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El imbécil de Bob Dylan

El cantante Bob Dylan, considerado uno de los padres del rock, o algo así, fue recibido por el papa León XIV. Y el muy hortera se presentó en el Vaticano con una sudadera negra y con la capucha puesta. Un mentecato. Además, llevaba un paraguas, por si llovía dentro de la sede papal. Dylan ya demostró que es un maleducado cuando no acudió a recoger el premio Príncipe de Asturias, en 2007 o por ahí. A quién se le ocurre conceder ese galardón a tremendo bernegal, antisocial y narciso, por muy buen músico que sea, que a mí desde luego sus letras no me dicen nada. Miren, me conmueve menos Bob Dylan que una canción muy bonita que aparece en un anuncio que está vigente en las televisiones de España, editado por la agencia Sioux and Cyranus, y que han compuesto con motivo de la fusión de dos compañías de seguros: Caser y Helvetia, que se queda con el segundo nombre. La canción habla de la evolución de la sociedad española desde el hispano Tesifonte hasta nuestros días, aunque hay que reconocer que últimamente anda España bastante desquiciada. Yo no me voy a gastar un euro en comprar la autobiografía de Dylan, cuyo volumen I le regaló al papa, que seguro que la leerá porque si lo recibe en el Vaticano es que le interesa eso de Blowin in the wind, que es casi un oxímoron, porque significa flotando en el viento. Díganme ustedes a quién se le ocurre flotar en el ventarrón. En fin, que me cabreé viendo la foto del tal Dylan en los apartamentos papales vestido de black bloc, esos locos de negro, esos asnos amorales instalados en las redes sociales que lo destruyen todo. Lo que yo no sé es cómo el estricto protocolo vaticano dejó pasar a Dylan por las puertas del pequeño estado sin la vestimenta que exige hasta a los reyes y jefes de Estado. Adiós, Dylan, imbécil.

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