después del paréntesis

Racismo

Don Mariano Rajoy fue taxativo: la selección francesa no es francesa porque en ella no juegan futbolistas franceses. No tanto hemos de alucinarnos por semejante alegato, sino que tal desatino centra el pensamiento del admirado. Pues, para él son franceses los blancos, los católicos y los que estén dispuestos en las próximas elecciones a votar a Le Pen. Y lo dicho confirma lo que la derecha de España es y señala, en relación a la concepción misma de patria (de su patria) o de los inmigrantes, a la que hay que expulsar y no admirar por el provecho obtenido de ellos para el desarrollo y la productividad. Así, el mundo no es como es sino como inopinadamente lo crean estos seres carismáticos. Que coinciden con Franco: el país ha de ser uno (todos los parabienes de Rajoy), grande y libre. Lo cual contradice al ser que ellos defienden y pretenden imponer: Isabel de Castilla. La función del Estado para esta reina, para esta suprema renacentista, estaba centrada, como era lógico, en los principios ideológicos de su época, siglo XV. Pero sumó un paso de más en rigor e ingenio para instituir, eso que la ignorancia o la imbecilidad de los del PP y de los de Vox pasan por alto: desde el principio de sus movimientos (la creación del primer Estado de Europa) esa mujer lo tuvo claro, dadas las posibilidades que ante sí se distinguían: crear una nación de naciones. Y ese fue el movimiento: Castilla, un reino, y unión por matrimonio con otro reino, Aragón. Para el proceso quedaba el resto: Galicia, País Vasco, Cantabria, Cataluña, Levante, Extremadura hasta los mudéjares del sur, en el Al-Ándalus que, eufemísticamente, habría de reconquistar. En esta historia participó en principio Portugal, que se borró de la lista y doña Isabel no insistió por acuerdo, para nuestra desgracia, sino por guerra. Los principios resultaban claros, la unidad que concentraba las diferencias: igualdad política (monarquía absolutista), igualdad de raza (los privilegiados blancos, de ahí la expulsión de los árabes y de los judíos), y la frontera fidedigna, de los Pirineos hacia el sur toda la península, con una de las enseñas más contundentes en inteligencia y cabalidad de los imperios: la igualdad de lengua, el castellano (no el español, que es una denominación política), ese idioma que hablamos tantos millones de personas. Ante esa evidencia no se postran los neofranquistas del PP y de Vox; están anclados en el más perverso e inmoral racismo. Siniestra derecha y siniestro racista Rajoy. Lo cual agrava los conciertos antitéticos del antes renacentista y del ahora integral. Ni Mbappé ni Olise juegan con fuerza y honor por su patria, igual que Lamine Yamal o Nico William. Qué decir de Brahim o Iñaqui, que compiten con otros equipos. Ni árabes ni negros, solo los inmaculados y limpios a imagen del Cristo redentor. Un alegato tal no es ridículo, bárbaro o impertinente, es una indignidad presentada ante el resto de los mortales.

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