El riesgo de estar y no estar al mismo tiempo es que se produzca una atrofia intelectual en uno mismo y que, como ocurre casi siempre, termine por proyectarse hacia los demás. Ahí está la famosa disquisición hamletiana de ser o no ser para refrendar que la razón y la locura son caras de una misma moneda vital que suele acarrear demasiadas incertidumbres. Me gustaría pensar que la gran -por insistente- estrategia del avestruz del Gobierno en funciones de España es producto de ese tipo de elucubraciones sobre la condición humana, pero tengo la sospecha de que no se trata de nada de eso, sino más bien de un cálculo egoísta, cicatero y desleal sobre lo que debe ser la responsabilidad de un político. Los argumentos jurídicos para que ante el Congreso de los Diputados no comparezca un ministro están ahí, pero la ética, el rigor y la encomienda de ser un servidor público no se pueden esconder tras una sombra tan endeble como es la interpretación de una norma que, por cierto, jamás se necesitó aplicar. Llama la atención que, por ejemplo, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, declare que no tiene ningún problema en dar explicaciones, pero que “no es decisión mía si se comparece o no”. Es de una torpeza soberana la actitud del PP de no permitir -si es verdad lo que Margallo deja caer- a sus ministros debatir, someterse a las preguntas de la oposición o dar explicaciones sobre sus actividades, por muy limitadas que estén por la interinidad. Es torpeza no porque yo lo crea, sino porque esconder la cabeza bajo tierra como digno avestruz deja al aire las posaderas y así es mucho más sencillo que a uno le pateen las nalgas.
Con el culo al aire
El riesgo de estar y no estar al mismo tiempo es que se produzca una atrofia intelectual en uno mismo y que, como ocurre casi siempre, termine por proyectarse hacia los demá
