tribuna

Cero en conducta

60 alumnos han sacado un 0 en euskera en las pruebas de Selectividad de Vizcaya y otros 40 han obtenido una calificación por debajo del 2. Según parece pertenecían a colegios donde se dan clases preferentemente en castellano y además estaban bien preparados en el resto de las asignaturas. Protestan por la excesiva exigencia del tribunal que los evaluó. Estamos ante el dilema cultural de considerar más importante lo identitario que lo técnico. Sobre esto no voy a discutir porque se trata de un asunto de sensibilidades y apreciaciones políticas.

Estuve en el país vasco hace más de 20 años, en la inauguración de un centro comercial de Eroski y comprobé cómo Josu Jon Imaz hacía esfuerzos para expresarse en la lengua vernácula, que todavía no dominaba. Casi todos los políticos tuvieron que pasar por las ikastolas para ponerse al día. Mal que bien acabaron aprendiendo, aunque esto no les sirviera de mucho para presidir Iberdrola, por poner un ejemplo. Tengo amigos vascos y todos me parecen personas excelentes y moderadas. Quizá sea porque los que conozco pertenecen a un sector donde esas cosas se tienen a gala. Hace dos años me visitó un antiguo compañero del Colegio Mayor, arquitecto de Bilbao, y pude comprobar el interés creciente por las cosas de su tierra y la admiración por otros territorios coincidentes en ese fervor patrio. En una ocasión entrevisté a un vasco navarro en La Bodega de Julián y me dijo: “Qué bien cantáis los canarios; qué lástima que no tengáis idioma propio”. Le contesté rápidamente que teníamos el silbo gomero y que a su cuidado se había puesto su compatriota Rogelio Botanz. Siempre es loable la gente que se preocupa por la conservación de sus ancestros, aunque en ocasiones exageren un poco.

Estos suspendidos en Bilbao son la muestra de la lucha de clases, el eterno conflicto entre la cultura popular y la cultura de las élites, por lo que resulta que es mejor un mal ingeniero que hable correctamente el euskera que un genio en matemáticas que lo chapurree. Estos chicos que han sacado un cero, provenientes de colegios privados han sufrido la venganza de sus examinadores, igual que si un profesor de Formación del Espíritu Nacional hubiera suspendido a toda la clase por no saberse la batalla del Ebro o el asalto al cuartel de Santa María de la Cabeza, en la época de Franco. Lo sucedido en Bilbao no me escandaliza, pero me hace pensar, y lo extrapolo a otras cuestiones ideológicas que sirven para trepar en el mundo de las oportunidades políticas. Es la valoración del graduado escolar de Chiquito de la Calzada, pero en lengua autóctona. El problema de lo autóctono es que lo demás no lo es.

Por eso las universidades mejicanas fundadas después de la conquista son minusvaloradas al compararlas con la enseñanza impartida en la época anterior a Montezuma. Dios me libre de hacer una profesión de fe a favor de la España única. Me convertiría entonces en un negacionista de la España diversa. La diversidad es riqueza cultural, pero de ahí a ponerle un 0 a los estudiantes que no hablen el vascuence de manera perfecta hay un gran trecho. No demos ideas, pero a Casimiro se le podía ocurrir poner el corte de la Selectividad en la correcta interpretación del silbo.

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