
-No es falta de cuajos, Raudel -le respondo- Tampoco, de medias tintas. Defiendo el principio de funcionalidad, actuando según las razones de cada momento. Es el mismo pragmatismo doloroso que practicó Francisca de Gazmira: para los suyos era una colaboracionista y para los castellanos, una sospechosa, pero ella no buscaba quedar bien. Solo ser útil para salvar a su gente de la esclavitud. Esa funcionalidad es mucho más complicada que comprar un carné de partido y olvidarse de pensar para siempre.
Para tranquilizarlo, le digo: «¿Por qué, con la IA, no hacemos sobre la crisis del Hantavirus, el mismo análisis cruzado de contenidos como el que Ofelia, la espía de la CÍA, pretende hacer sobre Francisca de Gazmira, con los PDF que subimos a su Drive?».
Nuestro pálpito nos dice que la espía está menos interesada por Gazmira que por encontrar el Catecismo Guanche-Castellano. ¿Te imaginas? Sería una bomba de relojería, porque despertará la identidad de este pueblo.
-Esto le va a interesar a la CIA -comenta Raudel en tono irónico al revisar nuestros datos sobre el gofio-. Nuestra ración de combate y supervivencia.
Así, al final, sobre la crisis de Hantavirus, consultamos la IA en la Tablet y obtenemos cuatro vectores de poder que caen sobre la mochila de Clavijo (ver figura 1).
-Lo que vemos en las redes con el hantavirus no es un debate de salud; es una guerra de banderas -señala Raudel- Por un lado, tienes a los que defienden a Pedro Sánchez, viendo con pavor cómo crujen las vigas del progresismo. Varios son de NC, de la antigua ICAN, especialmente, enemigos de Clavijo, menor número, del propio PSOE, con un miedo atroz a que todo se hunda con los hachazos ultraconservadores que recorren el mundo. Y, por otro lado, solo ante el peligro, Fernando Clavijo, con el silencio de muchos: (¿El silencio de los corderos?) quien ha pasado del Domingo de Ramos a la crucifixión mediática en apenas cuarenta y ocho horas, aunque ahora disfruta de la Resurrección.
La figura 2 presenta un Eje Cronológico de 72 Horas sobre el drama de Clavijo: del Domingo de Ramos al Giro de los Datos, donde la mochila, de ser un lastre, pasa a un escudo de gestión rigurosa.
Raudel tiene razón en el diagnóstico del caos. El choque es brutal: las fuerzas estatalistas buscan estabilidad y dominio desde Madrid contra la realidad de un pueblo asfixiado por la marginación, la superpoblación, la falta de vivienda, teniendo que acoger a miles de menores migrantes sin una pizca de solidaridad real del resto del mundo.
-A mí, lo que más me indigna -digo con inseguridad- como están ridiculizando al presidente de mi Tierra, con la caricatura de las ratas, por pedir transparencia para nuestra gente, usando la metáfora que utilizó Oriol Mitjá para hundirlo políticamente. Es una gestión emocional del desprecio.
-Es encomiable que defiendas al Presidente canario por su impecable actuación, pero pienso que lo realzas poco, poniéndolo en el mismo nivel que Sánchez. Aunque entiendo lo duro que es para ti, habiendo comprobado que Clavijo no te ha mostrado el ‘fair play’, que mereces, especialmente respecto a GEVIC. Si bien, como dice Nacho Abad, lo que el gobierno central hace con Canarias, jamás se lo haría a Cataluña o al País Vasco.
-Ahora no es cuestión de meter aquí mis problemas. Lo que planteo, respecto a Nacho Abad, ¿por qué tratan así a Canaris? Porque los ciudadanos de Cataluña ni del País Vasco, ridiculizarían así a su presidente públicamente. ¿Ves mi razón funcional? Estoy con Clavijo, porque estoy con la dignidad de mi pueblo y con las demandas de las camareras, sanitarios y trabajadores de nuestro puerto, que lo exigían.
Creo que este sería el modelo de Gazmira que se plantaba ante los poderosos de la época, sin importar si su verdad gustaba en la Corte o en el Tagoror.
En un mundo de consignas vacías, prefiero asumir la soledad de Gazmira: esa mujer que sabe que la verdad no tiene bando, sino una utilidad sagrada para los más débiles y sufren.



