tribuna

De derecha, de izquierda o medio pensionista

Nuestro partido nunca dejó de revalorizar las pensiones conforme al IPC”. “No es correcto, señor Feijóo”, replicó la periodista Silvia Intxaurrondo en TVE cuando el candidato del PP era favorito en 2023 y el desliz le costó caro en las urnas. La catarata de patinazos en la misma formación engorda ahora el déjà vu de los errores de la derrota histórica.

Estas elecciones no se condicen con la mera alternancia. Hay una carta bajo la manga, un aviso a navegantes, que el dividido séquito a la izquierda del PSOE (salvo Canarias y Comunidad Valenciana) ignora de forma agravada. Las disculpas de Irene Montero y Rufián se van por el desagüe y ya no será mérito de ellos, lo saben. Está en juego un cambio de rumbo de 180 grados. Es una tendencia en toda la galaxia, pero falible: los casos de Hungría, Polonia y EE.UU. el 3 de noviembre. Una España disruptiva es ahora el laboratorio de Europa 2027. En la cumbre de Bruselas, Sánchez hizo votos por que siga siendo la anomalía ideológica y migratoria de la UE.

¿Qué hay en el tubo de ensayo de las elecciones españolas el 29N? La vivienda desplaza a Ceuta y la inmigración, y una candidata portavoz socialista se aparta por tener una pareja inmobiliaria. Son las uvas de la ira de Steinbeck sobre la mesa: se discute de salarios, de alquileres y desahucios, de pensiones. No va de odio, sino de la vida.

Los pensionistas (un nicho electoral de diez millones más otros cuatro antes de 2030) están con la mosca detrás de la oreja. En Fuenlabrada, Sánchez dijo ayer que “las pensiones no se tocan”. De la mano de Begoña Gómez, convertida en ticket electoral, recitó: “Los recortes, siempre los recortes, cómo les gusta la motosierra, y los sacrificios para los de abajo, nunca para los de arriba”. El iluso superviviente de 2023 aspira a “ganar con una mayoría mucho más amplia”, y blinda la subida de pensiones para diciembre, con la derecha y la ultraderecha sincerándose proprivatización.

¿Ante el caos de mensajes, qué es lo que más ha puesto nervioso al PP en este pistoletazo electoral con el que soñaba? Sorprende el antiestético SOS de periodistas pidiendo al partido que disimule, que no se pegue tiros en el pie. Así, Eduardo Inda (OKdiario) rogando en Cuatro, ante Iker Jiménez, “que se callen sobre las pensiones, que hablen el 30 de noviembre, el 1 de diciembre, el 10 de enero, cuando estén formando gobierno, pero antes, por favor, que estén callados, que ya pasó en la entrevista de Feijóo con Itxaurrondo”.

Esta es la secuencia del gatillazo en la televisión pública (17 de julio de 2023). La periodista le niega la mayor a Feijóo: que “no es correcto” que, según él, el PP actualizara siempre las pensiones con el coste de la vida, y el gallego se revuelve ufano:

-“Es absolutamente correcto.”

-“No lo hicieron ni en 2012 ni en 2013 ni en 2017.”

-“Yo no sé de dónde saca usted eso. Se lo vuelvo a reiterar… Revise usted los datos.”

-“No, mis datos son correctos, señor Feijóo. Ni en 2012 ni en 2013 ni en 2017.”

Había pisado un charco y rectificó en redes sociales. Ahora, Cayetana Álvarez de Toledo -otra que se sincera- anuncia a Ana Rosa que, una vez en el poder, acabarán “con las Intxaurrondo”.

El clásico de las pensiones ha regresado al hit parade electoral en boca del PP. La portavoz, Ester Muñoz, confesó que el sistema “va a petar” y el PP será “valiente” y lo cambiará “porque no funciona”. Pero las campañas no soportan vómitos de verdad.

El diputado Figaredo, brioso portavoz económico de Vox, dio por muerto el modelo público de pensiones y propuso privatizarlo “cuando lleguemos al Gobierno”. Abascal lo desautorizó con la boca chica.

Como una ironía de campaña, Feijóo intervino ayer en el Congreso Estatal de Unidad Progresista de la ONCE, con consignas travestidas, como “cuidar el Estado de bienestar y los servicios públicos”. Venía de meter la pata hasta el corvejón pidiendo “sacrificios”, palabra desterrada de cualquier tribuno antes de votar. Había entrado como elefante en cacharrería en otro charco maldito, las bajas laborales, que calificó de “cáncer” y dio una patada al aire, sugirió que las altas, en lugar de los médicos, las den las mutuas, gestionadas por empresarios. “Poner a los zorros a cuidar las gallinas”, protestaron los sindicatos.

Ayuso se apuntó al bombardeo de los jubilados, harta de la huelga de profesores y la acampada de los Maricarmen cada vez que se asoma por la ventana del despacho en Sol y detesta el corrillo de vagabundos como desde un ático en Chamberí.

Los voceros mediáticos hablaban de suicidio electoral, y Feijóo tomó nota el jueves. Esa mañana leyó el barómetro del CIS. Doce puntos de ventaja del PSOE. No se lo creyó, pero era un jarro de agua fría. Y se acordó de Intxaurrondo. Entonces, desde Bruselas, alzó la voz: “Las pensiones son innegociables, y ya se acabó. ¿Se actualizarán conforme al IPC? Sin duda.” Y todos anestesiados, así se sea de derecha, de izquierda o medio pensionista. Hasta el 29 de noviembre.

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