«Puede que tengamos que pensar de otra manera»: el exoplaneta que rompe las reglas
Buscaron al culpable de que este exoplaneta girase al revés y no lo encontraron
Han encontrado un exoplaneta que gira al revés. Da vueltas alrededor de su estrella en sentido contrario al que marca el giro de esta, como un patito de goma girando contracorriente dentro de un remolino. Se llama GJ 3090 b y lo desconcertante no es la anomalía en sí, sino que los astrónomos han buscado al responsable y no lo han encontrado.
Lo normal en el universo es justo lo contrario. Las estrellas y sus planetas se forman a partir del mismo disco giratorio de gas y polvo, el llamado disco protoplanetario, y por eso todo acaba girando en la misma dirección. Cambiar el sentido de rotación de un cuerpo celeste requiere una cantidad enorme de energía aplicada de la forma adecuada.
Por qué este exoplaneta rompe las reglas
Se conocen algunos casos de órbitas retrógradas, pero siempre con una explicación detrás: la atracción gravitatoria de otro objeto masivo del sistema que descolocó al planeta en algún momento. Aquí no hay nada parecido. El estudio, publicado el 21 de septiembre en Astronomy and Astrophysics, no ha localizado ningún cuerpo capaz de haber provocado semejante giro.
«Buscamos el tipo de compañero masivo que podría haber forzado al planeta a una órbita tan extrema», explica Yann Carteret, astrónomo de la Universidad de Ginebra y coautor del trabajo. «Puede que tengamos que pensar de otra manera sobre cómo este sistema adquirió su arquitectura inusual».
La inclinación de la órbita alcanza los 136 grados respecto al giro de la estrella, lo que deja al planeta prácticamente boca abajo. Es una de las desalineaciones más extremas detectadas hasta la fecha, comparable a la de Venus en nuestro propio sistema solar.
El sistema está formado por dos planetas, posiblemente tres, todos más pequeños que Neptuno y todos con órbitas de menos de 16 días. GJ 3090 b es el más interior de todos y completa una vuelta cada 2,9 días.

(Crédito de la imagen: NASA/JPL-Caltech)
Y ahí está la clave que descarta la explicación habitual: al ser el más cercano a la estrella, resulta improbable que un planeta masivo o una estrella binaria oculta lo hayan descolocado. Si hubiera habido una gran perturbación gravitatoria, habría afectado más a los planetas exteriores, no menos. Y esos giran con normalidad.
La hipótesis: que el exoplaneta naciera ya del revés
Descartado el accidente, los investigadores proponen otra cosa: que no le pasara nada, sino que se formara así desde el principio. Si una gran cantidad de gas y polvo procedente del exterior del sistema fue absorbida hacia su interior, pudo haber sustituido al disco protoplanetario original por un segundo disco, más joven y orientado en otro ángulo. De ese segundo disco habría nacido el planeta retrógrado.
«La idea de que un sistema planetario pueda ser reconstruido a partir de un segundo disco orientado de forma diferente es especialmente emocionante», señala Vincent Bourrier, astrónomo de la misma universidad y también coautor. «Sugiere que el entorno alrededor de una estrella joven puede desempeñar un papel mucho mayor en la determinación de la arquitectura de sus planetas de lo que cabría esperar».
La detección tiene además un mérito técnico considerable de este exoplaneta. La estrella es una enana roja, o enana M: pequeña, relativamente fría y tan tenue que ni las más cercanas a la Tierra se ven a simple vista. Los investigadores analizaron 23 horas de observaciones de dos instrumentos cazadores de exoplanetas instalados en un telescopio de 3,6 metros del Observatorio de La Silla, en Chile, y captaron diez tránsitos del planeta por delante de su estrella.
Cada vez que un exoplaneta pasa por delante, la luz estelar que llega a la Tierra se atenúa ligeramente. Midiendo cuánto y durante cuánto tiempo se puede deducir su tamaño y los detalles de su órbita.
Y ese detalle de la estrella junto al exoplaneta es lo que convierte el hallazgo en algo más que una curiosidad. Alrededor de tres cuartas partes de las estrellas de la Vía Láctea son enanas M, de modo que entender cómo se forman los planetas a su alrededor es entender cómo se formó la mayor parte de los sistemas planetarios de nuestra galaxia.