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conversaciones en los limoneros

Mila Pacheco: “No estoy en política porque no me dejarían ser yo misma”

Decana del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife

Mila Pacheco Pérez (Puerto de la Cruz, 1976) es abogada y mediadora desde hace más de 20 años, con despacho abierto en el Puerto de la Cruz. Es máster en Mediación y Negociación de Conflictos, con formación en liderazgo y buen gobierno. Actualmente finaliza un grado de Criminología en la UNED. Desde enero de 2026 es decana del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, vicepresidenta primera del Consejo Canario de Colegios de Abogados y consejera del Consejo General de la Abogacía Española. Es profesora de Derecho Procesal y ha recibido la Medalla al Mérito de la Justicia Canaria, en su categoría de oro, y la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco. Se define como “una persona apasionada por el Derecho y por seguir aprendiendo. Soy una mujer trabajadora, curiosa y perseverante, convencida de que merece la pena implicarse para intentar mejorar las cosas”. Viajera impenitente, siempre lo hace en agosto. Luego les contaré, y ella también, más cosas de sus viajes. Mila es una excelente conversadora, una persona cercana, con la que a uno se le pasa el tiempo volando, como ocurrió durante la entrevista. Además, es una excelente fotógrafa y toma notas de sus viajes, probablemente para un día plasmar sus vivencias en un libro. Desde luego, la animo a que lo haga.

-Y con tanto trajín, ¿por qué te presentaste al decanato?
“Porque llevaba tiempo en que veía cosas que podían mejorar y no quería limitarme a comentarlas desde fuera”.

-Es muy bonito eso.
“Yo había sido vicedecana, conocía bien el Colegio, sus fortalezas y sus carencias. Me sentía preparada para dar un paso adelante, para asumir la responsabilidad de dirigirlo y de formar un equipo con el que trabajar por un Colegio más eficaz, cercano, participativo, que escuchara a sus colegiados y que les sea verdaderamente útil. Y, sobre todo, porque me importa y me preocupa mucho la situación por la que atraviesa nuestra profesión”.

-Supongo que no será fácil el ejercicio de la abogacía.
“Conozco lo que viven los compañeros cada día: el estrés, los plazos, las dificultades para conciliar, el trato que en ocasiones reciben, la incertidumbre de muchos de ellos ante su jubilación. Y, además, cuando algo me importa me cuesta mucho quedarme de brazos cruzados”.

-Esta pregunta la he hecho alguna vez, Mila. Los jueces y los fiscales acceden a la sala por el estrado, mientras el abogado espera en la propia sala. ¿No huele a connivencia?
“Entiendo perfectamente la impresión que esto produce”.

-¿Y qué opinas?
“Pues que la Justicia no sólo tiene que ser imparcial, sino que también tiene que parecerlo. Ahora bien, compartir una puerta o un pasillo no demuestra, por sí mismo, una connivencia. Lo que sí creo es que debemos cuidar muchísimo las formas, porque la confianza de los ciudadanos en la Justicia es esencial. Pero a mí me preocupan más determinadas situaciones que se producen, como que se negocie una conformidad entre el fiscal y el abogado en presencia del juez, o que en ocasiones se trate al abogado como si fuera un mero espectador, cuando es una pieza esencial del proceso. La abogacía ejerce una función constitucional imprescindible y merece el mismo respeto y consideración que el resto de los operadores jurídicos. Se trata de que todos ocupemos el lugar que nos corresponde y nos tratemos con el respeto que merece nuestra función”.

-Y otra pregunta, que siempre me da vueltas. ¿El fiscal en España defiende la legalidad o casi siempre acusa?
“El Ministerio Fiscal está para defender la legalidad, los derechos de los ciudadanos y el interés público, no para acusar a toda costa”.

-A veces lo dudo, letrada.
“Puede solicitar una condena, pero también una absolución cuando las pruebas no permiten sostener una acusación. Ahora bien, entiendo perfectamente tu pregunta porque retirar una acusación, una vez formulada, no siempre resulta sencillo, al funcionar el Ministerio Fiscal bajo un principio de dependencia jerárquica y existir mecanismos de control y supervisión de esas decisiones. Es importante recordar que la función del fiscal no es conseguir condenas, sino contribuir a que se haga justicia. Y esto significa también saber dar un paso atrás cuando las pruebas no sostienen una acusación. Porque detrás de cada procedimiento hay personas y sus vidas pueden verse profundamente afectadas”.
(Vamos a los viajes. He tomado nota de que Mila Pacheco ha estado entre otros países, en China, Corea del Sur, Birmania, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia, Mongolia, Hong Kong, ha viajado en el mítico Transiberiano (“que no es nada cómodo”, me dice), Sri Lanka, Kenia, Tanzania. Un reportaje suyo sobre Kenia publicado en este periódico me encantó. Hay una novela en su relato y en sus fotos de un hombre que arreglaba paraguas en una aldea de Kenia. Cuando realizó su primer viaje tenía 28 años. Su hermana mayor vivía en Ámsterdam, y en una visita a esta ciudad, decidió que conocería el mundo. Siempre viaja sola. Es una mujer valiente. Luego seguiremos hablando de esos viajes. Ahora le pregunto por qué no se ha metido en política y su respuesta merece un titular).

-¿Por qué?
“Pues porque no me dejarían ser yo misma. Yo no sigo directrices, tengo proyectos y los comparto con mi equipo”.

-¿Por qué eres tan categórica en esto?
“Porque necesito sentirme libre para decir lo que pienso, reconocer cuando alguien tiene razón y discrepar cuando no la tiene, venga de donde venga. No quiero que unas siglas condicionen mi criterio. Desde el Colegio hablo con representantes de todas las instituciones y de distintas sensibilidades políticas, porque lo que importa es conseguir soluciones para la abogacía y para la ciudadanía”.

-¿Te quita mucho tiempo de tu profesión el cargo de decana?
“Bastante. Si te dijera otra cosa, no diría la verdad. El Colegio no tiene horario: reuniones, llamadas, incidencias, compañeros que necesitan ayuda, asuntos urgentes que surgen cuando menos te lo esperas. Y cuando me comprometo con algo, me implico de verdad. El cargo de decana no es remunerado, por lo que debo compatibilizar esta responsabilidad con mi actividad profesional, algo que no siempre resulta sencillo. Lo cierto es que, a día de hoy, las horas no me alcanzan. Pero creo en lo que estamos haciendo, me entusiasma pensar en todo lo que podemos conseguir y tengo la suerte de contar con un equipo extraordinario con el que comparto ilusión y compromiso. Esto hace que, pese al esfuerzo, merezca la pena”.

–Tu pasión por el Derecho Penal te animó a estudiar Criminología. ¿Y eso, Mila?
“Es verdad, el Derecho Penal me apasiona, porque te coloca frente a lo más complejo del ser humano”.

-Creo que tienes razón.
“Me interesa comprender qué lleva a una persona a actuar de una determinada manera, qué circunstancias la rodean y qué consecuencias tienen para las víctimas. Estudiar Criminología me permite profundizar en disciplinas tan interesantes como la psicología, la sociología o el estudio de la conducta delictiva y comprender cómo influyen el entorno familiar, social y personal en nuestras decisiones. Creo que una buena defensa exige conocimientos jurídicos, pero también saber escuchar y mirar más allá del expediente. A veces, la realidad humana es mucho más compleja que cualquier artículo del Código Penal”.

–Bueno, volvamos, si te parece, a tus viajes por el mundo. ¿No te da miedo andar sola por ahí?
“No. Soy bastante independiente y me encanta descubrir lugares, conocer otras culturas y formas de entender la vida. Me fascina, por ejemplo, comprobar las diferencias entre el mundo oriental y el occidental, la manera de relacionarse las personas, los valores, las tradiciones y también la importancia que se da a la comunidad frente al individuo. Viajar te abre la mente, te ayuda a cuestionar muchas cosas que damos por sentadas y te enseña que no existe una única forma de vivir. Y hacerlo sola me permite ir a mi ritmo, observar, conocer gente y poder estar también conmigo misma. Naturalmente, tomo mis precauciones, pero nunca he creído que el miedo deba impedirnos hacer lo que realmente deseamos”.
(Hemos vuelto al tema de la abogacía. Y le pregunto a la decana sobre algunos problemas profesionales y sobre la conciliación. Mila responde: “Son cuestiones que no se resuelven de un día para otro, pero estamos dando pasos. Para mí es fundamental que la abogacía reciba el respeto y la consideración que merece. No podemos normalizar que un abogado pase horas esperando sin información, que no disponga de un espacio reservado para atender a su cliente o que encuentre obstáculos constantes para ejercer su trabajo. Y añade:)
“Estamos trasladando estas situaciones a las instituciones y buscando soluciones, porque no basta con denunciar los problemas, hay que intentar resolverlos. Y en cuanto a la conciliación, queda mucho por hacer. Tenemos que conseguir que atender a la familia, cuidar de nuestra salud o simplemente tener una vida personal no se convierta en una carrera de obstáculos. Sé que los cambios llevan tiempo, pero no estoy dispuesta a resignarme a que las cosas sigan como están”.

–¿Cuántas puertas abre el cargo?
“Representar a una institución como el Colegio de Abogados te permite sentarte en mesas donde se toman decisiones, se pueden trasladar problemas y conseguir que se escuche la voz de la abogacía”.

–Entendido.
“Ahora bien, que te reciban no significa que te hagan caso. Después hay que trabajar, insistir, dialogar y, cuando es necesario, defender con firmeza nuestras reivindicaciones. No me impresiona especialmente entrar en un despacho importante. Lo que de verdad me satisface es salir de él habiendo conseguido algún avance que contribuya a mejorar la situación de mis compañeros”.

–Las condecoraciones recibidas, ¿qué suponen para ti?
“Más que esas medallas en sí lo que me emociona es que se reconozca el trabajo que hay detrás. En un caso, un proyecto de mediación que llevamos años desarrollando, que ayuda a los ciudadanos a resolver sus problemas de forma rápida y eficaz y que ha abierto nuevas oportunidades profesionales a los abogados formados como mediadores. En el otro, la organización de un servicio que permite garantizar la asistencia jurídica a las personas migrantes que llegan a nuestras islas, con toda la complejidad que ello supone. Son trabajos muy distintos, pero ambos buscan dar respuesta a necesidades reales. Y ninguno de ellos habría sido posible sin la implicación de las personas que me han ayudado a llevarlos a cabo. Por eso, aunque sea yo quien reciba las medallas, el reconocimiento pertenece también a esas personas”.

–¿Cuál es la esencia de la mediación? ¿Qué se consigue exactamente?
“Algo que parece sencillo y que, sin embargo, es difícil: que dos personas enfrentadas vuelvan a escucharse. En un juicio, un tercero decide y, normalmente, una parte gana y otra pierde. En la mediación son las propias personas las que, con la ayuda de un profesional, buscan una solución. Para mí esto tiene algo profundamente humano y me parece muy gratificante acompañar a las personas en ese proceso y comprobar cómo, a través del diálogo, pueden superar sus diferencias y encontrar caminos que antes parecían imposibles. Porque, al final, no se trata sólo de resolver problemas sino también de recuperar algo tan valioso como es la capacidad de entendernos”.

-No hay más preguntas, letrada.

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