tribuna

Yolanda a la OIT

A nadie se le oculta que la ONU es el refugio donde habitualmente se jubila la izquierda. Por eso no tiene nada de extraño que el Gobierno anuncie la candidatura de Yolanda Díaz como directora de la OIT. Hay un desequilibrio en esta organización que la hace poco fiable y que provoca que países que no estén alineados con corrientes progresistas no acepten las resoluciones de organismos como la Corte Penal Internacional o el Consejo de Seguridad. Esto es así desde siempre. No se puede discutir y es el ejemplo del traslado de los bloques ideológicos a lo que sucede a nivel global, como ha quedado sobradamente demostrado en los últimos conflictos. Me alegro por Yolanda, que verá resuelto su futuro, como otros tantos políticos que han ido a dormir las mieles del agradecimiento colaborativo en una retirada gloriosa. Yolanda no se irá hasta noviembre de 2007, si es que su candidatura prospera. En política estos escalafones suelen funcionar y garantizan el pago por los servicios prestados. Siempre es mejor que andar por ahí de negociador y coleccionando joyas de dudosa procedencia. En este anuncio se entrevé una fecha de agotamiento de legislatura y de un relevo para los posibles siguientes pactos. En todo caso, se nota una contradicción en la eficacia de la gestión, pues, de ser tan buena, no sería necesaria la sustitución. Pero aquí se progresa por elevación y es preciso aprender en los territorios de la polarización local para acceder a los de la polarización planetaria, pues una sin la otra es imposible que prosperen. El mundo está repartido así, y el trabajo es un asunto exclusivo de la izquierda, como la empresa lo es de la derecha, y en esta lucha sin tregua se basa la división política desde el principio de los tiempos, mucho antes de la Revolución Industrial y de que a Carlos Marx se le ocurriera escribir El Capital. Estas cosas son así y afortunadamente estamos acostumbrados a convivir con ellas, cada uno asumiendo su papel, en un sistema que llamamos democracia, y que todos coinciden en que es el menos malo de los que existen. Lo negativo de este asunto es que algunas organizaciones internacionales, encargadas de procurar el bien de todos, representen tendencias que no son admitidas por unanimidad. La Sociedad de Naciones (SDN) fue creada a partir de la Primera Guerra Mundial y fue bautizada bajo el lema de Sirve De Nada. Luego vino Naciones Unidas, que prácticamente se convirtió en lo mismo, y así andamos dando tumbos desde el origen de los tiempos. Habría que recurrir a textos como el de la paz de Westfalia, donde jugó un papel importante el diplomático español Diego Saavedra Fajardo, del que hoy se escribe como figura clave de la sensatez en los consensos internacionales. Me gusta leer su República de las Letras, y equiparar el mundo de la literatura con la política. En un ambiente donde los responsables de los gobiernos presumen de leer el Marca, no estaría mal recordar a estas personas. Le deseo suerte a Yolanda.

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