El alpinista canario logra recuperar el material de escalada sepultado en el Campo Base nepalí y mantiene intacta su voluntad de regresar para afrontar los 8.163 metros de la octava montaña más alta del planeta.
Después de semanas de incertidumbre, decisiones difíciles y una larga espera en Nepal, Juan Diego Amador regresa a Tenerife. Lo hace poniendo punto final a esta edición del Desafío Colossus, pero no al sueño de alcanzar la cima del Manaslu. La montaña, una vez más, ha impuesto sus propias reglas y ha recordado que, en el alpinismo, la voluntad humana debe convivir siempre con la fuerza imprevisible de la naturaleza.
El alpinista y geógrafo canario viajó a Nepal a comienzos de septiembre con el propósito de ascender el Manaslu (8.163 metros), la octava montaña más alta del planeta. Afrontaba el reto con la experiencia acumulada durante décadas de actividad en grandes montañas y con la ilusión de sumar un nuevo capítulo a su trayectoria deportiva. Sin embargo, las condiciones meteorológicas terminaron por truncar sus planes.
Un episodio meteorológico excepcional, asociado a un ciclón, descargó sobre el macizo más de dos metros de nieve, dejando la montaña impracticable durante semanas y elevando considerablemente el riesgo de avalanchas. Un escenario que obligó al equipo a abandonar cualquier posibilidad de continuar con seguridad.
El 27 de septiembre, Amador comunicó desde el Campo Base la necesidad de evacuar la zona cuanto antes. Las autoridades nepalíes habían recomendado el desalojo ante la gravedad de la situación, mientras la acumulación de nieve y la inestabilidad del terreno hacían cada vez más peligroso permanecer en la montaña.
La preocupación aumentó todavía más tras conocerse la tragedia ocurrida en el Himalchuli, una montaña vecina, donde una avalancha sepultó un Campo Base y causó catorce fallecidos. La dimensión de lo sucedido confirmó la gravedad de unas condiciones que ya no permitían seguir adelante con garantías.
Ante esta situación, Juan Diego Amador descendió hasta la población más cercana para ponerse a salvo. Después de comprobar que el riesgo persistía y que la montaña continuaba siendo inaccesible, decidió trasladarse a Katmandú, la capital nepalí, a la espera de poder recuperar el material deportivo que había quedado abandonado bajo la nieve en el Campo Base.
Fueron días de incertidumbre, gestiones y paciencia. Finalmente, después de diez días de espera, obtuvo autorización para regresar a la zona y recuperar sus pertenencias. Hace apenas tres días consiguió rescatar el material, una operación fundamental para cerrar esta expedición y conservar los equipos necesarios para un futuro intento.
Todo el material recuperado ha quedado ahora a buen recaudo en Katmandú. Para el alpinista canario, este desenlace no supone una renuncia definitiva, sino una interrupción forzada de un proyecto que siente todavía pendiente. «Siento que realmente no he podido intentar escalar esta montaña. Cuando habíamos logrado instalar el Campo II, a unos 6.500 metros, nos llegó la desafortunada noticia y tuvimos que retirarnos. Mi intención es
volver en cuanto pueda para terminar lo que dejé a medias», explica Amador.
Sus palabras reflejan la frustración de quien ha trabajado durante semanas para alcanzar un objetivo que finalmente ha quedado fuera de su alcance, pero también la determinación de quien entiende que la montaña exige saber esperar y, llegado el momento, saber retirarse.
El Desafío Colossus concluye así una edición condicionada por circunstancias extraordinarias, en la que la seguridad ha prevalecido sobre cualquier aspiración deportiva. Porque hay decisiones que definen a un alpinista tanto como las cumbres que alcanza, y regresar a casa cuando las condiciones dejan de ser seguras forma parte inseparable de
este deporte.
Juan Diego Amador ha salido esta madrugada de Nepal y, tras hacer escala en Doha y Madrid, tiene prevista su llegada a Tenerife en torno a las 20:00 horas del lunes 12 de octubre.
Vuelve sin la cima que había ido a buscar, pero con el material recuperado, la experiencia de una expedición marcada por la adversidad y un nuevo proyecto que ya comienza a tomar forma en su horizonte. El Manaslu seguirá allí, aguardando otra oportunidad

