Este 11 de septiembre de 2026 se cumplen 25 años de los atentados que cambiaron Nueva York, Estados Unidos y la seguridad aérea mundial. Aquel 11-S dejó además una conexión inesperada con Canarias: Iván Chirivella, un instructor de vuelo nacido en Las Palmas de Gran Canaria, había enseñado a pilotar a dos de los terroristas que estrellaron sendos aviones contra las Torres Gemelas.
DIARIO DE AVISOS ya contó su historia el 11 de septiembre de 2021, coincidiendo entonces con el vigésimo aniversario de los ataques. Cinco años después, recuperamos aquel reportaje y el testimonio del piloto canario sobre los días en los que descubrió que dos de sus antiguos alumnos eran Mohamed Atta y Marwan al-Shehhi.
El 11 de septiembre de 2001, 19 terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, otro contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania. Los atentados causaron 2.977 víctimas mortales, según el National September 11 Memorial & Museum.
Entre las víctimas se encontraba Silvia San Pío, considerada la única ciudadana española fallecida en los atentados.
La llamada que cambió la vida de Iván Chirivella
Chirivella había nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1976 y llevaba años vinculado a la aviación en Estados Unidos. En 2001 trabajaba como instructor en la academia Jones Aviation, en Florida.
La mañana de los atentados estaba siguiendo por televisión lo que ocurría en Nueva York cuando recibió una llamada de sus compañeros.
“Me dijeron que el FBI estaba mirando mis archivos, concretamente los de Mohamed Atta y Marwan Al Shehhi, de los que no se había dicho nada en la televisión, y que querían hablar conmigo”, relató años después.
Los nombres de ambos terminarían ligados directamente a los ataques. Mohamed Atta estaba entre los secuestradores del vuelo 11 de American Airlines, que impactó contra la Torre Norte a las 08.46 horas. Marwan al-Shehhi formaba parte del grupo que tomó el vuelo 175 de United Airlines, que golpeó la Torre Sur a las 09.03. El FBI identifica a ambos entre los pilotos de los aviones secuestrados.
“Me quedé bastante helado”, recordaba Chirivella al conocer quiénes habían sido sus antiguos alumnos.
“Nunca dijeron nada malo sobre Estados Unidos”
En el reportaje publicado por el Decano en 2021, el instructor explicaba que durante las clases no había detectado nada que le hiciera pensar en lo que terminaría ocurriendo.
Los describía como “individuos normales” y aseguraba que “nunca dijeron nada malo sobre Estados Unidos”. Sí recordaba su marcada religiosidad y, especialmente en el caso de Atta, comportamientos conflictivos con las mujeres.
Uno de esos episodios terminó siendo decisivo para que fueran expulsados de la academia. Chirivella relató que Atta se enfrentó a una secretaria después de que esta le indicara que no podía firmar también por su compañero.
“Mohamed tenía comportamientos que no eran aceptables, sobre todo con las mujeres”, explicó.
El instructor había compartido muchas horas con ellos. “Volábamos cuatro horas al día, de lunes a sábado, y a veces comíamos o cenábamos juntos”, recordaba en el reportaje.
Los interrogatorios del FBI
Tras localizar la escuela donde habían recibido formación, el FBI interrogó a Chirivella en varias ocasiones para reconstruir la trayectoria de ambos terroristas.
El canario reconoció que sintió miedo al principio, aunque siempre destacó el trato recibido por los agentes estadounidenses.
“Cuando empezaron a hablar me di cuenta de que no tenían nada contra mí, sino que solo querían corroborar el recorrido de los terroristas”, aseguró.
Durante un tiempo incluso llegó a sentirse culpable por haber sido quien les enseñó a volar. Con el paso de los meses, aquella sensación cambió.
“Luego te tranquilizas y te das cuenta de que no eras más culpable que cualquier persona en el mundo”, explicó.
La experiencia quedó recogida posteriormente en Cómplice inocente, el libro que publicó junto a la periodista Alicia Mederos.
Una vida marcada por el 11-S
El 11-S también alteró su futuro profesional y personal. Chirivella había construido buena parte de su vida en Estados Unidos y no tenía intención inmediata de regresar a España.
Sin embargo, según relató a este periódico, cuando trató de renovar su permiso de trabajo no obtuvo autorización. Nunca llegó a saber si aquella decisión guardaba relación directa con los atentados.
“No sé si es una coincidencia o una consecuencia”, reconocía.

