Qué está pasando de verdad bajo Canarias: el julio con más microterremotos registrados en el Teide
Del Teide al volcán de Enmedio: los dos episodios sísmicos de julio en Canarias que no hay que confundir
Julio ha sido un mes intenso bajo el suelo de Canarias, y conviene separar dos historias que se han mezclado en la conversación pública. Una es un terremoto tectónico aislado, de magnitud 3,1, ocurrido en el canal entre Tenerife y Gran Canaria. La otra, mucho más numerosa y mucho menos perceptible, son miles de microterremotos registrados bajo Las Cañadas del Teide que nadie ha notado y que responden a un proceso completamente distinto.
Esta segunda es la que ha marcado el mes. Y ha dejado un registro que los propios organismos de vigilancia de Canarias califican como excepcional: el enjambre híbrido más prolongado observado hasta ahora en la isla.
Lo que el IGN y el Involcan han registrado bajo el Teide en Canarias
La cronología arranca antes de lo que muchos recuerdan. En la noche del 3 al 4 de julio, la vigilancia detectó cerca de 500 microseísmos en menos de diez horas al oeste de Las Cañadas, a unos diez kilómetros de profundidad bajo el nivel del mar. La amplitud de las señales era tan baja que solo tres eventos pudieron localizarse individualmente. El Instituto Volcanológico de Canarias lo identificó como el decimocuarto enjambre de eventos híbridos desde el 2 de octubre de 2016.
El episodio grande llegó tres semanas después. A las 21:30 horas del miércoles 22 de julio, hora canaria, la Red Sísmica Canaria del Involcan comenzó a detectar una nueva secuencia en el sector suroccidental de la caldera de Las Cañadas, de nuevo en torno a los diez kilómetros de profundidad. En algunos intervalos se superó una tasa de 300 eventos por hora, aunque la mayoría presentaba una amplitud muy pequeña.
La actividad no remitió de golpe. Tras un descenso en la tarde del jueves 23, se reactivó de madrugada con varios centenares de nuevos microterremotos concentrados entre las dos y las cinco de la mañana, a profundidades de entre diez y quince kilómetros en el margen oeste del parque nacional, apreciables únicamente en las estaciones más cercanas, en la zona de Pico Viejo. Bajo la superficie de tres municipios de Canarias: Guía de Isora, Vilaflor de Chasna y Santiago del Teide.
El recuento final del episodio superó los 4.500 eventos sísmicos. Y el dato más importante para la población, subrayado por ambos organismos, es que ninguno fue percibido: se detectaron exclusivamente mediante la red de sensores especializados distribuida por la isla.
Es el decimoquinto enjambre de eventos híbridos registrado en Tenerife desde octubre de 2016. En casi una década, este fenómeno ha dejado de ser una anomalía en Canarias para convertirse en una constante geológica monitorizada de forma ininterrumpida.
Por qué las cifras del IGN y del Involcan no coinciden en Canarias
Aquí está la pregunta que ha generado más confusión durante todo el mes. Durante el episodio, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) habló de más de 1.600 terremotos contabilizados en dos días, y en un momento posterior situaba el acumulado por encima de los 1.000, mientras el Involcan manejaba cerca de 2.000 y finalmente más de 4.500. No es una contradicción: son metodologías distintas.
En Canarias operan dos redes de vigilancia complementarias, la del IGN y la Red Sísmica Canaria del Involcan, con instrumentación y umbrales propios. A eso se suma la diferencia entre el conteo automático, que los sistemas producen en tiempo real, y las localizaciones manuales que los técnicos realizan después revisando los registros una por una. Esas revisiones manuales complementaron el recuento automático y elevaron la cifra total. Cuando se habla de miles de eventos con amplitudes mínimas, el criterio de detección determina el número final.
La otra clave del episodio está en la palabra híbrido. No se trata de terremotos tectónicos, como el registrado en el volcán de Enmedio, provocados por el reajuste de bloques de corteza a lo largo de una fractura. Un evento híbrido combina características de sismicidad de fractura y de señales asociadas al movimiento de fluidos, y en Canarias se interpreta como la firma de un proceso muy concreto.
La hipótesis que manejan los científicos es la inyección de volátiles hidrotermales de origen magmático dentro del sistema hidrotermal de la isla, un proceso de presurización que se observa de forma recurrente desde 2016. No es una interpretación aislada: entre las evidencias que la respaldan, el Involcan cita el incremento de la emisión difusa de dióxido de carbono en el cráter del Teide y una ligera deformación detectada en el sector noreste del edificio volcánico.
El IGN aportó además una comparación útil. El patrón del episodio de julio resulta claramente repetitivo y muy similar al de los enjambres registrados en febrero de este mismo año, con una diferencia principal: los eventos de julio son de menor energía. La serie completa incluye episodios en 2016, 2019, 2022, 2024, 2025 y, de forma especialmente intensa, en febrero de 2026.
La conclusión de ambos organismos es coincidente y explícita: los datos disponibles no indican un aumento de la probabilidad de erupción a corto ni a medio plazo. Lo que sí indican es que el sistema volcánico de Tenerife está activo y vigilado, dos cosas que en Canarias conviene entender como compatibles y no como contradictorias.
Para seguirlo sin intermediarios, el IGN publica en abierto los eventos localizados en Canarias y el Involcan difunde actualizaciones específicas de cada enjambre con las señales registradas por sus estaciones. Son las dos fuentes de referencia, y cuando sus cifras difieran, ya sabes por qué.