después del paréntesis

Hendrik Johannes Cruyff

Hay momentos en la historia de los hombres en los que nos sorprenden individuos que se aplican con una contumacia aplastante

Hay momentos en la historia de los hombres en los que nos sorprenden individuos que se aplican con una contumacia aplastante. Así proceden porque se han agenciado la facultad de ver claro. Ocurrió con el mayor genio que los humanos conocen y se nombra Bach. Supo qué era eso que llamamos música, y por ello actuó, con tanta lucidez que nos hace temblar cuando lo escuchamos. Hendrik Johannes Cruyff fue así. Aparte de su severo carácter, aceptó ser quien era y cuál era el valor de lo que hacía. Un hombre capacitado para mandar. No porque hubiera de exponer ante los otros eso que ocupó páginas del filósofo Hegel: manifestar el poder e imponerse. Sabía cómo dirigir y cómo habrían de moverse los que jugaban a su lado. Eso señaló en su etapa de jugador del Ajax y eso se contempló en los partidos de la selección holandesa de fútbol que él lideraba. Caben muchas anécdotas de ese rigor proverbial. Me referiré a dos. Una: contaba con 16 años y decidió presentarse en los despachos de los dirigentes de su club (el Ajax). Se hizo acompañar por su suegro (al que elevó a la categoría de representante porque él no tenía la más mínima idea de contratos y demás pormenores de su oficio); además se iba a encontrar con gente de 60 años y debía igualarse en edad. ¿Qué deseas? le preguntaron. Soy juvenil, dijo, y juego en el equipo de los grandes. Su sueldo no se correspondía con lo que producía. Así es que… Los directivos, atónitos, no se dejaron convencer. Hasta más ver, contestó. Y se marchó a su casa.

La segunda: el entrenador era Leo Beenhakker. El Ajax jugaba un partido de copa. Perdían por cero a dos. Se vio entornar la puerta de entrada al banquillo del equipo local. Cruyff la traspasó. Llegó al lugar. Con un gesto expeditivo mandó a sentar a Beenhakker en el banquillo. Llamó a los jugadores suplentes. Ordenó tres cambios… ¿Resultado? Ajax 3; el equipo contrario 2. Lo que Cruyff comprendió es que el fútbol es un juego espacial. Lo que hay que dominar es eso, justamente. No es cierto que quien protege el cero es la defensa; defienden todos. Inventó la presión. También que el mejor modo de ganar es poseyendo el balón. Los roles cambian: los mediocentros; para desarticular al otro, para mantener la pelota y para distribuir con suficiencia. Cinco defensas sobran, incluso cuatro; con tres es suficiente. Y otra cosa proverbial: por mucho que corra un jugador el balón corre más. Un genio, un absoluto genio que se recordará como uno de los hombres más capacitados de este mundo.

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