Marte siempre ha tenido una reputación poco acogedora. Su superficie es un páramo helado, castigado por radiación solar, tormentas de polvo y temperaturas que difícilmente permiten imaginar un ecosistema estable. Sin embargo, la historia de Marte podría ser menos hostil de lo que aparenta a simple vista. Un estudio reciente publicado en arXiv sostiene que, a varios kilómetros bajo el suelo marciano, podrían existir las condiciones necesarias para sostener formas de vida microbiana.
El trabajo, liderado por Andrea Butturini desde la Universidad de Barcelona, pone el foco en la región conocida como Acidalia Planitia, una vasta llanura del hemisferio norte de Marte que se extiende por más de 3.000 kilómetros. Según los cálculos, entre 4,3 y 8,8 kilómetros de profundidad podría haber depósitos de agua líquida mezclada con el regolito marciano, un entorno protegido de las temperaturas extremas de la superficie. Y lo más importante: un entorno capaz de albergar metanógenos, microorganismos que en la Tierra prosperan en lugares oscuros y hostiles, como humedales profundos o el fondo oceánico.
Lo llamativo del estudio es que reinterpreta cómo pensamos la vida en Marte. Hasta ahora, las principales misiones han centrado sus esfuerzos en analizar la superficie o zonas cercanas a ella. Sin embargo, los investigadores recuerdan que el subsuelo de Marte podría ser un refugio mucho más viable. Allí, la desintegración radiactiva de minerales mantiene cierto calor, evitando que todo el agua esté congelada.
En la Tierra, los metanógenos viven sin oxígeno, se alimentan de hidrógeno y dióxido de carbono, y liberan metano como subproducto. En Marte, si estos organismos existieran, su ritmo de vida sería increíblemente lento. Como explica el geoquímico Jon Telling, de la Universidad de Newcastle, el tiempo de división celular podría ser de siglos. La explicación es simple: hay agua y calor, pero muy poca energía disponible. Marte, en ese sentido, sería un planeta con una “vida en pausa”, funcionando a un nivel mínimo pero suficiente para sostener la biología en el subsuelo.
Marte y el reto tecnológico
El gran obstáculo es evidente: ¿cómo llegar a esa profundidad? Perforar 8 kilómetros bajo la superficie de Marte no está ni remotamente al alcance de la tecnología actual. Apenas en la Tierra se logran esas profundidades con enormes costes y riesgos. El próximo rover europeo, Rosalind Franklin, previsto para 2028, llevará un taladro que apenas alcanzará los 2 metros de perforación. Una distancia ínfima frente a los kilómetros que harían falta para acceder a la supuesta “zona habitable” del subsuelo de Marte.

La pregunta es si rastros de vida más profunda podrían filtrarse hacia arriba, hasta niveles accesibles. Algunos científicos creen que podría ser posible, aunque no hay pruebas claras. En cualquier caso, la exploración futura de Marte seguirá atenta a esta posibilidad.
Los investigadores también han buscado metano en la atmósfera como una forma indirecta de probar la existencia de vida. El orbitador europeo Trace Gas Orbiter lleva años rastreando la atmósfera de Marte en busca de señales. Los resultados, sin embargo, han sido inconsistentes: en ocasiones se detectan pequeñas cantidades de metano, pero desaparecen rápidamente, sin un patrón claro. Esto genera un enigma, ya que no queda claro si ese metano tiene origen biológico, geológico o una combinación de ambos.
Aun así, el hecho de que Marte muestre rastros, aunque irregulares, alimenta la hipótesis de que en algún lugar del subsuelo podría haber actividad microbiana. Para los científicos, la cartografía de regiones como Acidalia Planitia es fundamental para enfocar las futuras misiones y mejorar las probabilidades de éxito.
Marte y el eterno debate
El interés por Marte no es nuevo. Desde mediados del siglo XX, el “planeta rojo” ha capturado la imaginación de científicos y público por igual. Hoy, el debate ya no se centra únicamente en si alguna vez albergó agua en la superficie, sino en si aún podría esconder vida en sus entrañas. La comunidad científica coincide en que Marte sigue siendo el mejor candidato del sistema solar para encontrar pruebas de vida más allá de la Tierra.
La idea ya no pertenece al terreno exclusivo de la ciencia ficción. La posibilidad de que bajo kilómetros de polvo y roca existan organismos capaces de sobrevivir lentamente, adaptados a las duras condiciones, es hoy una hipótesis que se discute con datos en mano. Marte, una vez visto como un planeta muerto, podría estar diciéndonos que la vida encuentra caminos incluso en los lugares más hostiles.