¿Quién no tiene una foto de niño con su equipo de fútbol? Grupos de niños, algunos de puntillas, otros con las camisetas fajadas, las botas todavía brillando y sonrisas tímidas enseñando los dientes. Durante los últimos quince años, en la comarca sureña, muchas de esas imágenes –esas que terminan colgadas en las paredes— salen del mismo objetivo. En los campos, un hombre recorre la banda con la cámara en la mano, atento a cada jugada. Él es Gabriel Arbelo Perdigón, aunque casi todo el mundo lo conoce como Amigos sureños.
Desde 2009, este fotógrafo natural de Guargacho ha fotografiado a generaciones enteras de jugadores que daban sus primeros pasos en el fútbol. “Empecé tomando fotos en el Clementina Bello de Buzanada. Como no había plaza, tuve que llevar a mi hijo allí y ahí empezó todo”, recuerda.
Al principio, llevaba la cámara para captar momentos de su vástago. Pero pronto empezó a fotografiar también al resto del equipo, las jugadas, y las celebraciones.
Poco a poco fue tomando contacto con árbitros y entrenadores, que le permitieron acercarse más al terreno de juego. El primer partido que fotografió de forma completa también fue en Buzanada.
“Al ver la reacción de los padres días después cuando les entregué las fotos, me sentí muy bien. Me ayudó mucho a meterme en este mundo”, explica.
Después de tantos años recorriendo la isla en búsqueda de fútbol, calcular cuántos partidos ha cubierto resulta casi imposible. La cifra impresiona. “He llagado a ir a once partidos durante todos los fines de semana, todo eso durante mínimo diez años…”.
A lo largo de su carrera, su rutina ha consistido en pasar prácticamente todo el fin de semana haciendo lo que más le gusta, aunque hoy el ritmo es ya distinto: “Solo cubro a los regionales o algún juvenil. Por falta de tiempo, principalmente”.
Aun así, reconoce que la motivación sigue intacta: “Ciertamente, cada día me gusta más ir a los campos”.
Jugadores que crecen
Una de las experiencias más especiales de tantos años es ver cómo pasan las generaciones delante de su cámara. Niños que empezaron dando sus primeras patadas al balón con ocho o nueve años y que vuelven a aparecer tiempo después, ya convertidos en jugadores de primer nivel.
Entre ellos, recuerda a varios, aunque menciona con detalle a algunos que le impresionaron. En especial, un portero. “Un tal Lorenzo Perdomo, del Guargacho, y que hoy en día juega en Las Zocas, en Preferente”. Cuando era pequeño, explica, ya destacaba, y le llamaba poderosamente la atención. “En cada partido lo daba todo y hacía unas paradas espectaculares”.
También recuerda con especial cariño los primeros pasos de Juanma Herzog en la Escuela de Fútbol de Adeje, central que a día de hoy forma parte de la disciplina de la UD Las Palmas y que llegó a debutar en la primera división del fútbol español .
Un recuerdo que no se olvida
Entre todos los momentos vividos detrás de la cámara hay uno que sobresale por encima del resto: El día que su hijo debutó como árbitro.
“Ese día lo recuerdo con mucho cariño. Creo que fue el partido en el que saqué más fotos al colegiado que a los jugadores”, se ríe.
Cuando Amigos sureños dispara su cámara no busca únicamente capturar una jugada bonita. Busca algo más profundo. “Intento capturar el momento preciso y que las personas que salen en el reportaje tengan un recuerdo para toda la vida”.
Hoy sus fotografías aparecen en canilleras personalizadas, colgadas en las paredes de las casas, camisetas, tartas de cumpleaños… Entre todo eso, hay algo que sigue emocionándole especialmente; llegar a un campo y escuchar a alguien decirle: “Tengo fotos de mi hijo gracias a ti. Las guardo como oro en paño”.
Durante la pandemia, cuando los campos quedaron vacíos, muchas familias compartían en redes sociales las imágenes que él había tomado años antes. Fue entonces cuando comprendió la dimensión de su trabajo. Un legado que recogía, sin darse cuenta, los primeros pasos de niños y niñas en el mundo del fútbol.
Muchas de las fotos de equipo del CD Marino, UD Las Zocas, Ibarra, CD Águilas, Atlético Chenet y de tantos otros clubes han quedado congeladas en el tiempo gracias a la cámara de un hombre que, con los años, se ha convertido en parte del paisaje habitual de los campos del sur de Tenerife, tierra donde el fútbol siempre ha despertado una pasión especial.







