350.000 coches Volkswagen y Audi abandonados en el desierto: el «cementerio del Dieselgate»
En medio del desierto de Mojave, en California, miles de coches Audi y Volkswagen llevan más de una década acumulando polvo bajo un sol implacable. Aparcados en filas perfectamente alineadas, configuran uno de los paisajes más insólitos del mundo del automóvil contemporáneo: el conocido como «cementerio del Dieselgate». Diez años después del estallido del escándalo de emisiones más sonado de la historia reciente de la industria, alrededor de 350.000 vehículos del grupo alemán siguen allí, a la espera de un destino final.
El lugar, situado en las inmediaciones del aeropuerto de Victorville, es solo uno de los cerca de 40 centros de almacenamiento que el Grupo Volkswagen habilitó en territorio estadounidense para custodiar los vehículos recomprados a sus propietarios. Entre ellos figuran ubicaciones tan curiosas como un estadio de fútbol abandonado y una antigua fábrica de harina en Minnesota. Pero ninguno alcanza el impacto visual del campa californiano, donde las filas interminables de carrocerías negras, blancas y grises se entremezclan con aviones desguazados.
Cómo empezó todo: el escándalo Dieselgate de 2015
El origen de los coches y del fenómeno se remonta a septiembre de 2015, cuando la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) emitió una notificación de infracción contra el Grupo Volkswagen. La investigación descubrió que ingenieros de la compañía habían instalado un software ilegal en las unidades de control electrónico (ECU) de los motores diésel de varios modelos. Ese software era capaz de detectar cuándo el vehículo estaba siendo sometido a una prueba de emisiones, ajustando temporalmente sus parámetros para cumplir con los límites legales.
Pero en condiciones reales de circulación, los coches emitían hasta 40 veces más óxidos de nitrógeno (NOx) de lo permitido. El descubrimiento desencadenó una crisis sin precedentes para el fabricante alemán, propietario también de Audi, Seat, Skoda, Porsche y Lamborghini, entre otras marcas.
El Grupo Volkswagen llegó a almacenar en territorio estadounidense aproximadamente 400.000 vehículos recomprados durante la fase más intensa del escándalo Dieselgate.
7.400 millones de dólares para recomprar coches
La respuesta de la compañía fue contundente, aunque forzada por la presión judicial y regulatoria. El grupo lanzó un masivo programa de recompra que costó alrededor de 7.400 millones de dólares, destinado a retirar de la circulación los vehículos manipulados que ya estaban en manos de propietarios estadounidenses. La escala del problema sobrepasó las capacidades logísticas del fabricante, que se vio obligado a habilitar instalaciones de almacenamiento por todo el país.

Entre todas, la del desierto de Mojave se ha convertido en la imagen más icónica del escándalo. Allí, las condiciones climáticas extremas resultan paradójicamente ideales para la conservación a largo plazo de los vehículos: el aire seco previene la oxidación y la corrosión, garantizando que los coches se mantengan operativos. Aun así, las temperaturas oscilan entre el calor abrasador del día (capaz de superar los 45 grados) y los descensos por debajo del punto de congelación durante la noche.
La magnitud del fenómeno alcanzó tal nivel simbólico que en 2018 la imagen aérea del cementerio californiano, titulada «Unreal» (Irreal) y capturada por el fotógrafo y piloto Jassen Todorov, ganó el prestigioso concurso anual de fotografía de National Geographic. La imagen mostraba las filas perfectamente alineadas de coches junto a un viejo avión abandonado en lo que antes fue una base aérea, una composición que se ha convertido en una de las representaciones visuales más potentes del fraude corporativo y sus consecuencias medioambientales del siglo XXI.
Las consecuencias del escándalo fueron muchísimo más allá del campa de Mojave. Rupert Stadler, expresidente de Audi, fue detenido en Alemania en junio de 2018 en relación con la investigación judicial. La marca alemana ha pagado sanciones por valor de más de 30.000 millones de euros en distintos países y se ha visto obligada a transformar radicalmente su estrategia industrial hacia la electrificación. El «Dieselgate» pasó a la historia como uno de los mayores fraudes empresariales de las últimas décadas en estos coches.
¿Qué pasa ahora con esos 350.000 coches?
Contrariamente a lo que muchos creen al ver las imágenes virales, los vehículos del cementerio del Mojave no fueron simplemente «abandonados». Volkswagen realizaba mantenimiento periódico en sus propias instalaciones, y el plan inicial era almacenarlos temporalmente hasta que los reguladores aprobaran las correcciones de software y hardware necesarias para devolverlos al mercado.
Miles de unidades ya han sido reparadas y revendidas con éxito a nuevos propietarios. Otros tantos miles, sin embargo, han sido desmantelados y reciclados al considerar la compañía que las reparaciones no eran económicamente viables. El cementerio del desierto se ha ido vaciando poco a poco con los años, aunque su legado visual perdurará como recordatorio de uno de los capítulos más complicados de la historia reciente de la marca alemana y, por extensión, de toda la industria del automóvil.