Hay un punto de Canarias donde el suelo llega a 610 grados: una cámara magmática a 2-4 kilómetros
610 grados a trece metros: lo que hay debajo de este rincón de Canarias
Hay un lugar en Canarias donde puedes meter un manojo de matorral en un agujero del suelo y arde solo. Donde al echar un cubo de agua fría en un sondeo sale disparado un géiser de vapor. Y donde hay un restaurante que cocina carne y pescado sin gas ni electricidad, solo con el calor que sube de la tierra. Está en el Islote de Hilario, en el corazón del Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote.
Las cifras que maneja el Instituto Geológico y Minero de España son contundentes. En la superficie del islote se registran entre 100 y 120 grados. Y a trece metros de profundidad se ha verificado una temperatura de 610 grados. Eso es más del doble de lo que alcanza un horno doméstico a máxima potencia, y está bajo los pies de los visitantes que cada día hacen cola para ver las demostraciones.
Por qué ese punto de Canarias sigue ardiendo
La explicación que suele darse es que se trata de calor residual de las erupciones que formaron el parque entre 1730 y 1736. Es una idea intuitiva y no es del todo exacta. Según la ficha del Inventario Español de Lugares de Interés Geológico, esa actividad se manifiesta en anomalías geotérmicas originadas por una cámara magmática residual situada a unos 2 a 4 kilómetros de profundidad.
Dicho de otro modo: el suelo no está caliente porque quede rescoldo de hace tres siglos. Está caliente porque abajo sigue habiendo magma. Esa es la diferencia entre un fenómeno que se apaga y uno que se mantiene, y explica por qué casi trescientos años después el vapor sigue subiendo con la misma fuerza.
El Islote de Hilario es un antiguo cono volcánico muy erosionado que quedó como vestigio entre las lavas de la erupción histórica. Se diferencia de los demás islotes del parque por estar cubierto por los piroclastos de aquella erupción.
La erupción que cambió una isla de Canarias
Para entender el sitio hay que volver a 1730. Las erupciones en Canarias que se prolongaron hasta 1736, con un episodio posterior en 1824, constituyen uno de los procesos eruptivos más relevantes del volcanismo histórico de la Tierra y sepultaron bajo lava y ceniza aproximadamente una cuarta parte de Lanzarote. El parque cuenta hoy con más de veinticinco volcanes.
Conocemos aquello con un detalle inusual gracias a las crónicas que dejó escritas el párroco de Yaiza, que fue anotando día a día lo que veía. Es uno de los relatos de primera mano más valiosos de la vulcanología europea.
El nombre del islote en Canarias viene de otra historia. Hilario fue un lanzaroteño que, tras la guerra de Filipinas, vivió allí como ermitaño con la única compañía de su camella. Plantó una higuera que llegó a arraigar, pero que nunca dio fruto. La explicación popular es tan buena como cualquier otra: la flor no podía alimentarse de la llama.
Sobre ese mismo punto levantó César Manrique el restaurante El Diablo, un edificio circular construido alrededor en Canarias de un horno-asador natural excavado en el suelo. La parrilla funciona exclusivamente con el calor que emite el volcán dormido, y es probablemente el único restaurante de Canarias, y de muy pocos sitios del mundo, donde la energía de la cocina sale directamente de una cámara magmática.
La zona sigue bajo estudio permanente. Los investigadores del Laboratorio de Geodinámica de Lanzarote monitorizan la actividad térmica de forma continua, y sobre el islote se han aplicado técnicas combinadas de prospección geofísica para identificar las anomalías geotérmicas superficiales. Timanfaya no está en erupción, pero en términos geotérmicos sigue plenamente activo, y ese es exactamente el motivo por el que a trece metros bajo el suelo la temperatura supera los 600 grados.