Después de los últimos terremotos en Canarias, el comité científico del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias (Pevolca) se reunió de urgencia en Tenerife tras detectarse una señal sísmica inusual en las estaciones próximas al Teide. Aunque el fenómeno ha llamado la atención por su carácter inédito, los expertos de Pevolca han insistido en que no existen indicios de erupción ni a corto ni a medio plazo, pese al incremento reciente de terremotos en la zona.
La señal sísmica, descrita como una serie de “pulsos más continuos y distintos a lo habitual”, comenzó aproximadamente a las 8:45 horas y se prolongó, en distintos tramos, hasta las 10:15 horas. Fue detectada en unas 10 o 15 estaciones sísmicas situadas en el entorno occidental de Las Cañadas del Teide, a una profundidad estimada de unos 12 kilómetros. No fue sentida por la población y su magnitud ha sido baja.
Los expertos de Pevolca aclararon que no se trata de una serie convencional de terremotos, sino de una secuencia de pulsos sísmicos que se solapan entre sí, dificultando su identificación individual. En conjunto, la energía liberada podría equivaler a un evento ligeramente superior a magnitud 2 en la escala de Richter, aunque técnicamente no puede clasificarse como un enjambre de terremotos.
Este episodio se produce en un contexto en el que durante los últimos tres días se han registrado alrededor de 90 terremotos de baja intensidad en la misma zona. Según los expertos de Pevolca, estos terremotos están relacionados con movimientos de fluidos en el interior del sistema volcánico, algo compatible con la naturaleza activa de Tenerife.
Una señal inédita, pero sin relación con erupciones recientes o terremotos en Canarias
Los especialistas subrayaron que esta señal no tiene precedentes en más de veinte años de instrumentación moderna, lo que explica la convocatoria del comité científico. Sin embargo, recalcaron que la aparición de estos pulsos sísmicos no implica una escalada inmediata hacia una erupción volcánica.
“No estamos ante un enjambre de terremotos previo a una intrusión magmática ni ante un patrón similar al registrado antes de la erupción de La Palma”, explicaron los expertos de Pevolca tras la reunión. La diferencia fundamental radica en que los actuales terremotos y señales sísmicas no muestran migración ascendente del magma ni deformaciones aceleradas del terreno.
De hecho, aunque se mantiene una ligera deformación del sistema volcánico y continúan registrándose emisiones de gases en el cráter —monitorizadas por Involcan—, la situación general no ha variado respecto a los parámetros observados durante el último año. Los terremotos detectados siguen siendo de baja magnitud y no han sido percibidos por la población.
Los expertos recordaron que Tenerife presenta un periodo de recurrencia eruptiva amplio, estimado entre 100 y 200 años, lo que implica que es habitual que exista acumulación de magma en niveles profundos durante décadas. En ese contexto, la aparición de terremotos de baja intensidad forma parte del comportamiento natural del sistema volcánico insular.
La señal analizada no fue continua: comenzó con un pequeño pulso, se detuvo, reapareció durante aproximadamente 45 o 50 minutos de forma casi constante y finalmente concluyó con otro pulso breve. Este patrón no encaja con los típicos enjambres de terremotos asociados a ascensos rápidos de magma.
El comité científico también recordó que en enero de 2025 ya se había convocado una reunión para evaluar deformaciones y emisiones gaseosas detectadas desde 2023, consideradas una “situación anómala”, aunque estable. Desde entonces, los terremotos registrados han sido vigilados de forma constante sin que se haya producido una escalada significativa.
Aunque el número de terremotos en la zona del Teide ha aumentado en los últimos días y la señal sísmica reciente es inédita, los expertos de Pevolca insisten en que no hay elementos que indiquen una erupción inminente. La vigilancia se mantiene activa y reforzada, con especial atención a la evolución de los terremotos, las deformaciones del terreno y la emisión de gases.
La monitorización continua permitirá detectar cualquier cambio en el comportamiento de los terremotos o del sistema volcánico en su conjunto, pero por ahora el mensaje oficial es claro: tranquilidad y seguimiento científico permanente.