tribuna

La socialdemocracia de Adela Cortina

Ahora que todos se apuran en el esfuerzo de salvar al soldado Sánchez en su operación resistente es conveniente leer el artículo de Adela Cortina titulado: Salvar a la socialdemocracia. Adela Cortina es catedrática emérita de Ética y Filosofía política de la Universidad de Valencia. No sé por qué razón los eméritos me ofrecen mayor confianza que los que están en activo. Quizá sea porque se han liberado de los compromisos profesionales que los ligan a la realidad impuesta y pueden observar a las cosas del mundo sin las influencias perversas que impone lo cotidiano. Lo resistente, tomado en el sentido que le otorga Camilo José Cela no añade nada a la calidad ni a la solvencia de un pensamiento, aunque sea un requisito indispensable para alcanzar el éxito. Un triunfo muy parecido al del niño que al fin consigue quedarse con la pelota después de dar mucho el coñazo. La señora Cortina habla de socialdemocracia distinguiéndola de otro tipo de práctica socialista cuando dice que “es preciso desacoplar la propuesta socialdemócrata de las siglas de un partido que en realidad no la defiende, y encomendarla a quienes parezcan dispuestos a ponerla en marcha”. En realidad existe un error histórico al suponer que el socialismo español estuviera siempre homologado con la socialdemocracia que se plantea como pilar fundacional de la Unión Europea. No siempre fue así. Cuando Suresnes el PSOE no se sentía socialdemócrata y antes tampoco. Podría entenderse que una facción lo fuera antes de la Guerra Civil, pero esa no fue la que triunfó, ni la que hoy se evoca por los herederos del Frente Popular. A la reunión de Munich, de 1960, el llamado contubernio antifranquista, asistieron socialdemócratas que nada tenían que ver con el socialismo español de la clandestinidad, dirigido desde el exilio de Méjico. Esos fueron los que se integraron más tarde en la Unión de Centro Democrático, liderados por Francisco Fernández Ordóñez, que luego se incorporarían, en 1982, al PSOE de Felipe González. De aquí surge la negación a la tendencia marxista, la incorporación a la OTAN y al mundo democrático de la Europa comunitaria. Estas premisas han dejado de existir a día de hoy y se ponen en cuestión aquellas decisiones, retornando al frente populismo de las cavernas y de la memoria, más reivindicativa que histórica. Esta es la situación que Adela Cortina, de una manera finamente intelectual y teórica, analiza en su interesante artículo. El retrato es desolador e incompatible con una mínima definición socialdemócrata, cuando dice: “más que la posverdad se ha impuesto la posveracidad, el hábito de mentir sin ningún problema y de justificar lo injustificable”. No dudo que en el PSOE se conserven tendencias auténticamente socialdemócratas, pero han sido calificadas como traidoras a las verdaderas siglas y tachadas de fascistas en el mejor de los casos. Tal y como están las cosas, considero muy difícil ponerlas de nuevo en pie, a menos que se provoque una revolución interna, casi imposible en el régimen cerrado y autoritario que se ha construido en torno al líder, o las circunstancias electorales lo propicien. En cualquier caso, la enfermedad por la que atraviesa nuestro país es la carencia de esa socialdemocracia que unifica los deseos de todos los ciudadanos en un espacio de moderación. Esto no está en crisis, por más que muchos se empeñen en demostrar lo contrario.

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