El volcán más activo de Canarias no es el que piensas y ha entrado en erupción varias veces
Catorce erupciones en 500 años y siete cayeron en el mismo sitio de Canarias
Cuando se habla de volcanes en Canarias, todo el mundo mira hacia el mismo sitio. Pero los datos cuentan otra cosa. En los últimos quinientos años se han documentado catorce erupciones en el archipiélago, y más de la mitad se concentran en una sola zona que no es la que aparece en las postales.
El reparto es este: siete en La Palma, cuatro o cinco en Tenerife según la fuente, dos en Lanzarote y una en El Hierro. Y dentro de La Palma, casi todas en el mismo lugar: la dorsal de Cumbre Vieja, que concentra más del 50% de todas las erupciones habidas en época histórica en el conjunto de las islas.
Por qué Cumbre Vieja es el punto más activo de Canarias
No es casualidad. Las dorsales son grandes ejes estructurales, auténticas fracturas por las que el magma encuentra camino hacia la superficie con más facilidad que a través de un edificio volcánico compacto. Cumbre Vieja es la dorsal más joven y activa del archipiélago, y su historial lo demuestra.
La lista de erupciones palmeras es larga: Tacande hacia 1430, Tehuya en 1585, Martín o Tigalate en 1646, San Antonio en 1677, El Charco en 1712, San Juan en 1949, Teneguía en 1971 y Tajogaite en 2021. Esta última se prolongó 85 días y sepultó viviendas y plataneras del valle de Aridane.
La evolución volcánica de Cumbre Vieja indicaba que era la zona más activa de Canarias en época histórica, por lo que resultaba esperable que una nueva erupción se localizara allí. Y así fue en 2021.
El Teide, mientras tanto, lleva mucho más tiempo callado. La última erupción registrada en Tenerife fue la del Chinyero en 1909, y no se produjo en el pico sino en la dorsal noroeste. De hecho, el Instituto Geográfico Nacional viene señalando que una eventual erupción en la isla sería más probable en alguna de las dorsales que en el propio estratovolcán.
El récord que sí tiene otra isla de Canarias
Hay un matiz importante, porque «más activo» puede medirse de varias formas. Si hablamos de frecuencia, el campeón es Cumbre Vieja. Si hablamos de magnitud, el título se va a Lanzarote.
La erupción de Timanfaya, iniciada el 1 de septiembre de 1730, duró 2.055 días, casi seis años, hasta abril de 1736. La lava cubrió unos 146 kilómetros cuadrados, el equivalente a unos 20.000 campos de fútbol, destruyó 26 pueblos y obligó a una parte importante de los lanzaroteños a abandonar sus tierras. Es, con enorme diferencia, el episodio más extremo del vulcanismo histórico canario: el resto de erupciones duraron entre diez días y menos de cinco meses.
Lanzarote volvió a entrar en erupción en 1824, cuando se formaron los volcanes Tao, del Fuego y Tinguatón. Desde entonces, la isla no ha vuelto a registrar actividad eruptiva, aunque el suelo de Timanfaya sigue alcanzando varios cientos de grados a pocos metros de profundidad.
El dato que conviene retener es que Canarias es la única región de España con volcanismo activo, y el ritmo reciente lo confirma: dos erupciones en los últimos quince años, la submarina de El Hierro en 2011 y la de La Palma en 2021. Por eso las islas están vigiladas las veinticuatro horas del día.
Y una precisión que tiene su seguimiento en Canarias con PEVOLCA y que evita malentendidos: que una zona sea la más activa no significa que vaya a entrar en erupción mañana. Significa que, si ocurre algo en Canarias, la estadística es clara he histórica señala dónde es más probable que ocurra. Que es exactamente para lo que sirven estos datos para prevenir a los habitantes de Canarias.