Los conductores de ALSA en Canarias y Marruecos expresan su creciente malestar ante unas condiciones laborales que califican de “precarias” y “abusivas”. En ambos territorios, los trabajadores describen una realidad marcada por largas jornadas, baja remuneración y escasa conciliación familiar, en contraste con la imagen de modernización y eficiencia que la compañía de transporte proyecta a nivel internacional.
En Marruecos, donde ALSA opera líneas urbanas en ciudades como Marrakech, Agadir, Tánger o Fez, los conductores aseguran que sus salarios rondan los 400 euros mensuales, con seis días de trabajo a la semana y jornadas de ocho horas, a menudo ampliadas sin compensación. Algunos denuncian incluso prácticas no remuneradas para los nuevos empleados y presiones para prolongar los turnos o pagar de su propio bolsillo los daños que sufran las guaguas durante el servicio.
Las fuentes consultadas aseguran que las guaguas de ALSA Marruecos son “antiguas, incómodas y mal mantenidas”. Aunque el Reino de Marruecos ha realizado un esfuerzo importante en renovar su flota nacional con nuevos autobuses de fabricación china, los empleados sostienen que la gestión de ALSA no ha estado a la altura de esas mejoras. “El Gobierno está modernizando el transporte urbano, pero la empresa no mejora las condiciones de los conductores”, explica un trabajador marroquí desde Agadir.
Jornadas interminables de ALSA y caos organizativo en Canarias
En Canarias, la situación tampoco parece mejor. Los conductores de ALSA denuncian jornadas que pueden alcanzar hasta 13 horas diarias, con horarios imprevisibles y descansos insuficientes. “Nos informan de los servicios bien entrada la tarde, sobre las siete u ocho. Luego hay que madrugar y mantenerse disponibles por si nos llaman entre trayectos. Algunos acabamos horas tirados en el aeropuerto, dentro de la guagua, sin poder irnos a casa”, relata un chófer en Fuerteventura.
El testimonio coincide con el de media docena de conductores entrevistados por Canarias Ahora, que describen un panorama de carga excesiva de trabajo, vehículos en mal estado, malas compensaciones por horas extras y represalias en caso de quejas. “Aquí ni conciliación, ni gimnasio, ni vida personal. Esto no es vida para el trabajador”, afirma otro conductor que prefiere mantenerse en el anonimato.
La compañía ALSA compró en 2024 el antiguo Grupo 1844, empresa líder del transporte discrecional en las islas —excursiones, trayectos escolares y traslados turísticos— con más de 1.500 empleados y 700 guaguas en servicio en Gran Canaria, Tenerife, Fuerteventura, Lanzarote y La Palma. Sin embargo, los trabajadores aseguran que la integración en el gigante nacional ha empeorado las condiciones.
“Es un caos. La empresa está perdiendo conductores hacia otras compañías, como Global, porque aquí no hay planificación ni respeto por los turnos”, denuncian. De hecho, ALSA ha llegado a ofrecer 300 euros de bonificación a los empleados que recomienden a nuevos chóferes dispuestos a incorporarse.
Falta de transparencia y diálogo
Consultada sobre las quejas, ALSA reconoce que las cuestiones planteadas “versan sobre la organización del trabajo y las condiciones laborales”, pero evita ofrecer respuestas concretas. En un comunicado, la empresa afirma que esos asuntos “pertenecen al ámbito de negociación con la representación legal de los trabajadores” y que “no son de carácter público”.
La compañía insiste en que “todas las empresas del grupo cumplen la legislación y los convenios colectivos aplicables”, asegurando que mantiene un “espíritu de diálogo constante” con sus empleados. Sin embargo, los conductores en Canarias ponen en duda esa afirmación: “Aquí nadie escucha, solo te dicen que hay que cumplir el servicio y callar”.
Uno de los principales puntos de conflicto es la asignación tardía de horarios. Los conductores reciben su itinerario del día siguiente entre las 19:00 y 20:00 horas, y en ocasiones se les avisa incluso a las 23:00. Esto impide planificar el descanso y les obliga a estar pendientes del teléfono hasta última hora.
El convenio colectivo del transporte discrecional en la provincia de Las Palmas no fija una antelación mínima para comunicar los turnos, lo que deja un vacío legal. Además, la normativa considera la notificación de servicios como una excepción al derecho a la desconexión digital, lo que permite a las empresas modificar los horarios en cualquier momento.
Huelga en el horizonte en ALSA
Ante la falta de soluciones, los conductores de ALSA en Canarias advierten que podrían convocar una huelga si la situación no mejora en las próximas semanas.
“La gente está agotada y no ve a sus familias. Muchos están buscando trabajo en otras empresas o incluso fuera del sector”, confiesa uno de los portavoces del colectivo.
Mientras tanto, en Marruecos, los sindicatos locales también estudian nuevas protestas para exigir una revisión de los salarios y las condiciones de seguridad.
Tanto en África como en las islas, los trabajadores de ALSA coinciden en una misma frase que resume su malestar: “Transportamos a miles de personas cada día, pero somos los únicos que no sabemos a dónde vamos”.