Diferencias

La diferencia está en que los belgas, y antes los franceses, no han salido a la calle preguntando quién ha sido, ni han asaltado las sedes de sus partidos gobernantes, ni han agredido físicamente a los dirigentes y militantes de esos partidos

La diferencia está en que los belgas, y antes los franceses, no han salido a la calle preguntando quién ha sido, ni han asaltado las sedes de sus partidos gobernantes, ni han agredido físicamente a los dirigentes y militantes de esos partidos. La diferencia está en que los belgas y los franceses no distinguen entre víctimas de derechas y víctimas de izquierdas. La diferencia está en que los belgas y los franceses apoyan a sus gobernantes, no los consideran responsables de lo sucedido, a pesar de sus errores, y aceptan que esos gobernantes hacen todo lo que pueden para combatir el terrorismo yihadista.

La diferencia está en que todos los partidos belgas y franceses comparten esas políticas y colaboran con ellas en la medida de sus posibilidades. Y a uno le entran muchas ganas de ser belga y de ser francés cuando se entera que el Pacto en contra de ese terrorismo yihadista propiciado por el Gobierno y el Partido Popular, al que se han unido los socialistas y Ciudadanos, no ha sido suscrito por Izquierda Unida ni por los nacionalistas vascos y catalanes. Y que Podemos solo acude a las reuniones en calidad de “observador”. Y a este deseo de ser belga y de ser francés se añade un profundo asco cuando uno se entera de que Podemos en el Ayuntamiento de Pamplona se ha negado a condenar los atentados de la pasada semana en Bruselas.

La coartada de cierta izquierda para no apoyar la lucha antiterrorista es que esa lucha busca una seguridad que supuestamente afecta a la libertad individual. Como si la libertad no tuviera límites igual que los tienen el resto de los derechos fundamentales. Como si evitar la muerte de un solo ser humano no justificara cualquier límite a la libertad que fuera necesario. Como si ya en nuestra vida cotidiana nuestra libertad individual no sufriera restricciones, desde los controles y la inspección de equipajes en los aeropuertos y las fronteras hasta la información que nuestro banco debe suministrar a Hacienda cuando realizamos determinadas operaciones.
La cuestión capital en Bizancio fue la pugna en el hipódromo de los verdes y los azules. Y, a pocos años de su destrucción por los turcos, dicen que sus teólogos discutían sobre el sexo de los ángeles. Nosotros, como somos sociedades democráticas y laicas, nos enfrentamos a nuestro probable futuro de decadencia y destrucción discutiendo sobre el concepto de terrorismo. El Parlamento Europeo lleva cuatro años haciéndolo.

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