La búsqueda de mundos ocultos más allá del planeta Neptuno no ha terminado. Durante más de un siglo, los astrónomos han perseguido la idea de que un planeta aún no detectado podría estar orbitando en los confines del sistema solar. Ahora, una nueva investigación publicada en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society: Letters propone un nuevo candidato: el Planeta Y, un posible cuerpo celeste que estaría provocando una misteriosa inclinación en las órbitas de decenas de objetos helados situados más allá de Neptuno.
El astro Y no ha sido observado directamente, sino inferido a partir del análisis de las trayectorias de unos 50 objetos del Cinturón de Kuiper. Este gran anillo de cuerpos helados, donde también se encuentra Plutón, muestra un patrón de inclinaciones que no encaja con los modelos actuales de formación del sistema solar. Según los investigadores, algo invisible está alterando las órbitas de estos objetos, y la explicación más plausible podría ser la existencia de un pequeño planeta escondido en las profundidades del espacio.
Amir Siraj, astrofísico de la Universidad de Princeton y autor principal del estudio, explicó que “una explicación posible es la presencia de un astro invisible, probablemente más pequeño que la Tierra y más grande que Mercurio, orbitando en las profundidades del sistema solar exterior”. Según Siraj, “este artículo no representa el descubrimiento de un astro, pero sí el hallazgo de un enigma para el cual un planeta es una posible solución”.
El enigma del Planeta Y y la historia de los mundos ocultos
La hipótesis del astro Y se suma a una larga tradición de misterios astronómicos. Desde el descubrimiento de Neptuno en 1846, los científicos han buscado nuevos cuerpos que expliquen las anomalías en las órbitas planetarias. En el siglo XX, el astrónomo Percival Lowell popularizó la búsqueda del llamado “Planeta X”, que inspiró durante décadas la exploración del sistema solar exterior.
Cuando se descubrió Plutón en 1930, se pensó que ese era el famoso Planeta X. Sin embargo, pronto se comprobó que su masa era demasiado pequeña para justificar las irregularidades observadas en los movimientos de Neptuno y Urano. Décadas después, la sonda Voyager 2 confirmó que dichas anomalías se debían a errores de cálculo y no a la presencia de otro planeta, cerrando temporalmente el debate.

Pero la discusión resurgió en 2005 con el descubrimiento de Eris, un cuerpo helado ligeramente mayor que Plutón, y con la posterior propuesta del “astro Nueve” en 2016, un hipotético gigante helado con entre cinco y diez veces la masa de la Tierra. Ahora, el Planeta Y ofrece una alternativa más modesta pero igualmente intrigante: un cuerpo más pequeño, del tamaño de Mercurio o un poco mayor, que orbitaría entre 100 y 200 veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
“Fue una gran sorpresa descubrir que, más allá de unas 80 veces la distancia Tierra-Sol, el sistema solar parece inclinarse unos 15 grados”, señaló Siraj. “Eso nos llevó a la hipótesis del Planeta Y. Probamos muchas explicaciones alternativas, pero ninguna se ajustaba a los datos. La única forma de explicar la inclinación era incluir un planeta adicional en las simulaciones.”
Los cálculos del equipo sugieren que el astro Y podría tener una órbita inclinada al menos 10 grados respecto al plano de los demás planetas. Si su existencia se confirma, sería una pieza clave para comprender la arquitectura del sistema solar y su evolución.
Aunque la evidencia no es definitiva, la significancia estadística del modelo alcanza entre un 96 % y un 98 %, según los autores. “Es una señal sólida, pero aún no concluyente”, reconoció Siraj.
La verificación podría llegar pronto gracias al Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, que comenzará a operar de forma plena este otoño. Su cámara de 3.200 megapíxeles, la más grande del mundo, tomará imágenes completas del cielo cada tres días. “Creo que en los primeros dos o tres años será definitivo”, aseguró Siraj. “Si el Planeta Y está en el campo de visión del telescopio, podremos detectarlo directamente”.
Otros expertos coinciden en que el estudio abre una vía prometedora. Konstantin Batygin, científico del Instituto de Tecnología de California y coautor de la hipótesis del Planeta Nueve, destacó que “en los próximos años, el Observatorio Vera Rubin revelará la estructura dinámica del sistema solar exterior con una claridad sin precedentes”.
Samantha Lawler, astrónoma de la Universidad de Regina, señaló que “aunque todavía no hay pruebas concluyentes de un astro masivo, sí parece haber indicios de un cuerpo más pequeño que está perturbando las órbitas de algunos objetos muy distantes”.
Desde Japón, Patryk Sofia Lykawka, profesor de ciencias planetarias en la Universidad Kindai, añadió que “la idea de que un planeta de tamaño entre Mercurio y la Tierra cause la inclinación es totalmente plausible” y que “refuerza la hipótesis de que podría existir un planeta aún no descubierto en los confines del sistema solar”.
El hallazgo del Planeta Y, de confirmarse, transformaría nuestra comprensión del sistema solar. No solo explicaría las anomalías del Cinturón de Kuiper, sino que abriría una nueva frontera en la exploración del cosmos, recordando que, incluso en nuestro propio vecindario cósmico, todavía quedan secretos por descubrir.