el chasnero

Florentino

La sentencia del célebre caso Bosman por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en los años 90, constituyó toda una revolución en el mundo del fútbol por cuanto se inició la aplicación del principio de libre circulación de jugadores en el ámbito de la Comunidad. El mercado del fútbol español se chifló, y, atrayendo los fichajes de los mejores jugadores europeos, se inició la disputa de la llamada “Liga de las Estrellas”.

Los futbolistas eran aclamados como auténticas deidades y los presidentes adoptaron modales pontificios. Los estadios se llenaron de estrellas y los despachos de eminencias y beatísimos.

Durante estas últimas fechas, he recordado a los presidentes de las sociedades balompédicas de finales del siglo XX y sus frecuentes, intempestivos y calenturientos alegatos.

En una rueda de Prensa, Jesús Gil y Gil, presidente del Atlético de Madrid, con el que llegué a construir una amistosa relación, se refirió a los medios de comunicación, como “terroristas, sensacionalistas y amarillistas”.

Hace poco, el pasado 6 de Marzo, se cumplieron 30 años de la célebre reyerta de Jesús Gil con José María Caneda. El presidente del Compostela había llamado “tontos” a sus votantes de Marbella. A resultas, en la fachada de la LFP, Gil le dirigió una trompada que finalmente -por metiche y adulón- alcanzó el mentón de su gerente Fidalgo.

En 1991, José María Ruiz Mateos, compró el Rayo Vallecano y cedió la presidencia del club a su esposa Teresa Rivera, que se dormía en los palcos de los estadios durante los partidos de su equipo. Ruiz- Mateos venía de estampar un exótico coscorrón al ministro Boyer tras la expropiación de Rumasa: “¡Que te pego, leche!”

En las vísperas del primer “juicio liguero” (1992), el presidente del Barça, José Luis Núñez, quiso meter presión a nuestro equipo: “A ver si los madridistas del Tenerife”, en referencia a Valdano, Llorente y Agustín, “ponen el mismo empeño que desplegaron para ganarnos a nosotros”. Pregunté al portero Agustín, un día después para TVE, y me contestó textualmente: “Al enano de las Ramblas que le den por el culo”.

El presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, era uno de los divos más altivos de aquella galaxia. En las vísperas del segundo “juicio liguero” (1993), lo perseguí por todos los rincones del Hotel Semiramis (Puerto de la Cruz), donde se alojaban sus jugadores, y le pedí 500 veces una entrevista para TVE. Agotado, me dio su conformidad con una condición absolutamente engorrosa. “Hablamos de lo que quieras, chaval, excepto de fútbol”, me advirtió. Acepté, y, osado, le contraoferté: “Hablemos de sexo, Don Ramón”. “Estupendo”, me dijo. Y, como primera pregunte, le solté “¿cree que el Tenerife volverá a hacer el amor mañana al Real Madrid?”. Afortunadamente, Mendoza lanzó una carcajada monumental. Si se hubiera cabreado, habría usado su poder para echarme de TVE.

Para estar a la altura de las circunstancias, también Javier Pérez se tiró al monte, y, en cierta ocasión, fue portada de Marca: “Los árbitros”, dijo nuestro inolvidable presidente, “son unos comemierdas.” Esa semana, nuestro Tenerife ganó 4-0 al Barça y el árbitro Carmona Méndez pitó dos penaltis a nuestro favor. Pregunté a Javier por la oportunidad de su vocablo, y, más fresco que una lechuga, me dijo que “comemierda” era un “canarismo” muy doméstico y cariñoso.

Ahora, casi 30 años después, llega la insólita llorera de “Florentiro”, quien disparó contra ABC como hubiera podido hacerlo contra National Geographic, y, sin anestesia, espetó que le robaron 7 ligas; comportamiento impropio del presidente más laureado de la historia del Real Madrid, que, en su desvarío o en su chocheo, ve peligrar su legítimo cargo.

Para explicar la inoportunidad de su conferencia informativa, Jorge Valdano en su columna El juego infinito, en El País, escribe, atinadamente como siempre, que “el poder no necesita micrófono”.

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