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Esmeralda Cervantes

Juan Antonio Padrón Albornoz, brillante y entrañable colega con el que conviví durante un largo perioso, repartió sus afectos entre el mar (para el que siempre utilizó el masculino), la ciudad que lo doma y lo amolda a su gusto, lo vive y lo siente, y la gente que la habita y la define

Juan Antonio Padrón Albornoz, brillante y entrañable colega con el que conviví durante un largo perioso, repartió sus afectos entre el mar (para el que siempre utilizó el masculino), la ciudad que lo doma y lo amolda a su gusto, lo vive y lo siente, y la gente que la habita y la define. Con sus profundos conocimientos y su proverbial bonhomía, me orientó con su fino y abierto criterio sobre el gentilicio – que hizo chicharreros a quienes encontraron aquí cálida acogida y oportunidad de progreso – y me brindó numerosos protagonistas para una página dominical que, después de un lustro se transformó en un amplio libro ilustrado – “La aventura de Canarias” – con las magníficas plumillas del pintor herreño Julio Padrón. Hoy se cumplen noventa años de la muerte de una música eximia y una isleña de adopción, titular de un capítulo de la publicación; y el ayuntamiento de Santa Cruz, que guarda y cuida su blanco panteón, adornado con símbolos musicales, en el patio de entrada de la necrópolis de Santa Lastenia, y la Tertulia de Amigos del 25 de julio, en sus continuos ejercicios de patriotismo, sacaron su memoria del olvido y la honraron con un acto académico celebrado en las Casas Consistoriales, con una conferencia magistral de Rosario Alvarez, Presidenta de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, la actuación de la arpista Victoria Carlisle, una exposición sobre la vida y la carrera de la barcelonesa Clotilde Cerdá i Bosch (1861-1926) y una intervención de clausura a cargo del alcalde José Manuel Bermídez, que resaltó la categoría artística y la recia personalidad de la homenajeada. Triunfó en los más prestigiosos teatros de Europa y América con el nombre de Esmeralda Cervantes y actuó ante personalidades de relieve mundial, reivindicó el papel de la mujer en la sociedad contemporánea y en el mundo laboral y, en paralelo con sus conciertos, ejerció la docencia en su Cataluña natal y en México, donde residió entre 1907 y 1915, cuando decidió establecerse definitivamente en Canarias. Fue autora de una curiosa y espléndida monografía “Historia del arpa”, fundamental para el conocimiento de un instrumento que dominó a la perfección y que le permitió actuar, desde la adolescencia, con las mejores orquestas de la época, entre otras la del maestro alemán Richard Straus y recibir el título honorario de profesora de arpa del Liceu barcelonés, cuando aún no había cumplido los catorce años.

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