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Qué país

Más muertos, más tristeza, más mala suerte, más caos, no sé, me da que nos ha caído encima el gafe más perverso. Pero hay que seguir viviendo, claro. Con la cosa como está, a uno no le dan ganas de hacer humor, ni de vacilarse de uno mismo, que es tan sano. Estamos en un bucle del que no salimos y eso a mí no me gusta. Hasta me cuesta redactar el puto folio, que es algo que casi nunca ocurre. Incluso anoche no pude asistir a la gala del DIARIO porque me pusieron casi al mismo tiempo la consulta del médico, así que la veré por Atlántico Televisión. A la hora en que escribo no se ha celebrado, pero supongo que habrá conseguido la brillantez de siempre. Me alegro, porque se pone mucho cariño en la organización y entrega de esos premios Taburiente, que se han convertido en un referente. Es la única alegría de la semana esta gala, que premia a los mejores. Vamos a ver si el país se tranquiliza, aunque me parece difícil. Y a la extrema derecha que no la cague con banderas de Falange. No me jodas, la Falange es historia, guarden esos apolillados trapos y trabajen todos por España, pero desde la senda constitucional, defendiendo las ideas de cada cual y limpiamente. Las viejas banderas no tienen que volver a salir, e incluyo a la republicana. Todo eso se murió. Ahora tenemos una Constitución que debería ser el libro sagrado de los españoles. No echemos a la basura más de 50 años de democracia, ni desperdiciemos la cultura adquirida. Me está cansando mucho todo esto, porque este país, que supera siempre sus crisis -aunque sea a costa del ciudadano-, no merece ni los vandalismos, ni las acampadas, ni las banderas viejas ni otra que no sea la de España, que votamos la mayoría de los españoles aprobando la Constitución. Qué país.

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