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El monte

Cuando al mago lo dejaban limpiar el monte de pinocha, para estiércol, el monte no ardía. Ahora, el ecologismo moderno y rancio, y alguna autoridad, piensa que al monte hay que dejarlo que desarrolle su vegetación. No se crean cortafuegos apropiados (por respeto, ¿a quién?), ni tampoco se permite al mago que suba a recoger la pinocha. Y entonces es cuando el mago se entretiene con la radial y la caga. Porque al mago, cuando no tiene nada que hacer, le gusta jugar con la radial y cortarlo todo, provocando chispas que incendian la pinocha que no le han dejado recoger. Bueno, toco madera, pero este año la cosa va bien en Canarias: no ha habido ni un incendio grave. Y ya digo que toco madera, y la vuelvo a tocar, para que no recaiga sobre mí el mal del comentarista. Nadie como el mago, en su enorme primitivismo, conoce el monte. El mago no es sabio, es bruto, pero sabe cómo funciona la zona rural, sin que ello descarte la acción de algún desaprensivo que organiza una barbacoa en agosto y lo quema dodo, lo suyo y lo de los vecinos. O la de algún cuñado que le quiera joder la cosecha a su familiar. Aquí, la Brifor del Cabildo Insular realiza un trabajo excelente y también la Unidad Militar de Emergencias, una auténtica formación de élite. Por ese lado estamos tranquilos. Pero no sería malo planificar una limpieza a fondo del monte y de los barrancos y ahí sí que el mago puede aconsejar más y mejor que cualquier experto. Desde luego, mucho mejor que los ecologistas de tres al cuarto, que no tienen sino labia y ni puta idea de conservar el medio ambiente. Y es que hay mucho atrevido pululando por la isla. Falsos amigos de la Naturaleza. Ignorantones irredentos que no saben por el terreno que pisan.

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