Nuevas observaciones astronómicas confirman que el cometa interestelar 3I/ATLAS ha entrado en una fase especialmente activa: está más brillante, muestra un tono verdoso más evidente y presenta una coma más desarrollada tras su aproximación al Sol a finales de octubre. El cambio no es un simple detalle estético. Para los equipos científicos, este aumento de actividad indica que el calentamiento solar está liberando nuevos compuestos y podría anticipar episodios de “estallidos” de material cometario conforme el objeto se aproxima a su encuentro más cercano con la Tierra la próxima semana.
Las imágenes más recientes fueron captadas el 26 de noviembre con el telescopio Gemini Norte, situado en la cima de Mauna Kea (Hawái). En ellas se aprecia con claridad la estructura típica de un cometa en plena activación: el hielo se sublima por la radiación solar, arrastra toneladas de polvo y genera una atmósfera luminosa la coma que envuelve el núcleo. Detrás, una cola brillante se extiende en la dirección opuesta al Sol, reforzando la impresión de que el visitante interestelar está “despertando” con fuerza a medida que se aleja del perihelio.
Para lograr una imagen en color fiel, el equipo utilizó cuatro filtros (azul, rojo, naranja y verde). El resultado fue contundente: el gas de la coma ahora emite un tenue resplandor verdoso que no se apreciaba de la misma forma hace meses. Los astrónomos explican que este color suele estar relacionado con moléculas excitadas por la luz solar, y en el caso de 3I/ATLAS el candidato principal es el carbono diatómico (C₂), una molécula de dos átomos de carbono que puede emitir luz verde al activarse. El fenómeno es relativamente común en cometas del sistema solar, lo que refuerza la idea de que se trata de un objeto natural, aunque con una historia distinta.
3I/ATLAS podría ofrecer más sorpresas en los próximos días, mientras observatorios de todo el mundo siguen su evolución minuto a minuto
Lo interesante es que, cuando fue observado por primera vez a finales de agosto con Gemini Sur, el cometa mostraba un aspecto más rojizo. Ese contraste sugiere que 3I/ATLAS podría estar liberando nuevas moléculas conforme el calor penetra en capas internas, ofreciendo pistas sobre su composición y sobre los materiales que transportan los objetos formados fuera de nuestro sistema solar. En términos científicos, no es solo “un cometa bonito”: es una cápsula química que llega desde otro vecindario estelar.

El calendario añade tensión al seguimiento. El paso más cercano de 3I/ATLAS junto a la Tierra está previsto para la próxima semana, a una distancia enorme y sin peligro, pero lo bastante “cercana” en astronomía como para permitir mediciones detalladas con instrumentos terrestres y espaciales. Esa ventana es clave porque muchos cometas presentan reacciones retrasadas: el Sol calienta la superficie, pero el calor puede tardar en propagarse hacia el interior, activando más tarde la evaporación de compuestos o desencadenando un estallido repentino de polvo y gas.
“What remains unknown is how the comet will behave as it leaves the Sun’s vicinity and cools down.”
Ese comportamiento incierto es, precisamente, lo que tiene a docenas de equipos en alerta. La comunidad científica recuerda que estos “outbursts” no son ciencia ficción: pueden ocurrir cuando bolsas de material volátil quedan expuestas de golpe o cuando la estructura superficial se fractura por el estrés térmico. Si sucede, 3I/ATLAS podría volverse todavía más visible y aumentar su brillo en cuestión de horas, cambiando la planificación de observaciones y el interés del público.
Más allá del espectáculo, la relevancia del hallazgo es histórica. 3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar confirmado que visita nuestro sistema solar, después de 1I/’Oumuamua y 2I/Borisov. Fue detectado por un sondeo automatizado financiado por NASA y reportado al Minor Planet Center a comienzos de julio, cuando el objeto ya atravesaba el sistema solar a gran velocidad en una trayectoria hiperbólica, lo que significa que no quedará capturado: viene de fuera y se irá para no volver.
Hasta aquí, todo suena a misterio… y ahí aparece el ruido viral. En redes han circulado especulaciones sobre supuesta tecnología “no humana”, pero la posición mayoritaria de astrónomos y agencias es que 3I/ATLAS encaja con el comportamiento de un cometa: muestra coma, cola, chorros y liberación de gases compatible con la sublimación de hielos. La rareza no está en que sea “artificial”, sino en que su composición y su historia térmica pueden ser distintas a las de cometas nacidos alrededor del Sol.
Varios equipos apuntan además a que 3I/ATLAS podría ser uno de los objetos interestelares más grandes y, posiblemente, más antiguos observados hasta ahora, con señales de haber pasado muchísimo tiempo expuesto a radiación en el espacio interestelar. Eso lo convierte en un laboratorio natural para entender cómo se formaron otros sistemas planetarios, qué materiales predominan en regiones lejanas de la galaxia y cómo viajan estos cuerpos entre estrellas.
En los próximos días, telescopios de todo el mundo seguirán afinando medidas de brillo, espectro y morfología de la coma para intentar responder a la pregunta que más interesa: ¿seguirá activándose o se estabilizará? Si 3I/ATLAS mantiene la tendencia, podríamos estar ante uno de los mejores casos recientes para estudiar en directo un cometa de fuera del sistema solar, sin depender de reconstrucciones teóricas. Y si llega un estallido, será una oportunidad rara: un recordatorio de que, incluso a cientos de millones de kilómetros, el espacio todavía sabe cómo sorprender.