por quÉ no me callo

El sospechosobulo de Ceuta

La indignación del rey (“estoy preocupado e indignado”, dijo) por los sucesos de Ceuta y Melilla puede, a su vez, preocuparnos e indignarnos a todos según qué sentido tengan sus palabras. Indignaría no cerrar filas, del palacio real a Génova, 13, en una crisis de Estado originada por otro país.

Pero Felipe VI no se indigna con España, sino con Marruecos. No con Sánchez, sino con Mohamed. El recado al Gobierno para que esto no se repita es de rigor. Pero ante lo que estamos es ante una cruda advertencia –para que le llegue- al hermano rey marroquí, si no directa, tácita. El rey Felipe no comulga con ruedas de molino, por mucho que algunos le dieran su versión de los hechos en la ronda de llamadas que hizo, y tiene añitos para no tragarse la tesis de que el presidente no actuó a sabiendas, pegándose un tiro en el pie.

El ataque de Ceuta aparenta ser, como aquel infausto 7-0 de Hamás, un fallo de los servicios de inteligencia, pero, entre las tesis de lo sucedido, hay tela que cortar para exégetas y conspiranoicos. Los primeros en delatarse habrían sido Trump y Elon Musk, espectadores de excepción. Uno usó las imágenes de la riada humana para asustar a su electorado y pedirle, casi exigirle, el voto (en las midterm de noviembre) “si no quieren que nos pase lo mismo o algo peor”. Y el otro las puso de ejemplo de sus teorías distópicas con las que financia a la ultraderecha europea.

El rey de España exhibe en los foros internacionales un perfil más próximo a Sánchez que a la oposición curtida al abrigo de Trump. Denuncia la guerra y el genocidio israelí en la franja de Gaza y no transige con el odio al migrante. En esto, Sánchez, el papa y el rey opinan lo mismo. Europa, no.

Lo de Ceuta no es ninguna broma. Por eso, el rey usa la palabra “indignación”. Todo nació con un bulo en Marruecos difundido por redes sociales, que hizo creer a la marabunta que España la esperaba con las puertas abiertas y hasta en Facebook se ofrecían trajes de neopreno para cruzar a nado la frontera. Un bulo inspirado en una sentencia reciente del Supremo que prohíbe devoluciones en caliente de migrantes llegados por vía marítima.

Cualquiera diría que estamos ante un ataque de falsa bandera urdido con fines perversos. Vista la rentabilidad política que el montaje tuvo, de inmediato, en EE.UU., sería ingenuo no tenerlo en cuenta. Cuando todo se sepa, veremos las vergüenzas al aire.

Marruecos no habrá sido, pero dejó hacer por: los nuevos acuerdos energéticos de España con Argelia, la nacionalidad de saharauis en curso en el Congreso y otros roces bilaterales -hasta la disputa de Casablanca por la final del Mundial de 2030-. Mientras, en EE.UU. e Israel se frotaban las manos. Trump y Netanyahu le tienen ganas a Sánchez. Como la derecha española y europea.

Meloni abrió el melón de Schengen, el espacio de libre circulación, queriendo expulsar a España temporalmente. Craso error en una estadista en busca de salvavidas en las escenas a nado de Ceuta para no ahogarse en las elecciones de abril.

La secundan ciertos personajes: la ultra Mari Rantanen, ministra de Interior de Finlandia (el extraño caso del país más feliz del mundo y tan racista) y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, socialdemócrata y xenófoba, que pedía solidaridad a España por el asedio de Trump a Groenlandia.

Es cierto que a Sánchez lo ha dejado solo esa Europa que Albares califica de internacional reaccionaria. Cuando la crisis migratoria de Lukashenko contra Europa en 2021, España fue solidaria con la concesión de asilo, y lo volvió a ser en 2023 con la crisis de Lampedusa (ay, Meloni). 2027 será un superaño electoral en Europa: amén de España, en Francia, Italia, Polonia, Finlandia, Suiza, Grecia, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia…

El asalto a Ceuta le ha venido bien como espantajo electoral al populismo de ultraderecha en EE.UU. y Europa. Mohamed VI celebraba la Fiesta del Trono en los días de esta crisis y acababa de ponerle el nombre de Trump a una gran autopista que atraviesa, de norte a sur, el Sáhara Occidental. Todo queda entre amigos. Del entorno de Trump ya animan a Marruecos a lanzar una marcha verde “con palas excavadoras” sobre Ceuta y Melilla.

Hay una Europa “egoísta y polarizadora”, denuncia Sánchez, que, dejándose engañar con embustes, le dio la espalda. Alguien de Vox fue a Ceuta tras el estallido y encendió los ánimos: “Que cada uno defienda a su familia con lo que tenga a mano”.

Hoy se celebra, a petición española, una cumbre europea de ministros de Interior. Veremos. Para la oposición española, Meloni es su heroína. Este verano, en La Mareta, a Sánchez le toca enfrentarse a los molinos de la política española y a los melonis de la política europea, que utilizan Ceuta electoralmente y, en realidad, están escupiendo para arriba.

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