La NASA por el 3I/ATLAS, ha publicado este sábado las imágenes más detalladas hasta la fecha del cometa interestelar 3I/ATLAS, un visitante cósmico que continúa atravesando el sistema solar y que se ha convertido en uno de los fenómenos astronómicos más seguidos del año. El anuncio, realizado durante una conferencia de prensa el 19 de noviembre, llega en un momento en el que proliferan teorías en redes sociales que sugieren que este objeto podría ser una nave extraterrestre o un artefacto artificial.
La Agencia Espacial de Estados Unidos quiso cortar de raíz cualquier especulación: no representa peligro para la Tierra y todas las evidencias son coherentes con un cometa natural.
“Amplió los cerebros de las personas para pensar en cuán mágico podría ser el universo”, señaló Tom Statler, científico principal de cuerpos pequeños de la NASA, durante la transmisión oficial. Para Statler, 3I/ATLAS no solo despierta fascinación, sino que constituye una oportunidad única para estudiar materiales formados en sistemas estelares remotos hace miles de millones de años.
El cometa se descubrió el pasado 1 de julio mediante el sistema de vigilancia ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) en Chile, diseñado para detectar objetos cercanos a la Tierra. Desde el primer momento llamó la atención de los astrónomos por su velocidad extrema y su trayectoria hiperbólica, señales inequívocas de que no pertenece al sistema solar. Es el tercer objeto interestelar jamás observado dentro de nuestra vecindad estelar, tras 1I/ʻOumuamua en 2017 y 2I/Borisov en 2019.
Las nuevas imágenes del cometa 3I/ATLAS
Al detectarlo, viajaba a unos 137.000 kilómetros por hora, pero la gravedad del Sol lo aceleró hasta cerca de 153.000 kilómetros por hora cuando alcanzó su perihelio el 30 de octubre. Aunque su paso ha desatado enorme interés, su trayectoria no supone ninguna amenaza. No se acercará a la Tierra a menos de 170 millones de millas, aunque en octubre pasó a solo 19 millones de millas de Marte, lo que permitió a varias sondas captarlo con gran detalle.

De hecho, una de las novedades más destacadas son las imágenes obtenidas por misiones como el Telescopio Espacial James Webb, el Telescopio Hubble, LUCY y la sonda MAVEN. Esta última proporcionó una imagen espectral de gases que los responsables describieron como “ondas científicas”, patrones que ayudarán a los investigadores a comprender la composición química del cometa.
El James Webb, con su extraordinaria sensibilidad infrarroja, ha captado detalles inéditos en su coma, la nube de gas y polvo que rodea al núcleo helado y que se intensifica a medida que el cometa se calienta.
Durante las últimas semanas circularon afirmaciones no verificadas que aseguraban que 3I/ATLAS había cambiado de color repentinamente. Algunos vídeos de baja calidad mostraban una supuesta transición de rojo a azul, lo que alimentó teorías conspirativas sobre un posible origen artificial. Los astrónomos involucrados en el estudio han desmentido rotundamente esa interpretación. Según explicó Qicheng Zhang, del Lowell Observatory, no existe evidencia de que la coma haya cambiado de color.
El objeto parece “claramente más azul que el Sol”, como señalan los análisis más precisos, pero esta tonalidad no surgió de forma repentina. Lo que ocurrió es mucho más simple: al acercarse al Sol, la coma se iluminó de manera significativa, lo que alteró la percepción del color en capturas no calibradas.
Las imágenes ahora desveladas confirman que 3I/ATLAS presenta todas las características clásicas de un cometa natural: un núcleo helado que libera gases al calentarse, una coma brillante de polvo y volátiles, y un comportamiento consistente con la física cometaria conocida. La NASA insiste en que no se detecta ninguna estructura, patrón o movimiento que sugiera un origen artificial. Tampoco existe indicio alguno de actividad tecnológica, motores o emisiones anómalas, como se ha insinuado en foros conspirativos.
Lo que sí señalan los científicos es que el cometa podría proceder de un sistema estelar muy antiguo, quizá formado mucho antes que el nuestro. Su composición, su comportamiento y su altísima velocidad coinciden con objetos expulsados de sistemas planetarios durante su formación. Una vez arrojado al espacio interestelar, 3I/ATLAS habría viajado durante miles de millones de años antes de cruzarse con el Sol por primera y única vez.
Dado que su órbita es hiperbólica, nunca volverá. Tras su paso por el perihelio y ahora ya en trayectoria de salida, el cometa se encamina hacia regiones cada vez más frías y oscuras. A partir de ahora, el telescopio James Webb será el principal instrumento encargado de seguirlo mientras se aleja.
Para Statler, 3I/ATLAS representa algo más que un fenómeno espectacular. “Es un recordatorio de lo vasto y sorprendente que es el universo”, afirmó. “Pensar en ello pone la piel de gallina. Es un vistazo directo al pasado profundo”.
Con más datos por llegar desde las sondas y telescopios en curso, los astrónomos esperan reconstruir su composición exacta, sus posibles moléculas orgánicas y el entorno en el que pudo haberse formado. Un visitante de paso, pero un visitante que ya ha dejado una huella científica enorme.