Prefiero ser recordado por lo que construyo que por lo que opino. Llevo un tiempo bastante más tranquilo, dedicado a mis empresas, a mis proyectos, a mi familia y, sobre todo, a intentar hacer cada día un poco mejor aquello que depende de mí. Curiosamente, cuanto menos me meto en guerras, más guerras me atribuyen. De vez en cuando, alguien me llama para preguntarme si estoy detrás de esto, si tengo algo que ver con aquello, si estoy enfadado con no sé quién o si estoy preparando no sé qué. A este paso cualquier día también me relacionan con la muerte de Manolete.
La realidad es muchísimo menos emocionante: estoy a lo mío. No porque haya dejado de tener opinión. Probablemente tengo más que antes. Simplemente he descubierto que no necesito contarla siempre y que, a estas alturas de mi vida, me interesa mucho más construir. Construir empresas mejores, crear proyectos nuevos, generar empleo e intentar que las personas que trabajan conmigo ganen más, tengan mejores condiciones y puedan construir también una vida mejor para sus familias.
Durante mucho tiempo pensé que tener voz significaba utilizarla. Hoy creo que también hay cierta inteligencia en saber cuándo callarse. El mundo seguirá girando perfectamente sin saber qué piensa un servidor de cada cosa que ocurre en Canarias. Además, hay algo que cada vez me gusta más de dedicarme a lo mío: muchas de las cosas que antes defendía hablando, ahora tengo la oportunidad de intentar hacerlas. Si creo que los trabajadores deberían vivir mejor, puedo empezar intentando que los míos vivan mejor. Si creo que hacen falta oportunidades, puedo crearlas. Si creo que las empresas tienen una responsabilidad con la sociedad, puedo empezar por las mías.
Eso me interesa muchísimo más que ganar una discusión en Linkedin. No sé si será la edad, mi hija, las hostias del camino o, simplemente, que uno va entendiendo algunas cosas tarde. Seguiré teniendo opinión y seguramente alguna vez seguiré diciendo lo que pienso, pero ya no tengo ninguna necesidad de estar en todas las guerras, de convencer a todo el mundo ni, mucho menos, de tener siempre razón.
Cuando algún día mire hacia atrás, no quiero contar las discusiones que gané, los políticos que critiqué o las publicaciones que se hicieron virales. Quiero mirar las empresas que construimos, las personas que crecieron con ellas, los puestos de trabajo que creamos, los proyectos que conseguimos sacar adelante y las vidas que pudimos mejorar por el camino. Prefiero dejar huella construyendo que hacer ruido opinando. Aunque, por si acaso alguien pregunta, lo de Manolete tampoco fui yo.
CEO de Dormitorum
