Científicos han reabierto un hallazgo arqueológico que no tendría que estar útil en esa época por su tecnología avanzada y que llevaba más de un siglo olvidado en un catálogo. Un diminuto objeto de cobre descubierto en la década de 1920 en Badari, en el Alto Egipto, ha sido identificado ahora como el taladro rotatorio de metal más antiguo conocido del período predinástico, es decir, anterior a los primeros faraones.
El artefacto según los científicos, apareció originalmente en la llamada Tumba 3932, perteneciente a un hombre adulto. Durante décadas fue catalogado simplemente como “un pequeño punzón de cobre con una correa de cuero enrollada”. Esa descripción aparentemente trivial hizo que permaneciera sin estudio detallado durante casi 100 años.
Investigadores de la Universidad de Newcastle y de la Academia de Bellas Artes de Viena decidieron examinarlo con técnicas modernas y aumento microscópico. Sus conclusiones, publicadas en la revista especializada Egypt and the Levant, han cambiado por completo la interpretación del objeto.
Según el profesor Martin Odler, coautor del estudio, los antiguos egipcios son conocidos por sus templos y joyas, pero detrás de esos logros existían tecnologías prácticas fundamentales. “Una de las más importantes fue el taladro”, explicó, subrayando su uso para perforar madera, piedra y cuentas.

Científicos identifican el taladro rotatorio más antiguo
El pequeño artefacto pesa apenas 1,5 gramos y mide poco más de cinco centímetros. Sin embargo, presenta señales inequívocas de desgaste por perforación rotatoria: finas estrías, bordes redondeados y una ligera curvatura en la punta. Estos rasgos no corresponden a un simple punzón manual, sino a un instrumento que giraba repetidamente sobre su eje.
Las seis bobinas de cuero adheridas al objeto resultaron ser restos de la cuerda de un taladro de arco, un mecanismo que permitía girar la herramienta con rapidez y ejercer mayor presión que con la mano. Este sistema multiplicaba la eficiencia y el control en la perforación.
“El nuevo análisis aporta pruebas contundentes de que se utilizaba como taladro de arco”, señaló Odler. Esto implica que los artesanos egipcios dominaban la perforación rotatoria fiable más de dos milenios antes de los ejemplos mejor conservados conocidos hasta ahora.
Hasta este estudio de los científicos, los taladros de arco más antiguos identificados eran aproximadamente 2.000 años más recientes. Incluso las representaciones iconográficas en escenas funerarias del 1500 a. C. se consideraban referencias tempranas. Ahora, los científicos sitúan el origen documentado de esta tecnología mucho antes, a finales del cuarto milenio a. C.
El equipo de científicos también sometió la pieza a análisis químicos mediante fluorescencia de rayos X portátil. Descubrieron que no estaba fabricada con cobre simple, sino con una aleación compleja que contenía arsénico, níquel, plomo y plata.
Según el investigador Jiri Kmosek, esta combinación habría producido un metal más duro y visualmente distintivo en esta zona de Egipto. La presencia de plata y plomo sugiere elecciones metalúrgicas deliberadas y posiblemente redes de intercambio de materiales o conocimientos que conectaban a Egipto con el Mediterráneo Oriental ya en el cuarto milenio antes de Cristo.
Para los científicos, este descubrimiento no solo amplía la cronología del uso de herramientas rotatorias, sino que plantea nuevas preguntas sobre el nivel técnico de las comunidades predinásticas. La continuidad tecnológica observada durante casi dos milenios demuestra la eficacia y utilidad del taladro de arco en carpintería y producción de cuentas.
Un objeto que durante décadas fue considerado insignificante ha resultado ser una pieza clave para comprender la evolución tecnológica del antiguo Egipto. A veces, como demuestra este estudio, los grandes cambios en la historia no llegan con monumentos colosales, sino con herramientas diminutas capaces de transformar nuestra perspectiva del pasado.