La isla de Canarias que se está hundiendo y que varios satélites la miden cada seis días
Dos milímetros al año: lo que los satélites han descubierto bajo el Teide en Canarias
Hay una parte de Canarias que se está hundiendo, aunque nadie lo note. Ocurre en el entorno del complejo Cañadas-Teide-Pico Viejo, en Tenerife, y el movimiento es de entre 1,5 y 2 milímetros al año. Nada que se pueda ver, ni medir con una cinta métrica, ni percibir en toda una vida. Pero lo bastante para que las estaciones GPS permanentes lo registren con claridad en Canarias.
El dato procede de un estudio publicado en el Journal of Volcanology and Geothermal Research por Alberto Sánchez-Alzola, Joan Martí, Araceli García-Yeguas y Antonio J. Gil, que reconstruyeron el modelo de deformación de la corteza de Tenerife a partir del procesado diario de series temporales GPS entre 2008 y 2015. Ocho años de mediciones continuas para detectar un movimiento del grosor de dos hojas de papel.
Una isla de Canarias que no se mueve igual por todas partes
Lo interesante no es solo que el suelo baje, sino que no lo haga de forma uniforme. Los valores de subsidencia son más altos en la parte central del complejo, y una de las explicaciones que barajan los autores es un esparcimiento lateral de la parte elástica del edificio volcánico. Dicho de forma sencilla: la montaña tiende a abrirse muy lentamente por su propio peso.
En el extremo opuesto está el macizo de Anaga, en el nordeste de la isla, que el estudio encontró estable tanto en su componente horizontal como en la vertical. Es la zona geológicamente más antigua de Tenerife, y su quietud contrasta con el movimiento detectado alrededor del Teide.
El análisis del tensor de deformación en Canarias arroja una tasa de 70 nanostrain al año. Es una magnitud tan pequeña que solo tiene sentido expresarla en esas unidades, y que ilustra hasta qué punto la geodesia moderna puede detectar lo imperceptible.
Cómo se vigila el suelo de Canarias
Ese trabajo académico de este grupo de expertos en Canarias, es solo una pieza de un sistema mucho mayor. El Instituto Geográfico Nacional mantiene desplegadas en todas las islas redes de vigilancia que funcionan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año, y combina tres herramientas distintas para saber si el suelo se mueve.
La primera son las estaciones permanentes GNSS, que registran su posición de forma continua con precisión milimétrica. La segunda son los inclinómetros, que detectan variaciones en la inclinación del terreno. Y la tercera es el procesado InSAR con datos del satélite Sentinel-1, del programa europeo Copernicus, que permite generar mapas de desplazamiento de todo el archipiélago prácticamente con la misma frecuencia con la que el satélite adquiere las imágenes.
Esa política de datos abiertos es la que convierte la técnica en una herramienta de vigilancia real y no solo de investigación. El sistema del IGN consulta cada hora el catálogo del Sentinel-1 en busca de nuevas adquisiciones y publica los mapas de fase, coherencia y desplazamiento sobre las islas de Canarias.
Conviene cerrar con lo que dicen los informes actuales, porque es lo que de verdad importa. En sus boletines mensuales de vigilancia volcánica, el IGN viene señalando que los resultados obtenidos a partir de las estaciones GNSS, del procesado InSAR y de la señal de los inclinómetros no muestran deformaciones significativas asociadas a actividad volcánica en ninguna de las islas de Canarias.
Es decir, que una zona de Canarias descienda dos milímetros al año no es una señal de alarma: es el comportamiento normal de un edificio volcánico enorme asentándose sobre el fondo oceánico. Lo llamativo no es que la isla se mueva. Lo llamativo es que sepamos exactamente cuánto.