tribuna

La Laguna en Semana Santa

Es tanto lo que se ha escrito a lo largo de los siglos sobre la Semana Santa de La Laguna, que apenas quedan adjetivos ya que no se hayan usado para describir una de las muestras religiosas, culturales y patrimoniales más destacadas de cuantas existen

Es tanto lo que se ha escrito a lo largo de los siglos sobre la Semana Santa de La Laguna, que apenas quedan adjetivos ya que no se hayan usado para describir una de las muestras religiosas, culturales y patrimoniales más destacadas de cuantas existen. Y si la ciudad ha merecido tantas páginas es, sin duda, porque todo aquello que se manifiesta en sus calles y plazas, en sus conventos y paseos, merece ser contado.

Los laguneros y laguneras tienen conciencia, desde la fundación de la ciudad, de la importancia de aquello que se les legó y por ello, a través del tiempo, lo han cuidado, enriquecido y mostrado como si se tratara de su propio proyecto de vida.

Así ha sucedido, también, con la Semana Santa, tan nuestra, tan de tierra adentro –puesto que de Castilla vino– tan contenida como lo es el espíritu de La Laguna, como sus gentes, acostumbradas a vivir en un territorio único y singular dentro de la Isla.

Cuando escribo estas letras los ecos de las últimas procesiones flotan sobre las calles laguneras que se han llenado de gente de dentro y fuera de las islas, fieles a su cita con la fe, pero también con el patrimonio votivo que poseemos y que merece ser contemplado, porque la exquisitez de las tallas y ornamentos no deja a nadie indiferente.

La Laguna vive su Semana Santa de puertas para afuera pero quienes la sentimos como propia, también hacemos estos días nuestro particular camino interior, de reflexión profunda, que tiene en el Domingo de Resurrección la metáfora perfecta de la transformación personal a la que aspiramos, siempre intentando mejorar. En mi caso, participo activamente en ella desde hace muchos años, como saben mis hermanos cofrades. Y lo hago porque, más allá del hecho religioso, para mí es un acto tradicional y familiar, que me permite, con el silencio y recogimiento que merece, tener un momento especial que merece la pena vivir.

Tiene, por tanto, la Semana Santa la virtud enorme de unir a la gente trascendiendo su propio carácter religioso. Porque, así como a nuestro Cristo le rezan creyentes y no creyentes, con nuestros pasos se emocionan y maravillan quienes tienen la suerte de conocerlos, vengan de donde vengan, sea cual sea su credo.

Y, en estos tiempos complicados, donde tanto falla esa asignatura pendiente que tenemos los habitantes de este planeta, la convivencia, reconforta comprobar que aquí tendemos manos, estrechamos lazos y juntamos patrimonio y cultura, devoción y respeto, tradición y avance, haciendo de la ciudad un espacio donde convivir es fácil.

Quiero agradecer a los hombres y mujeres de La Laguna, a quienes participan activamente de los actos religiosos y llenan las calles de la ciudad, de los pueblos y barrios del municipio, a la Junta de Hermandades y Cofradías y quienes las integran,su implicación a fondo en estos días para que podamos mostrar al mundo la belleza de este encuentro religioso, cultural y patrimonial. A todos ellos, y a los miles de ciudadanos y visitantes que contribuyen a mantener vivo este legado, les doy las gracias y los emplazo a que sigan viniendo, porque esta ciudad tiene el privilegio de poder reinventarse y engrandecerse cada año.

José Alberto Díaz Domínguez
Alcalde de San Cristóbal de La Laguna

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