por quÉ no me callo

Noticias de Ceuta

Llama la atención la frivolidad con que se aborda la crisis migratoria de Ceuta, que está siendo un termómetro de la escasa cualificación política y de lo pardillos que pueden llegar a ser líderes de partidos nacionales llevados del impulso electoral.

Los reiterados patinazos de Feijóo no dejan de asombrar en una fuerza política que se supone dotada de asesores competentes. Primero, rechazó el traslado a la Península de 200 niñas vulnerables, contraofertando la expulsión de todos los menores sin excepción, algo que, en 2021, también en Ceuta, costó condenas a autoridades por prevaricación, dado que la ley lo impide, y Europa, pese a su sesgo ‘remigratorio’, ha tenido estos días que admitirlo.

El mismo dirigente español ha vuelto con otra ocurrencia condimentada con un lenguaje impositivo, como la de confinar a los migrantes con enfermedades contagiosas, y esta vez le han enmendado la plana los epidemiólogos, para quienes encerrar juntas a personas con sarna, por ejemplo, “parece la peor idea”. Sin embargo, no faltan voces acólitas que secundan la opinión del ‘jefe’ sobre quitarse de encima a los menores y las cuarentenas de los enfermos. Ceuta está siendo el teatro de un diálogo de besugos. En Vox defienden (mediante una proposición no de ley) que los migrantes hospitalizados e infecciosos sean conducidos hasta la frontera con Marruecos.

En el Gobierno, a su vez, no ha faltado el caso de alguien sin tacto que ha ido a Ceuta a discutir algo de Perogrullo, si está “colapsada” o solo “tensionada” la asistencia sanitaria. Técnicamente, podrá tener razón la ministra Mónica García (la ocupación hospitalaria es menor al 50% de su capacidad), pero la crisis de salud y alojamiento es innegable.

Desde hoy, el canario Ángel Víctor Torres asume la máxima responsabilidad al frente de la ‘situación de interés para la seguridad nacional’, que será declarada por el Consejo de Ministros de este martes, en que Sánchez convoca el Consejo de Seguridad Nacional. En ese mando único, que anunció ayer Carlos Cuerpo en Ceuta, se integran el presidente de la ciudad, el delegado del Gobierno, el CNI y el ‘pentaministerio’ involucrado. Para Torres es un desafío que acredita su carta de servicio como gestor de crisis sociales y humanitarias.

Uno de los rifirrafes entre oposición y Gobierno que Carandell habría inmortalizado en su ‘Celtiberia show’ ha sido ver al Senado disputando al Congreso la condición de cámara preferente para las comparecencias de los ministros. Nos da la talla de un nivel político español que deja mucho que desear, con el quiero y no puedo de la segunda cámara por ser la primera. Hoy, por fin, se inicia ese desfile ministerial en el Congreso. Y quien acude en primer lugar a la Cámara Baja es una mujer que, camino de los 70 años, superará en breve a Narcís Serra en longevidad al frente del Ministerio de Defensa, donde lleva ocho.

Margarita Robles es la Manuel Hermoso del Gobierno, por campechanía. Y en ella tiene mérito, porque hoy la política es un lodazal. Parece que en el Ejército la quieren y en las encuestas es de los que salen mejor parados. Defensa se le da bien a las mujeres, desde Carme Chacón, que estaba embarazada cuando pasaba revista a las tropas y visitaba a los soldados españoles en Afganistán. La muerte súbita le pisaba los talones desde niña, con 35 pulsaciones y el corazón al revés. Y murió a los 46 sola, en la casa.

Margarita Robles, exmagistrada del Supremo, número uno de su promoción, se hizo cargo del Ministerio de las charreteras en 2018. El conflicto de Ceuta con Marruecos le saca el carácter. También le trae recuerdos incómodos de principios de los 90, cuando, siendo jueza, una sentencia suya le costó la cárcel a dos marroquíes, por violación, que el ADN demostraría que eran inocentes.

Es una mujer de armas tomar que le dice a Marruecos que “Ceuta y Melilla no se tocan”, como si tuviera ‘patente de Sánchez’. A su llegada a Ceuta, un grupo de vecinos la insultaba y Robles hizo un ‘Hermoso’, se paró y fue al encuentro de los abucheos, a hablar con los que la ponían como chupa de dómine.

Se acercó tanto, que se quedó cara a cara con una mujer que lloraba, de nombre Pepi, y dejó que se desahogara: “Vivo sola, no duermo, cierro las ventanas y cojo un cuchillo, tengo miedo”. Luego se la llevó con ella a la Comandancia General, le dio un vaso de agua y la invitó a quedarse en la reunión con Vivas, el presidente de la ciudad. Habló con un padre y dos niños que encontraron las aguas de la playa malolientes porque alguien que entró a nado defecó. Una mujer la abrazó llorando y la ministra se quitó las gafas para secarse las lágrimas.

Eran los mismos vecinos hostiles de cuando llegó. Y al pedirle perdón por el ‘recibimiento’, la ministra les dijo, con media sonrisa. que sabía que no era nada personal, sino la vehemencia de “un español cuando se enfada”.

TE PUEDE INTERESAR