a veces soy humano

Felices a toda costa

Antes, al menos esa es mi percepción, la felicidad era un objetivo, una meta, un destino hacia el que encaminar nuestros pasos. Diría que era un lugar al que llegabas, en muchas ocasiones, tras un esfuerzo, pequeño, mediano o mayúsculo

Antes, al menos esa es mi percepción, la felicidad era un objetivo, una meta, un destino hacia el que encaminar nuestros pasos. Diría que era un lugar al que llegabas, en muchas ocasiones, tras un esfuerzo, pequeño, mediano o mayúsculo. La primera conclusión sería que quizás erróneamente se asimilaba que para ser feliz era obligatorio quemar ciertas etapas o anidar en determinados logros establecidos socialmente. De hecho, la felicidad parecía un certificado que los demás extendían sobre tu tipo de vida, y como si fuera la credencial del peregrino, en la frente llevábamos los sellos que confirmaban nuestro paso por tal o cual trance.

Eso, reconozco que sin determinar cómo ha ocurrido, ha evolucionado hacia la necesidad vital de parecer feliz permanentemente y en todo momento en nuestra vida cotidiana. Considero que estamos inmersos en una confusión de términos: una cosa es adoptar o tener un espíritu positivo ante cada amanecer, algo que puede resultar hasta terapéutico; y otra bien distinta, untar cada minuto, cada acontecimiento, cada conversación con una representación de esa presunta y perenne felicidad. Además, lanzados como estamos a proyectar hacia los demás todos nuestros momentos, cotidianos o no; enfrascados en la retransmisión, casi en directo, de nuestra vida a la esfera pública mediante las nuevas tecnologías; con esos mimbres va a resultar que, además de mostrarnos felices por todo, tenemos que anunciarlo a los cuatro vientos cada media hora.

Como en el cuarto oscuro de aquellos viejos laboratorios de fotografía, las imágenes, las representaciones de la realidad salen a flote por contraste, por el juego de los líquidos que hacían reaccionar a las sustancias fotosensibles y revelar la realidad oculta en los negativos. Algo parecido ocurre con la felicidad y otros conceptos similares, sabemos lo que son debido a que tenemos una idea, clara, vívida o no, de lo que es el reverso de esa moneda. Quien no haya conocido la amargura, aunque sea en microdosis, no creo que pueda saborear y descubrir la dulzura de los buenos momentos con la misma intensidad. Sean felices.

@felixdiazhdez

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