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Una historia de amor salva los límites de la dura realidad del Pancho Camurria

Una joven pareja intenta salir adelante después de que él haya decidido abandonar el Pancho Camurria para iniciar una vida en común. De momento han okupado un piso vacío a la espera de ayudas para alquilar una casa
La pareja de María fue uno de los afectados por los últimos derribos en el Pancho Camurria. / A. G.
La pareja de María fue uno de los afectados por los últimos derribos en el Pancho Camurria. / Andrés Gutiérrez

Son jóvenes, él más que ella, tienen en conjunto cinco hijos, dos ella y tres él. Se conocieron como lo hacen miles de parejas, a través de una amiga en común. Surgió el flechazo. Después vino la cruda realidad, él es una persona sin hogar, uno más en la familia que habita en el Pancho Camurria. María (nombre ficticio) cuenta que cuando supo que su chico vivía en la calle no le causó rechazo ni dudas. “La gente habló mucho. Hoy en día siguen hablando, pero me enamoré de él y me dio igual las condiciones en las que vivía”, afirma. Él llegó allí después de tener problemas con la madre de sus hijos. “Se marchó de casa, sin tener nada, y acabó en una caseta del Pancho Camurria”, cuenta María.

Han decidido irse a vivir juntos a un piso vacío, de okupas. María, de 34 años, ha dejado la casa de sus padres y él, de 32, la caseta del Pancho Camurria, donde estaba empadronado, tal y como figura en su ficha de empadronamiento, lo que se traduce en que el Ayuntamiento reconoce este asentamiento como su hogar.

La pareja de María fue uno de los afectados por el último derribo de casetas. Asegura que el Ayuntamiento de Santa Cruz no los avisó. “Nosotros no firmamos nada ni tampoco recibimos ningún tipo de aviso”. “Yo pasé por allí a ver cómo estaba nuestro perro y me encontré con el operativo. Solo pudimos rescatar un carro con pinturas, el resto de cosas las perdimos”.

El futuro de esta pareja es incierto. “Él ahora tiene seis meses de contrato por un convenio con el Ayuntamiento pero hasta hace nada solo teníamos mis ingresos”. El trabajo de María es fijo, a media jornada y cobra 400 euros. Asegura que el Ayuntamiento no les ha ofrecido ayuda. “Prometieron que le iban a dar casa, ayudas y, al final, la única alternativa cuando te tiran la chabola es el albergue”, se lamenta esta joven madre.

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