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La Policía Local del Puerto

El viernes, de madrugada, llamé a la Policía Local del Puerto de la Cruz, cuya comisaría está a unos cientos de metros de mi casa. Un tipo le estaba dando patadas a las papeleras frente a mi balcón, armando bulla y peleándose con un cajero de la Caixa. Al minuto llegaron tres coches patrulla, dos de la Policía Local y uno de la Policía Nacional, si no recuerdo mal. Quiero felicitar a los agentes, que detectaron enseguida al individuo escandaloso y supongo que lo habrán identificado. Hay gente que se cree con derecho a turbar el descanso de los vecinos y a estropear el mobiliario urbano y ensuciar la ciudad. A los diez minutos había un empleado de la limpieza recogiendo los desperdicios que había vertido a la calle el tipo antisocial. La verdad, así da gusto. Los servicios funcionan en la ciudad, la Policía funciona. Y mi deber como ciudadano es contarlo para que se conozca y para que los portuenses sepan que el Puerto de la Cruz es tranquilo y seguro. En unos tiempos en los que España no va demasiado bien, hay que aplaudir que los empleados públicos estén comprometidos con los ciudadanos a los que sirven. Estoy acostumbrado a leer críticas a las fuerzas del orden público y me parecen totalmente injustas. He vivido algunas situaciones desagradables, he visto actuar a los agentes y los tengo que felicitar. Mi calle se ha convertido en una caja de resonancia, lo he dicho alguna vez. Los usuarios la pagan con los cajeros; y el cajero no puede soltar dinero si el cliente del banco no dispone de él. Pero se toman dos copas y le gritan y golpean a la máquina, exigiéndole explicaciones, sin consideración hacia las personas que descansan. Gracias, agentes, por la rapidez con la que actuaron. Me siento seguro en esta ciudad.

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