El cometa 3I/ATLAS continúa fascinando a la comunidad científica. Los dos orbitadores marcianos de la Agencia Espacial Europea (ESA), el ExoMars TGO y el Mars Express, lograron capturar imágenes extraordinarias del cometa interestelar durante su paso más cercano al planeta rojo, ocurrido el pasado 3 de octubre de 2025. Este visitante cósmico, originario de fuera del Sistema Solar, pasó a solo 30 millones de kilómetros de los satélites, brindando la mejor perspectiva de observación entre todas las naves espaciales de la ESA.
Cada orbitador utilizó su cámara especializada para observar a 3I/ATLAS, pese a que estos instrumentos están diseñados para registrar la brillante superficie de Marte a corta distancia. Los científicos no sabían con certeza qué resultados esperar, dado que el cometa es un objeto débil y extremadamente distante. Sin embargo, el ExoMars TGO consiguió imágenes a través de su sistema CaSSIS (Color and Stereo Surface Imaging System), donde el cometa aparece como un punto luminoso difuminado, el cual corresponde al núcleo y a la coma que lo rodea.
Un desafío técnico y una imagen valiosa del 3I/ATLAS
El brillo del 3I/ATLAS resultó entre 10.000 y 100.000 veces menor que el de los objetivos habituales de la misión. Aun así, los científicos lograron distinguir su coma, el halo de gas y polvo que se forma cuando el cometa se aproxima al Sol y el calor libera materiales volátiles. Aunque la cola cometaria aún no se observó en detalle, los astrónomos creen que podrá visualizarse en las próximas semanas, a medida que el cometa se caliente y aumente su actividad.
Mientras tanto, el equipo de Mars Express sigue analizando los datos, combinando múltiples exposiciones para detectar señales débiles del cometa y estudiar su espectro luminoso mediante los instrumentos OMEGA, SPICAM y NOMAD. El análisis, que se prolongará durante los próximos meses, busca comprender la composición química y el comportamiento del 3I/ATLAS conforme se aproxima al Sol.

Un visitante interestelar y un reto para la ESA
El 3I/ATLAS es apenas el tercer cometa interestelar conocido, tras 1I/ʻOumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Detectado por el sistema ATLAS en Chile el 1 de julio de 2025, este objeto viaja a una velocidad superior a 220.000 km/h y podría ser más antiguo que el propio Sistema Solar, con una edad estimada en 7.000 millones de años.
La ESA continuará su seguimiento con nuevas observaciones desde la misión Juice (Jupiter Icy Moons Explorer), que estudiará al cometa tras su máximo acercamiento al Sol, y prepara la futura misión Comet Interceptor, cuyo lanzamiento está previsto para 2029.
“Cada objeto interestelar como 3I/ATLAS es una ventana al pasado de la galaxia”, señaló Michael Kueppers, científico del proyecto Comet Interceptor. “Una misión de encuentro cercano podría revolucionar nuestra comprensión del origen de estos viajeros cósmicos”.
El paso de 3I/ATLAS frente a Marte representa un hito en la observación astronómica moderna. Sus imágenes y datos se sumarán al archivo histórico de la ESA y servirán de referencia para futuras investigaciones sobre cuerpos interestelares. Comprender su estructura y su trayectoria podría aportar claves sobre la formación de planetas, la distribución de los elementos pesados en la galaxia y la evolución temprana del cosmos.
A medida que el cometa se aleje del Sol y se dirija hacia los límites del sistema solar, seguirá siendo objeto de seguimiento internacional. En los próximos meses, telescopios terrestres y espaciales continuarán observando su comportamiento para determinar si presenta variaciones en su brillo o actividad, y así completar el retrato más detallado jamás obtenido de un visitante interestelar.
Lo que hace único al 3I/ATLAS es su composición química inusual. Algunos análisis iniciales sugieren la presencia de aleaciones metálicas de níquel sin hierro y actividad cometaria en zonas demasiado frías para la sublimación del agua, lo que indica una naturaleza física distinta a la de los cometas convencionales. Estas propiedades lo convierten en una auténtica cápsula del tiempo galáctica, un fragmento intacto de los primeros procesos de formación estelar ocurridos hace más de 7.000 millones de años.