Canarias y en concreto Tenerife, es el territorio vulcanológicamente más activo de España. Todas sus islas, a excepción de La Gomera, están consideradas activas desde el punto de vista geológico. Esta realidad explica que Tenerife haya desarrollado en los últimos años instrumentos específicos de planificación ante el riesgo volcánico en Tenerife.
Hace unos años se aprobó el Plan de Actuación Insular frente al Riesgo Volcánico de Tenerife (PAIV), un documento técnico que evalúa la amenaza volcánica en la isla y establece protocolos de actuación ante una eventual emergencia eruptiva. El plan no responde a una alarma inmediata, sino a una estrategia preventiva basada en el conocimiento científico acumulado en Canarias.
La pregunta que periódicamente surge entre la población es directa: ¿puede el Teide entrar en erupción algún día? Desde el punto de vista científico, la respuesta es clara. El Teide ha tenido erupciones históricas relativamente recientes. La última dentro del parque nacional fue la de Chahorra o Narices del Teide en 1798, hace aproximadamente 225 años.
En términos volcánicos, este intervalo no es extraordinario. Los expertos recuerdan que Canarias es un territorio volcánico activo y que, por tanto, es razonable esperar que en el futuro se produzcan nuevas erupciones en Tenerife, aunque no existe una fecha previsible ni señales actuales que indiquen inmediatez.
Según el PAIV, unas 60.000 personas residen en zonas catalogadas como de amenaza alta o muy alta en caso de erupción. De ellas, alrededor de 38.000 viven en municipios como Santiago del Teide, El Tanque, Guía de Isora, Garachico y parte de Icod de los Vinos.
Canarias identifica zonas de amenaza alta en el flanco noroeste del Teide
El documento señala que el flanco noroeste del Teide es el área donde históricamente se ha concentrado mayor actividad eruptiva. Esta franja abarca desde Icod de los Vinos hasta Guía de Isora, y coincide con la dorsal volcánica más activa de la isla.

En este sector se localizan coladas históricas y estructuras volcánicas que evidencian un patrón eruptivo recurrente a lo largo de los siglos. Por ello, el PAIV prioriza en esta zona acciones de divulgación, formación ciudadana y planificación logística.
La estrategia adoptada en Tenerife tiene en cuenta las lecciones aprendidas durante la erupción de La Palma en 2021. En aquel episodio, la coordinación entre administraciones, servicios de emergencia y población resultó clave para minimizar riesgos humanos, aunque se produjeron importantes daños materiales.
El plan insular busca reforzar la cultura de autoprotección y preparación ciudadana. No se trata de generar alarma, sino de garantizar que la población conozca cómo actuar en caso de activación de protocolos: rutas de evacuación, puntos de encuentro, sistemas de aviso y coordinación institucional.
Los expertos subrayan que una erupción en Tenerife no tendría necesariamente las mismas características que la de La Palma. El sistema volcánico del Teide combina vulcanismo fonolítico más asociado a cámaras magmáticas evolucionadas y vulcanismo basáltico, lo que implica escenarios potencialmente diversos.
En cualquier caso, Canarias mantiene una vigilancia permanente a través del Instituto Geográfico Nacional (IGN), el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) y el PEVOLCA. Se monitorizan parámetros como sismicidad, deformación del terreno y emisiones de gases para detectar cualquier cambio significativo.
Actualmente no existe ningún indicador que apunte a una erupción inminente en Tenerife. Sin embargo, la planificación preventiva es una obligación en un territorio con actividad volcánica histórica documentada.
El mensaje institucional es claro: el riesgo volcánico forma parte de la realidad geológica de Canarias, pero la clave está en la anticipación, la información y la coordinación. La existencia del PAIV no significa que el Teide vaya a entrar en erupción mañana, sino que la isla está mejor preparada para responder si algún día vuelve a ocurrir.