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miércoles, 16 de septiembre de 2026 · 18:40 · Canarias
Suministros

Un tercio del agua que bebe Canarias sale del mar, y en dos islas es prácticamente toda

El agua de Canarias se paga en electricidad: el 17,3% del consumo eléctrico del archipiélago

Aguas en Canarias
Agua en Canarias · Agencias

Hay un récord mundial que Canarias ostenta sin haberlo buscado: es el territorio con mayor densidad de desaladoras por kilómetro cuadrado del planeta. Se estima que en el archipiélago funcionan del orden de 300 plantas, con unos 600.000 metros cúbicos diarios instalados, cerca del 1% de toda la capacidad mundial concentrada en ocho islas del Atlántico.

No es una curiosidad estadística. Es la respuesta a una pregunta muy concreta que se hace cualquiera que abre el grifo aquí: de dónde sale esta agua. Y la respuesta, para una parte creciente del archipiélago, es del mar.

Cuánta agua de Canarias sale realmente del océano

Las cifras del reparto hídrico proceden de los planes hidrológicos y conviene manejarlas con esa cautela, porque los datos publicados corresponden al ciclo 2015-2021. Según esa referencia, el consumo anual de Canarias, sumando el urbano, el turístico, el industrial y el agrícola, supera los 500 hectómetros cúbicos.

De ese total, un 58% procede de recursos subterráneos, es decir, de pozos y galerías. Un 32% sale de la desalinización, en torno a 200 hectómetros cúbicos al año. Y el resto se cubre entre reutilización, presas y embalses.

Ese 32% es la media del archipiélago, y como casi todas las medias canarias, oculta más de lo que explica. En Lanzarote y Fuerteventura, por la escasez de lluvia y la ausencia de acuíferos comparables, el agua desalada representa prácticamente el 100% de la que se consume. En las islas occidentales, con galerías, pozos y presas, el peso relativo es mucho menor.

Solo Gran Canaria cuenta ya con más de cien instalaciones. La capacidad total instalada ronda los 219 hectómetros cúbicos anuales, y del agua desalada producida, el 82,65% se destina a consumo urbano y turístico, el 10,30% al sector agrario y el 7,05% al industrial.

Un matiz técnico que casi nadie explica: la mayoría de estas plantas no toma el agua directamente del mar. Se alimentan de los llamados pozos playeros, captaciones costeras que proporcionan un agua con menor contenido en sales y permiten operar de forma más eficiente. Es decir, la frontera entre desalación y acuífero es más difusa de lo que sugiere la palabra.

El precio real: una factura que se paga en electricidad

Aquí está la clave que conecta el agua con todo lo demás. Convertir agua salada en potable exige mucha energía, y en Canarias eso tiene una traducción directa: según datos del Instituto Tecnológico de Canarias, el ciclo industrial del agua representa aproximadamente el 17,3% del consumo eléctrico total de la comunidad.

Casi una quinta parte de la electricidad del archipiélago se dedica a fabricar agua. Y las plantas más grandes están conectadas a la red y deben funcionar 24 horas al día, porque la demanda no se puede desplazar en el tiempo como sí ocurre con otros consumos.

El problema es que esa electricidad no es limpia. Las desaladoras se abastecen del mix eléctrico existente, donde el peso de las renovables ha sido históricamente minoritario. Cada metro cúbico de agua potable arrastra, por tanto, una huella de carbono.

La historia de esta dependencia arranca antes de lo que muchos imaginan. La primera desaladora de Europa, no solo de Canarias, se construyó en Lanzarote en 1964, y empleaba tecnología de evaporación. Le siguieron pronto Gran Canaria y Fuerteventura. Hasta 1997 predominaron los sistemas de compresión de vapor, y desde entonces se ha consolidado la ósmosis inversa, que hoy copa más del 70% del mercado internacional.

Y en ese terreno el archipiélago ha vuelto a marcar un hito. El Instituto Tecnológico de Canarias figura en el Guinness World Records por haber alcanzado el menor consumo energético del mundo en una planta desaladora de agua de mar por ósmosis inversa, con un valor certificado de 1,794 kilovatios hora por metro cúbico producido. El logro se consiguió con el sistema DESALRO 2.0 en las instalaciones de Pozo Izquierdo, en Gran Canaria. Para dimensionarlo: el consumo específico de esta tecnología ya se había reducido a menos de 3 kilovatios hora por metro cúbico gracias a las membranas y a los sistemas de recuperación de energía, y este registro baja de ahí casi a la mitad.

Queda un apunte económico poco conocido. Desde 1983 el Estado subvenciona la desalación de agua de mar en las islas con el objetivo declarado de abaratar el precio final del agua potable y aproximarlo a la media peninsular. Es decir, el sobrecoste de fabricar agua en un archipiélago no lo paga íntegramente el consumidor canario.

Con la presión de la sequía, el aumento de población y la sobreexplotación histórica de los acuíferos, la desalación ha dejado de ser una solución coyuntural para las islas orientales y se ha extendido al conjunto del archipiélago. La pregunta que queda abierta, y que atraviesa toda la política hídrica de Canarias, es cuánta energía renovable puede llegar a alimentar ese sistema.

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