El Ayuntamiento de El Sauzal concede a la extenista profesional Adela Gil Buscalioni el premio por una “Trayectoria Histórica” en la V Gala del Deporte celebrada el miércoles 24 de junio en el Auditorio del municipio.
En la pista número 1 del Complejo Deportivo de El Sauzal hay un árbol que siempre da sombra. Algunas veces se hace de rogar, pero, en general, se muestra generoso y, en los días especialmente calurosos, es capaz de bajar varios grados la temperatura de esa parte de la cancha. El árbol actúa como un refugio donde siempre refresca o donde acudir corriendo a resguardarse de la lluvia. No se sabe quién lo plantó justo en ese rincón y cómo ha logrado crecer sano y fuerte, con sus ramas verdes que miran hacia el mar. No se sabe, pero no importa, porque gracias al árbol siempre hay un lugar para el descanso, un lugar para sentir la brisa fresca, para respirar el aire que alivia y reconforta. Gracias al árbol, el cansancio se olvida y el calor se deshace como si el mar se acercara con su temperatura perfecta y se adueñara de la cancha. Adela es como el árbol.
El pasado 24 de junio Adela Gil Buscalioni, extenista profesional y actual profesora de tenis en el Complejo Deportivo de El Sauzal, recibió el premio a una “Trayectoria Histórica” por un “proyecto firme, que apuesta por la enseñanza, la formación y la transmisión de valores”, y en el que “su compromiso diario y su fidelidad a una forma de entender el tenis ha sido una garantía de calidad durante toda su trayectoria”. El presentador de la Gala habló también de dedicación y entrega, y de haber conseguido crear un espacio cuyos protagonistas son el esfuerzo, el respeto y la constancia. Estas palabras sonaron en el aire con todo su peso porque, en estos tiempos efímeros en los que prima la urgencia y la inmediatez, hablar de empeño y tenacidad no resulta sencillo, por más que la pista central de Roland Garros se empecine en recordarlo. Por eso es importante escribirlo, para que el eco perdure, para que ese espacio que Adela Gil ha logrado construir, adquiera su valor, porque no se trata únicamente de un espacio exclusivo para el tenis, sino para todo lo que el deporte significa, que es desconexión y bienestar, pero también superación, trabajo, tesón y sacrificio y todas esas cosas que pertenecen a la vida.
Que el deporte es “cosa de hombres” es una afirmación retrógrada que afortunadamente pertenece al pasado, sin embargo, en contra de lo que pudiera parecer, forma parte de un pasado muy reciente en términos históricos, sobre todo, si tenemos en cuenta que las primeras mujeres que compitieron en unas Olimpiadas lo hicieron en 1900 (participaron 22 y en disciplinas “socialmente aceptables” como el tenis y el golf), o que la primera mujer que, entre insultos y empujones, corrió el maratón de Boston, lo hizo en 1967. En fin, antes de ayer, diría cualquier historiador que se precie. También antes de ayer, es decir, en la España de los setenta, el tenis femenino aún no gozaba de prestigio ni de especial reconocimiento. Al contrario, se movía entre el impulso de los torneos nacionales de los clubes y la escasa proyección internacional a causa del predominio masculino y, sobre todo, de la falta de apoyo estructural y de una actitud conservadora que impedía el avance de las mujeres en este deporte. Pero todo tiene sus tiempos y su espera. Eso pensaron las “Original 9” y también Billie Jean King, pionera en transformar esta realidad al crear en 1973 la Asociación de Tenis Femenino (WTA)1. Tras ellas, vinieron muchos nombres, también en España, como Arantxa Sánchez Vicario o Conchita Martínez, tenistas de primer nivel que lograron abrir nuevas posibilidades a este deporte.
Probablemente esta breve historia introductoria resulte escasa e incompleta, sin embargo, aunque sea de forma somera es importante recordarla, porque hay cosas que no deben olvidarse, porque el tiempo pasa tan rápido y la memoria es tan corta y selectiva que parece que todo ha sido siempre igual, que el camino siempre lo hemos compartido y que todas hemos podido transitarlo sin esfuerzo. Nada más alejado de esta realidad actual en la que, a veces, creemos que la casa ya está construida, como si no fuera posible que, de pronto, viniera un huracán o un terremoto y arrasara con todo, incluidos los cimientos. Por eso es importante detenerse antes de seguir, mirar atrás para valorar el presente de Adela Gil Buscalioni, con la sabiduría precisa que ofrece el tiempo y la distancia.
La vida de Adela Gil, vinculada siempre al mundo del tenis, es un viaje en el que ha habido muchas escalas importantes que deben leerse en voz alta, con el respeto y la admiración de quien, con su historia individual, ha contribuido a crear en estas islas un espacio para el tenis femenino. Esta reflexión está llena de significado, porque sus inicios tuvieron lugar, tal y como se ha indicado, durante esa época en la que todo estaba aún por hacerse, en ese tiempo en el que ella y otras mujeres se empeñaron en desafiar todas las inercias, en plantar la raíz en un ámbito en el que hasta entonces apenas había tierra para ellas. De hecho, “mientras los chicos tenían un entrenador para cuatro jugadores, nosotras teníamos un único entrenador para todas”, y es que eso de que las mujeres jugaran al tenis seguía considerándose algo anecdótico.
La “Trayectoria Histórica” de Adela Gil tiene mucho de historia, pues no todo el mundo consigue empezar a jugar y a destacar casi al mismo tiempo, logrando numerosos éxitos en un periodo de tiempo relativamente breve. Empezó a jugar a los nueve años y, tan solo cinco años después, llegó a ser Campeona Absoluta de Canarias, confirmando así la espectacular progresión de una tenista que se suponía que aún estaba empezando a serlo. Su juego llamó tanto la atención que, tras la observación de varios técnicos de Barcelona, obtuvo de forma inmediata una beca para entrenar en la Escuela Nacional de Tenis. Pero antes, la isla había sido testigo de su historia:
En los años 1978 y 1979 protagonizó sus primeros triunfos de niña y llegó a ser Campeona de Tenerife y de Canarias en individual, dobles y mixtos, y Campeona Nacional Infantil en el Trofeo Elola Olaso de Barcelona. En 1980 y 1981, durante su etapa de cadete, continuaron sus logros, volvió a ser Campeona de Tenerife y de Canarias en individual, dobles y mixtos. Pero esto era solo el inicio del camino porque, poco tiempo después, se proclamaría Sub-campeona de España en dobles femeninos en pista rápida y lenta, Campeona Nacional en pista rápida en individual, doble y mixto, y Número 2 del Equipo Nacional Cadete para representar a España en el Campeonato de Europa. En su etapa junior repitió como Campeona de España en doble mixto en pista rápida y se proclamó Campeona de España Sub-21 en dobles femeninos. En el camino nunca estuvo sola porque, ya se sabe que un árbol no crece si no tiene raíces que lo sustenten. Su padre siempre la acompañó desde la grada, desde donde observaba, probablemente con precisión matemática, el juego de su hija. Nunca la presionó, nunca tuvo un mal gesto, ni siquiera en las derrotas, en las que acudía diligente a felicitar a la ganadora. “Papá, dime algo”, le pediría ella alguna vez, hasta que se dio cuenta de que ese silencio era su forma de dejarla hacer, de transmitirle la confianza y la autonomía necesaria para llegar a ser la campeona que fue.
Nunca se dio por vencida, como nunca lo hizo su madre, por eso, poco a poco, semilla a semilla y con “trabajo, trabajo y trabajo” -tal y como le aconsejaría su entrenador con tan solo 14 años- el viaje fue dando sus frutos, abriendo nuevos caminos en los que siguió cosechando triunfos.
Adela Gil continuó subiendo al podio en infinidad de ocasiones. Ya en su etapa absoluta, fue diez veces Campeona de Tenerife, seis Campeona de Canarias y dos veces Subcampeona. También se proclamó Subcampeona de España de dobles femeninos de la Segunda Categoría, Subcampeona de España Amateur en dobles femeninos y Campeona de España Amateur. Además, durante cuatro intensos años permaneció en Primera Categoría Nacional. Pero, como en el caso de Adela Gil, el partido es siempre largo, recibió también numerosos títulos excepcionales, muestra del nivel de juego que consiguió durante toda su trayectoria profesional:
- Mejor Deportista de Tenerife en la Gala del Deporte de 1980.
- Mejor saque femenino de España en la categoría juvenil.
- Leyenda del Deporte tinerfeño en la Gala del Deporte de 1991.
- “Mujer 10 del Deporte tinerfeño” en la Gala del Deporte de 2002.
- Insignia de Oro de la Federación tinerfeña de Tenis por su historial tenístico y deportivo.
- Seleccionada por el Comité Olímpico para recorrer con la Antorcha Olímpica 500 metros en 1992.
Así que, con tan solo 17 años, Adela Gil había ya alcanzado el máximo nivel: la Primera Categoría Nacional. Ahora tocaba seguir, y seguir significaba salir del país, abandonar España y empezar a viajar por el mundo. En los años ochenta el mundo era otro y otras las prioridades. Tal vez por ello, su padre, contradiciendo la opinión de la Federación Nacional, decidió que regresara a la isla y continuara sus estudios. Y eso hizo, comenzó su carrera de Empresariales, al mismo tiempo que seguía jugando todos los torneos de Tenerife, con un único objetivo en mente: “no perder”. En el camino, rechazó una prestigiosa beca universitaria en Estados Unidos y se quedó en la isla. Pasaron los años y, cuando competir dejó de ser una motivación, dijo hasta aquí y decidió dejarlo. Sin embargo, algo en lo que se ha puesto tanta vida, no llega a abandonarse del todo, porque el tenis es también actitud, es “aprender a luchar por algo, tener disciplina, saber perder con humildad porque la victoria siempre es relativa y efímera”. Por todo eso, Adela se siente en paz, segura de que “no cambiaría ni un ápice mi carrera deportiva”. Lo dice sin arrepentimiento, aun así, añade que, tal vez, “si hubiera encontrado un entrenador que me hubiera guiado y apoyado, habría dado el paso al tenis internacional”. Pero eran otros tiempos. Hoy se muestra eternamente agradecida porque de esa época mantiene algo que es esencia de vida, algo que resume de verdad esta trayectoria histórica: el AMOR en mayúsculas por el deporte.
Hace ya muchos años que Adela Gil abandonó el tenis profesional para dedicarse a “profesionalizar” el tenis, enseñando todo lo que sabe y más, a todos los que pasamos por El Sauzal con el propósito de aprender a darle mejor a la pelota. Este objetivo no es tarea fácil porque Adela Gil es una profesora exigente, de esas que te enseña desde el reto, desde el convencimiento de que todo siempre puede mejorarse. Esta forma de enseñar nace de la firme creencia de que en cada uno de nosotros hay algo más, hay movimiento, hay fuerza, hay quietud -cuando esta es necesaria-, hay reflejos, hay opciones: todas las posibilidades. Que alguien como Adela Gil te haga ser consciente de esto es un regalo. Es aprender el tenis como quien aprende a andar por la vida, es ser capaz de estar atento, de sentir el juego. Es tener la certeza de que todo es posible, de que siempre puedes llegar a la bola porque nunca hay que dar nada por perdido, hasta que se pierde. Es confiar, en definitiva, con todas las dificultades que esta palabra implica, porque el partido es largo y la vida es corta, por eso hay que aprender a vivirla como si el punto siguiente fuera siempre el último. Eso dice Adela, que el tenis es el espejo de este transitar por el mundo y que lo importante es ser consciente de los errores para poder corregirlos y así continuar luchando en pista, aunque hagan falta más de once horas para conseguir que todos los caminos lleguen a una misma meta: el triunfo después de la batalla. Así lo vivieron John Isner y Nicolas Mahut en el partido más largo de la historia del tenis. Era el año 2010, Wimbledon y tres días de un partido interminable, en el que los dos tuvieron la certeza de que ganar siempre es posible.
Eso dice Adela, que el tenis es como la vida, y que el mérito está en saber vivirla como si aún quedara un último juego, como si el partido estuviera siempre por hacerse, como si, a pesar de los errores y las derrotas, gozaras siempre de la posibilidad de llevarte la ovación del público, esa que siempre perdura porque está en cada uno de nosotros, en el silencio de quien te observa desde la grada y te ofrece seguridad y confianza, todo el valor necesario para seguir y para ser consciente de lo inmensamente grande que puede llegar a ser la sombra de un árbol.
Felicidades, Adela, por esta Trayectoria Histórica.
1 En el verano de 1970, el evento Pacific Southwest del ex-tenista Jack Kramer anunció que los jugadores masculinos recibirían más de ocho veces más que las jugadoras femeninas. Hartas de estas desigualdades, un grupo de nueve tenistas profesionales, conocidas como las “Original 9” el 23 de septiembre de 1970 firmaron contratos por un dólar para crear su propio torneo independiente. Lideradas por Billie Jean King, esta rebelión nació como protesta ante la enorme brecha salarial y el trato discriminatorio respecto a los hombres, acción que sentaría las bases para la creación de la WTA en 1973.

