tribuna

El vía crucis de Maricarmen

El caso español es algo realmente insólito. En Europa, la ultraderecha y la derecha, que calientan motores para ir a las urnas en 2027, se preguntan cómo el guión ha podido girar aquí de la crisis migratoria de Ceuta, tan idóneo para el votante conservador, hacia un mantra izquierdoso como los desahucios, que, para colmo, protagoniza una anciana que ha muerto.
Repasar las declaraciones de Maricarmen durante su vía crucis es un ejercicio obligado para conocer su versión de primera mano, cuando ya el personaje está siendo martirizado en las guaridas de la polarización. “Yo puedo ser la mecha que enciende una primera vela, pero detrás tienen que venir muchas velas y que la gente no se marche”, dijo pocos días antes de morir. Hablaba como una persona muerta en vida a los 87 años, al cuarto intento de desahucio, con la condena aplazada en el corredor de la muerte. Maricarmen fue una celebridad en 2026, pero su caso llamó la atención en 2024. “Si me van a cortar el cuello, será luchando…, no marchándome por la noche con una maleta”, dijo cuando era una desconocida.
A David Uclés (El País), en la víspera del desalojo definitivo, le habló también de la muerte, quería morir en la casa donde despidió a su padre, de un infarto, en el dormitorio grande; a su madre, en la cama una mañana en que durmieron juntas, y a su hermano, pero las cenizas que las echaran en el Cantábrico.
Ahora se habla de su muerte con un desatino inhumano en los arrabales de la derecha política y mediática: la asesinó el Gobierno, fue elegida en un casting en La Mareta por una cábala siniestra, con camilla incluida, para la performance de la vivienda.
“En casa me siento a salvo. No existo sin ella”. Maricarmen, epitafio tras epitafio, sacudía conciencias, y sus caseros, abochornados, le devolvieron las llaves del piso al que no volvería jamás. La habían sacado con los pies por delante.
Saldrán de nuevo las llaves a la calle en la huelga general, y la subida de los salarios y la reducción de la jornada…, lagarto, lagarto, reniega Feijóo, que solo cambia de tema (Ceuta) para maldecir las bajas médicas, aunque sea impopular: “Si la gente no quiere votarme, que no me vote”, se le escapó tirando piedras sobre su tejado. Ahora dicen que es la última vez que se presenta, entre risitas de Ayuso.
En ese ecosistema, los alaridos del ministro Óscar Puente con una pierna rota en el pasado venden en las redes sociales del PP, y la que sueña con la derrota del gallego para postularse lanza sus memorias exprés con la crisis del ático, que precedió al mito/mártir de Maricarmen. La señal del cambio de tercio, de Ceuta al sector inmobiliario.
La política nacional va aprendiendo que nada está escrito. La lección de Maricarmen fue traer al primer plano los problemas de la gente. Pudo haber sido una difunta anónima, pero se hizo mundialmente famosa y, del Guardian al New York Times, la prensa extranjera sacó su muerte en portada, para afrenta de medios españoles que no lo hicieron, para no molestar al PP. La ONU había emitido una resolución con su nombre y el relator especial de vivienda, Koldo Casla, abogó en su defensa. La del casting…
Ayuso y Almeida -¡qué dos papelones!-, a los que Maricarmen puso de chupa de dómine en la declaración donde reprendía al presidente, vetaron el minuto de silencio. Hace un año, en Nuevas Generaciones lo guardaron por Charlie Kirk, el joven trumpista asesinado en un campus universitario.
Tampoco se explica el silencio sobre Maricarmen de los reyes, que el martes viajan a Ceuta y Melilla, en un clima tenso tras el discurso de Mohamed VI contra la “presión, amenaza y chantaje” de España por “las declaraciones irresponsables de sectores políticos y mediáticos”. Lo cual es un aviso a Canarias ante la posible llegada de pateras. Maricarmen nos distrajo del tiberio con Marruecos alentado por PP y Vox cuando ya Cayetana Álvarez de Toledo pedía sacar al Ejército bajo el artículo 8 de la Constitución y atacar a los que llegaran a nado. Por quinta vez, Feijóo ha vuelto a Ceuta a arrancar la campaña con Vivas. Pero no eran Tip y Coll, pocas bromas.
La anciana dejó una máxima lapidaria: “Os pido a todos valor, luchar y defender lo que es vuestro”. En la marcha fúnebre del sindicato de inquilinas, desde la ciudad ácrata de la acampada del Sol hasta el portal de su casa, se leía en una corona de flores naranjas: “Murió en acto de servicio en defensa de su dignidad”.
Es un fenómeno inusual en la vida política cotidiana de Europa, solo comparable con los estudiantes franceses tomando la calle, porque la estética trumpista prefiere un odio fantasmagórico. Y ella traía a colación algo corriente: los problemas reales.
“Yo sé en el cacao que estoy metida”, decía. Habría que remontarse a los suicidios de Grecia en la Plaza Sintagma durante la Gran Recesión, que, por desgracia, se repiten en la España desahuciada que Maricarmen simbolizaba en vida y ahora, sobre todo ahora, simboliza, después de muerta.

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