La hora más peligrosa del eclipse en Canarias y España: mucho cuidado con los niños
Noventa segundos bastan: el umbral de exposición que los oftalmólogos piden no cruzar el 12 de agosto en el eclipse en Canarias
Apunta la hora del eclipse: 19:53. Ese es el momento en que el eclipse alcanzará su máximo en la mayor parte de Canarias, y es también el instante más peligroso de toda la tarde. No porque el Sol emita más radiación, que no lo hace, sino por algo mucho más humano: la luz ambiental baja, el cielo se apaga y el reflejo automático de apartar la vista se debilita justo cuando más falta hace.
Con los menores esa combinación es especialmente delicada. Los datos de eclipses anteriores señalan de forma consistente a los niños y a los adultos jóvenes como el grupo más afectado, y la lesión que se produce tiene una característica que la hace particularmente traicionera: no duele. La retina carece de receptores de dolor y de temperatura, de modo que no puede avisar de que está siendo dañada.
Los 90 segundos que separan el susto del daño en Canarias
El eclipse comenzará entre las 18:56 y las 18:58 según la isla y terminará entre las 20:43 y las 20:45. Son casi dos horas de fenómeno, pero la literatura oftalmológica maneja una cifra mucho más pequeña: algunos autores sitúan el umbral de daño retiniano en torno a los 90 segundos de exposición directa.
Superado ese umbral, las luces de onda corta provocan la liberación de radicales libres que lesionan los fotorreceptores mediante un mecanismo fotoquímico. A ello se suma un componente térmico, porque la melanina del epitelio pigmentario retiniano absorbe la energía lumínica y eleva la temperatura del tejido circundante. La NASA describe el resultado como una fotocoagulación que destruye células y crea una pequeña zona ciega.
Los síntomas descritos en la literatura son la disminución de la agudeza visual, el escotoma central, es decir, una mancha en el centro del campo de visión, la discromatopsia o alteración en la percepción de los colores, la fotofobia y la metamorfopsia, que consiste en ver deformadas las líneas rectas. Suelen aparecer horas después, no en el momento.
Y aquí está el dato que más debería preocupar a cualquier padre en Canarias: no existe tratamiento para la retinopatía solar. El pronóstico es relativamente favorable en muchos pacientes, con mejoría parcial o importante en semanas o meses, pero no siempre completa.
Un caso publicado en JAMA Ophthalmology documentó un paciente con agudeza visual casi normal que, sin embargo, presentaba daño estructural visible únicamente con técnicas de imagen avanzadas. La lesión puede pasar desapercibida en una exploración convencional y seguir estando ahí.
Los datos reales de los eclipses anteriores
Conviene poner cifras sobre la mesa, porque permiten dimensionar el riesgo sin caer ni en el alarmismo ni en la despreocupación. Tras el eclipse total del 21 de agosto de 2017 en Estados Unidos, un informe técnico de la Sociedad Astronómica Estadounidense recogió alrededor de un centenar de pacientes con retinopatía relacionada con el eclipse. El propio informe señalaba que los niños y los adultos jóvenes fueron los más propensos a verse afectados.
La serie más citada de aquel episodio procede de una encuesta a oftalmólogos de Utah, que identificó 27 pacientes con cambios visuales tras el eclipse, de los cuales 6 presentaron hallazgos compatibles con retinopatía solar: escotoma central y alteración de la unión entre segmentos de los fotorreceptores detectada mediante tomografía de coherencia óptica.
No es un fenómeno nuevo ni local. Tras el eclipse total de 1999 en el Reino Unido se comunicaron 70 casos de pérdida visual a los oftalmólogos participantes en un estudio nacional. En una red oftalmológica de la India se contabilizaron 253 pacientes y 349 ojos con diagnóstico de retinopatía solar, con afectación de un solo ojo en el 62% de los casos. En el eclipse de 1991 en México se confirmaron 21 personas con la visión afectada, y en el de 1962 en Hawái, otras 21.
La edad media de los afectados en los episodios documentados se sitúa entre los 12 y los 29 años, lo que refuerza el mensaje dirigido a familias. Hay que decir también, por rigor, que un análisis de los servicios de urgencias estadounidenses en torno al eclipse de abril de 2024 no observó un incremento significativo de consultas, y que no existe un registro nacional que haga seguimiento sistemático de estas lesiones. Los casos son estadísticamente pocos. La cuestión es que basta con que una persona joven pierda visión central de por vida para que la prevención merezca cualquier esfuerzo.
En Canarias hay además una norma que difiere de la del resto de España y que conviene tener clarísima. Aquí el eclipse será parcial, así que las gafas homologadas no se retiran en ningún momento. La excepción que permite quitárselas durante el minuto y medio de totalidad solo existe dentro de la franja peninsular, y el archipiélago queda fuera de ella.
Para los más pequeños, la opción que elimina por completo el riesgo es la observación indirecta. Una caja de cartón con un pequeño orificio en un lateral proyecta la imagen del Sol sobre una superficie blanca y permite seguir todas las fases sin levantar la vista al cielo. Es la recomendación de los colegios de ópticos y optometristas para los niños que no toleran las gafas.
Y si alguien en casa nota tras el eclipse visión borrosa, una mancha central, deformación de las líneas o alteración de los colores, la indicación es acudir a valoración oftalmológica sin demora. El diagnóstico suele requerir pruebas de imagen, y llegar pronto permite al menos hacer seguimiento de la evolución.