Marruecos se vuelve a situar en una posición destacada dentro del escenario diplomático internacional. Su Majestad el Rey de Marruecos, Mohammed VI, ha respondido favorablemente a la invitación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para incorporarse como miembro fundador del nuevo Consejo de Paz, una iniciativa impulsada desde Washington con el objetivo de promover soluciones innovadoras a los principales conflictos internacionales, con especial atención a Oriente Medio.
La invitación, dirigida a un grupo muy reducido de líderes internacionales, supone un reconocimiento explícito al papel que desempeña el Rey de Marruecos en la promoción de la estabilidad, el diálogo y la mediación internacional. Desde Rabat se subraya que la participación del Reino responde a una visión coherente y sostenida de política exterior basada en la búsqueda de soluciones pacíficas y duraderas.
Según ha informado el Ministerio de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, el Consejo de Paz aspira a constituirse como una organización internacional con personalidad jurídica propia, orientada a reforzar la gobernanza global, la prevención de conflictos y la resolución pacífica de crisis en regiones especialmente sensibles.
Marruecos en una invitación selectiva
La incorporación de Marruecos a este nuevo foro refuerza la proyección internacional de Mohammed VI como uno de los líderes más influyentes del norte de África y del mundo árabe en materia diplomática. La invitación se ha realizado de forma directa y personal, lo que subraya el carácter exclusivo y estratégico de esta iniciativa promovida por Estados Unidos.
En contraste, y según la información pública disponible hasta el momento, España no ha sido invitada a formar parte del Consejo de Paz en su fase fundacional. Ni el Gobierno español ni el Ministerio de Asuntos Exteriores han anunciado la recepción de una invitación oficial, ni existen comunicados por parte de Washington que incluyan a España entre los países seleccionados.
Esta circunstancia deja a España fuera de una iniciativa concebida como un espacio limitado, reservado a actores considerados clave en los procesos de mediación y estabilidad internacional. Fuentes diplomáticas señalan que el Consejo no se plantea como un foro amplio ni multilateral en su fase inicial, sino como un núcleo reducido de países con capacidad de influencia directa.
Desde Rabat se insiste en que la participación de Marruecos no pretende sustituir los marcos multilaterales existentes, sino complementarlos mediante un enfoque pragmático y operativo, centrado en la obtención de resultados tangibles sobre el terreno.
La adhesión al Consejo de Paz ha servido también para reiterar la postura histórica del Reino respecto al conflicto palestino-israelí. Bajo el liderazgo de Mohammed VI, Marruecos mantiene un compromiso firme con una paz justa, global y duradera en Oriente Medio.
El Reino defiende el establecimiento de un Estado palestino independiente dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital, que conviva en paz y seguridad junto al Estado de Israel. Esta posición ha sido reiterada de forma constante en foros internacionales y constituye uno de los pilares de la política exterior marroquí.
El comunicado oficial recuerda igualmente el papel de Mohammed VI como presidente del Comité Al-Quds, desde donde se han impulsado iniciativas concretas para preservar el estatus histórico y espiritual de Jerusalén, así como para mejorar las condiciones de vida de la población palestina.
La creación del Consejo de Paz se produce en un contexto internacional marcado por tensiones persistentes, conflictos prolongados y un creciente desgaste de los mecanismos tradicionales de mediación, lo que refuerza la apuesta marroquí por el diálogo, la moderación y las soluciones políticas frente a la confrontación.
Desde el Ministerio de Exteriores se subraya que la implicación de Marruecos en esta iniciativa responde a una estrategia coherente de largo recorrido, basada en la credibilidad internacional del Reino y en su capacidad para actuar como interlocutor fiable entre distintas partes.
Con esta decisión, Marruecos consolida como socio estratégico de Estados Unidos y como actor diplomático de referencia, mientras otros países europeos, como España, permanecen al margen de esta iniciativa en su fase fundacional.