opinión

Un tal Franco

Creo que no soy sospechoso de no ser un tipo de izquierdas. De la misma forma que creo que no soy sospechoso de no ser un hombre implicado en el mundo de la Cultura. El haber estado realizando actividades artísticas por más de 50 años lo acreditan. Eso me ha llevado a valorar y a respetar la obra de autores que a veces se encuentran distantes de mis comportamientos y de mi forma de pensar. Pero estoy tan enamorado de mi profesión, tan enamorado de la capacidad humana para crear, tan enamorado de aquél que es capaz de transmitirnos su sensibilidad y asombrarnos, que soy capaz de abstraerme y no me condiciona el que el autor de esa obra se comporte y piense diferente a mi.

Hago este preámbulo porque me creo en el deber de dejar clara mi postura al respecto del debate generado por cual debe ser el destino del Monumento a los 25 años de Paz, también conocido como Monumento a Franco.

Yo, cuando me veo ante un cuadro de Salvador Dalí, no me planteo la ideología del artista de Figueras. Contemplo la obra y puede emocionarme y atraparme o no, pero no me condiciona la ideología del autor. De la misma forma que cuando contemplo la grandeza de alguna obra de Picasso, no me siento condicionado por su fama, acreditada, de ser un maltratador. Por supuesto que no comparto y rechazo esos comportamientos pero no por ello dejo de ser capaz de valorar la sensibilidad que me ha transmitido el artista, el creador. Eso me ha llevado a tener un gran respeto por la obra de otros.

Voy a exponerles algunos ejemplos. Aunque mi espíritu se encuentra alejado del prusianismo, sería traicionar mi condición de autor de canciones, el no reconocer que la canción Novio de la Muerte, emblemática de la Legión, es una buena canción. Es buena armónicamente y con una letra acertada para el mensaje que se pretendía lograr. En resumen, creo que es una buena canción.

Lilí Marlen, me parece una canción bellísima. Cuando la escucho jamás me planteo si el nazismo llegó a utilizarla en sus algarabías y festines.

Cuando voy al cine, no me planteo la ideología de Mel Gibson o Clint Eastwood. Me recreo en su trabajo, en su obra, en lo que me han conseguido transmitir, en creerme o no, al personaje que están representando.

Hago todo este preámbulo tras escuchar comentarios que proponían la destrucción de la escultura que Juan de Ávalos hizo para el Monumento a los 25 años de Paz. Si en esa escultura tuviese presencia la imágen del Dictador compartiría esa propuesta, pero para mí es una escultura de un ángel con un posible guerrero encima. A muchos puede no gustarles la obra, pero es un producto característico de la línea escultórica de Ávalos, que puede gustarte o no.

Es el tipo de escultura que sirve para cualquier cosa. Tú dices que es el Monumento a la Libertad y vale. Dices que es el Monumento a la Memoria, o al Recuerdo, o a la Inteligencia y también vale. Como si le quieren poner Monumento al Príncipe del Carnaval, vale para todo.

Creo que la mejor solución sería resignificar el monumento, de la misma forma que se han hecho con algunas calles. Aquellas que antes exaltaban el recuerdo de generales franquistas, ahora homenajean al Amor, al Olvido, al Perdón, a los Sueños o a la Tolerancia, solamente con cambiarles la placa con los nombres. El monumento podría empezar a llamarse de otra manera, se podrían eliminar los escudos de la parte trasera, que desconozco su sentido o importancia, pero nunca destruir la obra de un artista. Me dolería tanto como ha sido la quema de líbros por parte de regímenes fascistas o de la Iglesia.

Aparte, creo que la mayor bofetada sin manos que se le puede dar a los franquistas, será que lo que ellos concibieron como una cosa, el tiempo, que suele poner las cosas en su sitio, la convirtió en otra.

Por otro lado, la alternativa de quitar la escultura de ahí tiene un peligro. Sabemos que en las Corporaciones Municipales siempre puede aparecer esa mente brillante de ideas geniales y pase como con El Gorila que trajeron para el Carnaval, que al final un día apareció en la Plaza de La Paz, sin que nadie sepa a día de hoy, cual fue el motivo de esa aparición. O con el Muñeco de Nieve, que todo el mundo se pregunta el por qué de su actual ubicación, cuando en el único sitio donde tendría algo de fundamento sería en las Cañadas del Teide.

Hay una realidad, que es que las nuevas generaciones practican poco el interés por la historia. Cuando desean saber algo de alguien, recurren a las redes, pero no tienen ningún interés en que eso forme parte de su conocimiento. Por eso, la figura del Dictador ha ido devaluándose para gran parte de la población, fundamentalmente para las nuevas generaciones, es ley de vida.

A veces imagino, en alguno de mis sueños, la imágen de un santacrucero paseando con su nieto y este le pregunta: “Abuelo, este monumento de la esquina pa qué lo hicieron”. Y el buen hombre le dirá…”Esto se lo hicieron a un tal Franco, que era un tipo muy malo y por el que murió un montón de gente…pero al final, la gente de Santa Cruz le cambió el nombre, el sentido y ahora es uno de los rincones bonitos de esta ciudad”.

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