Desde su detección del cometa 3I/ATLAS en el sistema solar en julio de 2025, el cometa 3I/ATLAS no deja de captar la atención de la comunidad científica. Aunque la NASA aseguró que este objeto interestelar no representa ninguna amenaza para la Tierra, su origen desconocido, su comportamiento inusual y su composición química nunca antes observada mantienen a los astrónomos en alerta. Ahora, un descubrimiento reciente ha cambiado nuevamente el rumbo del estudio de estos visitantes cósmicos: por primera vez se ha detectado gas hidroxilo (OH), una huella directa de la presencia de agua, en un cometa procedente de otro sistema estelar.
El hallazgo fue posible gracias al Observatorio Espacial Neil Gehrels Swift de la NASA, que logró captar una tenue señal ultravioleta invisible desde la superficie terrestre. Los resultados del estudio, elaborados por un equipo de astrónomos de la Universidad de Auburn (Alabama, Estados Unidos), revelan que 3I/ATLAS está liberando agua de manera activa a una distancia del Sol donde los cometas del sistema solar normalmente permanecen congelados e inactivos.
Un brillo ultravioleta que reveló el secreto del cometa 3I/ATLAS
Los investigadores apuntaron el telescopio Swift hacia 3I/ATLAS pocas semanas después de su descubrimiento y detectaron un brillo ultravioleta débil pero constante, característico del hidroxilo. Este compuesto se forma cuando la radiación solar rompe las moléculas de agua, liberando oxígeno e hidrógeno. Es decir, la presencia de OH implica que el cometa está expulsando vapor de agua al espacio.
El detalle sorprendente es la distancia. Cuando se realizó la observación, 3I/ATLAS se encontraba a casi tres veces la distancia entre la Tierra y el Sol, un punto tan frío que el hielo superficial de un cometa normal no debería sublimarse en gas. Sin embargo, los cálculos del equipo mostraron que el cometa estaba perdiendo aproximadamente 40 kilogramos de agua por segundo, una tasa de actividad inusual que sugiere que el calor solar podría estar actuando sobre diminutos granos de hielo liberados desde el núcleo del cometa.
Según los científicos, este proceso permitiría que el material congelado se calentara más rápidamente y se evaporara incluso a grandes distancias. Esto explicaría por qué 3I/ATLAS muestra una actividad tan temprana y vigorosa en comparación con los cometas conocidos del sistema solar.

El profesor Dennis Bodewits, líder del equipo e investigador de la Universidad de Auburn, explicó que detectar agua o sus derivados en un cometa interestelar es como recibir un mensaje desde otro sistema estelar. “Cuando encontramos agua, o incluso su débil eco ultravioleta, estamos leyendo una nota enviada desde otro sistema planetario. Nos muestra que los ingredientes para la vida no son exclusivos de nuestro propio sistema solar”, señaló.
La astrónoma Zexi Xing, autora principal del estudio, añadió que cada cometa interestelar descubierto hasta ahora ha sido una sorpresa. “ʻOumuamua estaba completamente seco, Borisov era rico en monóxido de carbono, y ahora ATLAS libera agua a una distancia inesperada. Cada uno está reescribiendo lo que creíamos sobre cómo se forman los cometas y los planetas alrededor de otras estrellas”.
Este descubrimiento permite por primera vez comparar directamente la química de un cometa interestelar con la de los cometas del sistema solar, algo que hasta ahora solo era posible mediante modelos teóricos. Conocer cómo el calor solar activa y modifica su composición puede revelar las diferencias entre los procesos de formación planetaria en distintos rincones de la galaxia.
El regreso de un visitante del espacio profundo
Por el momento, 3I/ATLAS se encuentra temporalmente fuera del alcance de los telescopios terrestres, oculto tras el resplandor solar. Sin embargo, los astrónomos calculan que volverá a ser visible después de mediados de noviembre de 2025, cuando se aleje lo suficiente del Sol para ser observado nuevamente. Esta segunda ventana de observación será clave para comprobar si la liberación de agua continúa o si el cometa se está desintegrando, como sugieren algunos modelos.
El estudio de 3I/ATLAS representa un paso esencial para comprender cómo se comportan los objetos interestelares que atraviesan nuestro sistema solar y qué diferencias químicas presentan con los cometas que se formaron alrededor del Sol.
En palabras del propio Bodewits, “cada observación de estos viajeros estelares nos acerca a entender la historia común de la materia que compone los mundos, las estrellas y, en última instancia, la vida”.
El enigmático 3I/ATLAS continuará su trayectoria hiperbólica hasta desaparecer nuevamente en el espacio interestelar, pero deja tras de sí una valiosa pista sobre la universalidad del agua y su papel como ingrediente fundamental en la evolución cósmica.