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Adepac, más de 30 años dando una segunda oportunidad a los animales abandonados

El refugio tinerfeño atiende en la actualidad a unos 300 perros y afronta dificultades económicas y de infraestructura, por lo que reclama más apoyo para continuar con su labor
Adepac, más de 30 años dando una segunda oportunidad a los animales abandonados

Adepac, más de 30 años dando una segunda oportunidad a los animales abandonados

En 1989, un grupo de personas comenzó a actuar ante el abandono animal en Tenerife. Lo que empezó con la alimentación de perros en la calle y la búsqueda de hogares de acogida terminó convirtiéndose en Adepac, una asociación que, más de tres décadas después, continúa ofreciendo refugio a cientos de animales. Algunos llevan apenas unas semanas, otros acumulan años de espera sin que nadie pregunte por ellos. Historias diferentes que comparten una misma realidad: dependen de quienes decidieron no mirar hacia otro lado.

Para Yahaira Tovar, presidenta y fundadora de Adepac, convivir con los animales es también una forma de aprendizaje personal. “Te ayudan a ver el día de otra manera y a olvidarte de tus problemas, porque los problemas los tienen ellos: de salud, de estabilidad o de tener un hogar”, explica.

La jornada comienza cada mañana con una rutina que no entiende de pausas: revisar el estado de los animales, realizar limpiezas, preparar la comida y administrar los tratamientos veterinarios. A mediodía llegan las comidas, algunas adaptadas a necesidades específicas, mientras que por la tarde el refugio reserva tiempo para los paseos, las visitas y las personas interesadas en adoptar.

La actividad diaria refleja la dimensión de un problema que continúa presente en las islas, ya que entre 4.000 y 6.000 animales de compañía son abandonados cada año en Canarias. Además, según los últimos datos de los colegios de veterinarios de las islas, solo el 10 % de los perros y el 1 % de los gatos están identificados con microchip.

Mobiliario deteriorado, grifos rotos y problemas con el suministro eléctrico forman parte de las carencias que denuncia la asociación.

Adepac acoge una media de 300 animales, una cifra que se traduce en importantes necesidades económicas y materiales. Los salarios, la alimentación y la atención veterinaria representan algunos de los principales gastos, especialmente cuando se necesitan pruebas diagnósticas, tratamientos o intervenciones de urgencia.

A estas dificultades se suma el estado de unas instalaciones que requieren mejoras. Mobiliario deteriorado, grifos rotos y problemas con el suministro eléctrico forman parte de las carencias que denuncia la asociación. “No es que queramos tener un albergue de lujo. Es que son unas necesidades básicas para vivir y trabajar de forma correcta”, señala Tovar.

Mantener el proyecto tampoco resulta sencillo para quienes llevan décadas al frente. Tovar reconoce que ha pensado en abandonar en más de una ocasión, aunque el vínculo con los animales termina pesando más que el cansancio. “Estoy ya cansada, no de ellos, sino de la Administración, de las trabas, del papeleo, de tantos informes y de tantas cosas que no llevan a nada. Pero cuando llego aquí y los veo a ellos, tengo que seguir”, afirma.

La financiación es uno de los principales obstáculos. La presidenta recuerda que la asociación recibió financiación del Cabildo desde 2009, una ayuda que, según explica, se interrumpió posteriormente. “Hoy en día vivimos de la caridad de la gente”, asegura. Las donaciones se han convertido así en un respaldo fundamental para cubrir los gastos y garantizar la atención de los animales.

Detrás de cada jaula hay una historia. Algunos animales han sido encontrados vagando por carreteras; otros han pasado años atados o viviendo en condiciones extremas. También están quienes conocieron un hogar y acabaron en el refugio cuando sus propietarios dejaron de hacerse cargo de ellos.

Bianca es uno de esos casos. Lleva alrededor de nueve años en Adepac y recientemente sufrió un importante derrame hemorrágico. Tras recibir atención veterinaria y someterse a las pruebas necesarias, regresó al refugio. Su historia representa, según Tovar, uno de los principios que guían el trabajo de la asociación: luchar por la vida de cada animal. Una decisión que puede implicar elevados costes, pero que el equipo considera que merece la pena.

No todos encuentran una familia en pocas semanas. Mientras esperan, necesitan alimentación, atención veterinaria y cuidados, pero también recuperar la confianza en las personas. Para ello, el refugio permanece activo los 365 días del año, con la colaboración habitual de entre 20 y 30 voluntarios durante la semana.

Sacar a los perros a pasear, colaborar en actividades, vender rifas o acompañar a los animales a sus revisiones veterinarias son algunas de las tareas que permiten sostener el día a día de Adepac. Tovar subraya que cualquier aportación de tiempo puede marcar la diferencia: “Una hora de su tiempo libre supone la salida de cuatro jaulas, cuatro perros que van a estar fuera 20 minutos”, y añade, “para una persona una hora no es nada y para ellos les das la vida”.

Los voluntarios y las donaciones son “una salvación”

Carla María Pérez, cuidadora de Adepac, conoce de cerca el valor de esa ayuda. Para ella, los voluntarios y las donaciones son “una salvación” que permite al refugio continuar con su actividad. Sin embargo, el trabajo no se limita a limpiar las instalaciones, alimentar a los animales o sacarlos de sus jaulas.

“No sabes lo que es amar a los animales realmente hasta que entras aquí y ves las necesidades que tienes que cubrir”, afirma. Además de mantener unas condiciones adecuadas de higiene, los animales necesitan paciencia, especialmente aquellos que tienen miedo, y cariño, sobre todo los de mayor edad. “Con los miedosos debes tener paciencia y con los ancianos, mimo”, añade.

Mientras esperan a una familia que les ofrezca una nueva oportunidad, decenas de personas siguen dedicando su tiempo a cuidar de ellos. Una labor cotidiana, muchas veces silenciosa, que garantiza alimento, atención y protección a cientos de animales. Más de 30 años después de su creación, Adepac continúa haciendo frente al abandono animal con el mismo propósito que impulsó sus primeros pasos: que ningún animal quede atrás.

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