nombre y apellidos

Johan Cruyff

El inolvidable Luis Molowny me regaló el titulo de su documental televisivo – “Los reyes del domingo” – que, además, repetí en su sentida necrología

El inolvidable Luis Molowny me regaló el titulo de su documental televisivo – “Los reyes del domingo” – que, además, repetí en su sentida necrología. Ahora rescato su uso para despedir a un jugador inolvidable – un delantero hábil y estético, tan eficaz como sorprendente – que sustituyó con derecho y garantía, en la década de los setenta, a dos mitos integrados en el imaginario mundial, Alfredo Di Stéfano, el factor determinante de la fama perpetua del Real Madrid, “Mejor club del siglo XX”; y Pelé (Edson Arantes do Nascimento), cuyo talento y fama desplazó el eje de atención de los aficionados hasta América del Sur, su Brasil natal y a su Santos, un once que hizo posible una nueva variedad estética para el deporte y las artes visuales. Entró por derecho en un triángulo de oro que será motivo eterno de disputa – ¿Quién fue el mejor de los tres? – para los aficionados de todas las geografías y todas las edades; Johan Cruyff (1947-2016) representó, con su estilo y su comportamiento, otra época para este movimiento de masas, que no tiene comparación posible con cualquier otra práctica ni límites previsibles a su imparable crecimiento; pero, para su grandeza, también encarnó a su manera las condiciones y virtudes de sus compañeros de podio; no alcanzó, acaso por fondo físico, la cualidad de jugador total todo del argentino, su abnegación y sacrificio, pero si rentabilizó su sentido práctico, su liderazgo y utilidad en el once; no llegó al malabarismo prodigioso del brasileño, a su facilidad incuestionable para el gol, pero le dio al preciosismo el complemento glorioso de la utilidad y, con él, la belleza dejó de ser un valor inmóvil para convertirse en un activo hermoso, en un medio idóneo para ganar partidos y campeonatos. Dentro de esa triada áurea, donde todos y cada uno ganaron su categoría de símbolo, brilló en otra parcela – la de entrenador – por la que también está en la historia; el Ajax de Amsterdam y el Barcelona, en cuyos campos dejó su marca de genio, lo tuvieron en sus banquillos con notable éxito; su presencia en la Ciudad Condal marcó un antes y después de un equipo que, por deslices y vanidades de ciertos directivos – lo peor, sin duda de una actividad que despierta emociones sinceras y, por tales, desaforadas a veces – produjo un lamentable distanciamiento formal (que no afectivo por su parte) con un personaje admirable sin cuya presencia no pueden entenderse los éxitos de los últimos años. Dentro de la curiosa colección de fotografías – más de agencia que de autor – guardo dos instantáneas en la que El Flaco, salva a un defensa con la elegancia de Nureyev para, en la siguiente, fusilar implacable al portero rival. Grande Cruyff

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